FCAS. Nos vemos en otoño

 

OTRO RETRASO MÁS EN LA TOMA DE DECISIONES

Robles y Pistorius. EFE

Hablar del FCAS siempre es fácil, resulta sencillo en modo extremo, no tanto por los aspectos técnicos y complejidades aeronáuticas que conlleva, que doctores tiene la iglesia para ello, sino porque las noticias siempre son las mismas y se concretan en una sola palabra: RETRASOS. El paradigma que define al Programa, casi desde su nacimiento, es el retraso constante con cada cambio de fase, la vuelta a la mesa de negociaciones, a las interminables rondas de discusión y puesta en duda de los porcentajes. Cabe preguntarse cuál será el traslado real de estos retrasos en el cómputo total del Programa. El FCAS, sus miembros, demuestran una y otra vez su escasa altura de miras, su desmedido ego, sus desatados intereses industriales nacionales, que alzan por encima del interés general de la seguridad de los europeos. En todo caso, al menos ayer, no saltó todo por los aires y diríase -al menos en lo que ha trascendido-, que la voluntad de acuerdo sigue viva, otra cosa será cómo se concrete en esa cita de otoño.

Así las cosas, los ministros de defensa de Alemania, Francia y España acordaron celebrar una reunión con tintes decisivos, en octubre, donde abordar el futuro del proyecto, que todavía sigue siendo el más ambicioso que pueda imaginarse de la historia reciente. Así lo confirmó el ministro de Defensa alemán, Boris Pistorius, en declaraciones, tras reunirse en Berlín con su homóloga española.

Valga recordar que el proyecto está valorado en más de 100.000 millones de euros, y que puede entenderse cierto celo de cada uno de los socios en acumular influencia y porcentajes de trabajo, pero no hasta el punto de parálisis en que entra el FCAS con cada cambio de fase y cada exabrupto de Trappier. Pistorius subrayó ayer la urgencia de retomar el impulso político y técnico del FCAS, declarando que «estamos condenados al éxito; necesitamos este proyecto«, y exhortando a dejar de lado los intereses nacionales en aras del objetivo común. Obvio es que ni siquiera Pistorius cree que puedan orillarse los intereses nacionales, pero tiene que decirlo.

Obstáculos actuales: liderazgo industrial y reparto de tareas

Con respecto a las razones inmediatas que nos han llevado hasta aquí, Pistorius dejó claro que cualquier modificación contractual requerirá nuevas negociaciones entre los socios y advirtió que «este proceso no puede prolongarse indefinidamente», haciendo un llamamiento a acelerar el calendario y evitar nuevos retrasos estructurales.

FCAS y GCAP tienen cada vez más difícil convivir en el tiempo

Posición española: más de lo mismo… delegación en los alemanes y compromiso con la soberanía tecnológica europea

En clave institucional, la ministra Margarita Robles reafirmó el compromiso total de España con el FCAS, calificándolo como «esencial y fundamental» para la autonomía estratégica europea. Además, confirmó que España ha descartado oficialmente la adquisición del F-35 estadounidense, reafirmando su apuesta por capacidades aeronáuticas desarrolladas en Europa, lo que incluye al Eurofighter y el propio FCAS, y poco más, a no ser que se piense en los KAAN y Boramae, algo rumoreado -en lo que hace al modelo turco- pero en absoluto confirmado. Esta postura dice fundamentarse en una política de reorientación del gasto militar español hacia la industria europea, en sintonía con el objetivo de fortalecer la base tecnológica e industrial de defensa del continente. El problema, muchas veces lo hemos tratado y no vamos a extendernos, es que esa postura, a todas luces ideológica, política y en absoluto pragmática, será la responsable de no disponer de aviones de 5ª generación, y de que transcurran los 25 ó 20 años siguientes sin rozar siquiera la tecnología que domina, y dominará, los cielos.

En cuanto a qué esperar de la reunión trilateral de octubre, es una quimera. A buen seguro que se buscará identificar obstáculos, proponer soluciones técnicas e industriales y allanar el camino para que los líderes políticos adopten una decisión final sobre el lanzamiento de la segunda fase antes de que concluya 2025. Esa será, al menos en teoría, la razón de ser del cónclave, pero estamos aún demasiado lejos de la cita, y todavía Trappier deberá hacer un par de apariciones estelares para añadir algo más de fango a la cochiquera en que se está transformando el Programa. El tiempo dirá.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

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