Sin START y sin certezas: Europa frente a su hora nuclear más incómoda

Un tiempo lejano que, de momento, no va a volver
El 5 de febrero marcó el vencimiento del último tratado de control de armas entre Estados Unidos y Rusia: el Nuevo START. Con su desaparición, se extingue también el último vestigio de una arquitectura de estabilidad nuclear heredada de la Guerra Fría. Este hecho, de por sí alarmante, al menos desde una óptica desnuda de todo lo demás, debe interpretarse no sólo como una constatación de la descomposición del orden anterior, del fin de la Guerra Fría, de los Dividendos de la Paz y de toda la suerte de nomenclatura de pequeñas etapas en que los occidentales gustamos de empantanarnos, sino como una llamada de atención para Europa. Ya no basta con confiar en una disuasión extendida estadounidense, cuya credibilidad es hoy objeto de duda incluso entre sus propios aliados.
La desaparición del Nuevo START, que no del TNP, por no llevar a confusión, no implica de inmediato una carrera armamentística nuclear, pero sí abre un espacio de ambigüedad peligroso; con seguridad otro tiempo que será en breve cincelado con nombre trascendente. Como señalan Darya Dolzikova y Sidharth Kaushal en su artículo «Vencimiento del Nuevo START: implicaciones para Europa» (RUSI, 5 de febrero), el equilibrio bilateral entre Washington y Moscú ha dejado de ser el marco principal: la lógica tricefálica que impone el ascenso de China obliga a Estados Unidos a distribuir sus recursos estratégicos, debilitando de facto su capacidad de garantizar la seguridad nuclear europea, y reasignando capacidades en el Indo-Pacífico, donde, también allí, pastorea intereses notables. Así, la disuasión extendida pierde peso en un escenario donde las prioridades estadounidenses miran hacia aquella región del orbe, cuajada de potencias medias, grandes y planetarias.
Disuasión extendida y fragilidad
Rusia mantiene una ventaja cuantitativa y cualitativa en armas nucleares no estratégicas, afirman con razón Dolzikova y Kaushal en RUSI. Este tipo de complemento atómico es, con razón, uno de los que más preocupan en Europa. Francia y Reino Unido carecen de sistemas de ese tipo -sólo disponen de arsenal estratégico-, por lo que Europa ha delegado históricamente su protección en la garantía estadounidense. Pero esa garantía se resquebraja.
En su artículo «Mientras la OTAN se desmorona, ¿debe Europa abrazar la opción nuclear?» (Agenda Pública, marzo de 2025), el analista Adam Casals advertía que, ante esta incertidumbre estratégica, Europa debe reflexionar sobre cómo ofrecer seguridad y estabilidad a sus ciudadanos en un entorno más hostil, lo que abre el debate de la disuasión nuclear —centrado principalmente en el arsenal francés— dentro de una estrategia común europea.
A este diagnóstico se suman posiciones políticas explícitas. En una entrevista concedida a HuffPost España (septiembre de 2025), el vicepresidente del Parlamento Europeo y eurodiputado socialista Javi López sostiene que «para que haya paz, hay que disuadir a quien quiera la guerra«. López reconoce la dificultad política del debate nuclear, pero subraya que «la autonomía estratégica europea debe incluir también la disuasión«. Sus declaraciones reflejan una percepción creciente, aunque tímida, en el entorno político de Bruselas: la necesidad de articular un pensamiento estratégico más acorde con los riesgos actuales. Es un inicio, pero timorato aún, como decíamos: preguntado por la fuerza disuasiva nuclear «europea», habla de la francesa como única disponible. Es cierto, pero la realidad es que no es «europea», es francesa. Otra cosa es que, como también afirma, la cuestión ya sea pública, ya se haya iniciado: «Y por eso uno de los debates actuales es la europeización de la fuerza nuclear francesa, que es un debate que ha lanzado el presidente francés y que, de una forma u otra, ha cogido el guante«.

Un debate incómodo pero necesario
Este incipiente consenso se ha dejado ver también en el entorno académico. En su artículo «El debate nuclear en Europa y el futuro de la disuasión» (Universitat Oberta de Catalunya, enero de este año), se plantea que: «En este contexto de desconcierto global, el PE, como órgano representativo directo de los ciudadanos de la UE, debería visualizar el debate político sobre el rol de la disuasión nuclear en Europa. Implicar al PE en el debate nuclear es fundamental para garantizar la rendición de cuentas a la vez que fomentar el compromiso social ante la creciente incertidumbre geopolítica global.» Resulta de todo llamativo que desde el ámbito académico, universitario en este caso, se llame a la responsabilidad en, al menos, exponer un debate abierto a las sociedades europeas. Que se pida contemplar lo nuclear como realidad a la que no podemos ignorar, y que se haga desde el mundo universitario, docente, es poco menos que milagroso.
Volviendo a RUSI, y ya para finalizar, Dolzikova y Kaushal señalan que «el Nuevo START apenas logró limitar las capacidades rusas que amenazaban de forma más inmediata a Europa, a saber, las armas nucleares no estratégicas«. Como más arriba mencionábamos, las armas nucleares no estratégicas son, y seguirán siendo, una de las primeras preocupaciones que debe abordar Europa dentro del planeamiento general de la disuasión colectiva. Pero a ello habrá que añadir la percepción rusa de que incluso programas convencionales occidentales, como la compra japonesa de misiles Tomahawk, forman parte de una arquitectura de desequilibrio mayor. «Capacidades que podrían parecer marginales de forma aislada pueden adquirir una importancia descomunal», advierten los autores, «ya que Rusia no puede descartar su empleo en conjunto con las fuerzas estadounidenses».
Disuasión europea cooperativa, pero soberana
La pregunta es: ¿cuál debe ser la respuesta europea? La tesis que defendemos desde DYS es clara: Europa y, por extensión, España deben abordar de forma decidida la creación de una capacidad nuclear creíble. No se trata de un arsenal europeo compartido con decisión de uso colectiva (modelo que resultaría inviable políticamente), sino de una cooperación estrecha en el desarrollo, infraestructura y despliegue, que desemboque en capacidades nacionales soberanas de uso último.
La posibilidad de avanzar en proyectos multinacionales de ingeniería, enriquecimiento, misiles-vectores o disuasores navales debería formar parte de una agenda realista de seguridad común. Cada Estado podría mantener la “propiedad” soberana y el control exclusivo de uso, pero beneficiándose de una red de soporte compartida que reduzca los costes y acelere los plazos.
Si el reloj estratégico ya ha comenzado a correr con el fin del Nuevo START, Europa se ve enfrentada a una evidencia: el tiempo de la inocencia nuclear ha terminado. Estados Unidos tiene ahora otras prioridades; Rusia mantiene la iniciativa nuclear en el flanco europeo; China modifica velozmente el equilibrio global. La estabilidad no está garantizada por tratados ni declaraciones, sino por capacidades.
Europa debe actuar. Y España debe participar activamente en este debate. No hay tiempo para debates morales abstractos: el presente exige respuestas concretas. La disuasión nuclear europea ya no es una hipótesis teórica. Es una necesidad política y técnica que debe abordarse con frialdad, determinación y, sobre todo, soberanía. Hagamos que la diplomacia europea y española cuenten, por fin, con el respaldo argumentario que de credibilidad a un continente en riesgo cierto de verse sobrepasado por los 3 grandes actores internacionales (por más que uno de ellos siga siendo amigo).
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

