El futuro programa danés apunta a buques de defensa aérea más automatizados, con menos dotación y capacidad suficiente para operar entre el Báltico, el Mar del Norte, Groenlandia y el Atlántico Norte

Redacción
Dinamarca continúa preparando uno de los concursos navales más sustanciosos del norte de Europa. La Real Armada Danesa necesita definir el futuro de sus fragatas de defensa aérea en un escenario que, como para el resto de socios y vecinos, se vuelve cada vez más exigente debido la presión rusa en el Báltico y el Atlántico Norte, a lo que Copenhague suma la protección de Groenlandia y las Islas Feroe, además de una lacerante escasez de personal y la necesidad de disponer de buques modernos, sostenibles y con entregas razonablemente rápidas.

Las extensas aguas de jurisdicción danesa necesitan de presencia constante, pero también de buques sostenibles para el presupuesto
El programa se encuentra todavía en fase de conversaciones preliminares y no existe, por ahora, un documento público completo de requisitos técnicos (tender). La información disponible a día de hoy apunta a que el proceso, que está gestionado por DALO, la organización danesa de adquisición y apoyo logístico, se insertará dentro del marco político de defensa 2024-2033. Como decimos, aún no se ha publicado una licitación formal con especificaciones abiertas, por lo que cualquier interpretación deberá hacerse con prudencia.
Lo que sí parece claro es el tipo de problema que Dinamarca quiere resolver. Las actuales Iver Huitfeldt son grandes buques de unas 6.600 toneladas, con buena capacidad oceánica y margen de crecimiento, pero Copenhague no parece buscar necesariamente una réplica exacta. La tendencia apunta a fragatas medianas o ligeras, más automatizadas, con menor dotación y menores costes de operación, siempre que mantengan una capacidad razonable de defensa aérea y misiles.
Ese equilibrio será, muy probablemente el centro del debate. Dinamarca necesita buques capaces de operar en zonas duras, especialmente en el Atlántico Norte, donde la autonomía -un requisito generalmente contrario a la pretensión de buques más pequeños que las actuales Huitfeldt-, la resistencia al mal tiempo y el comportamiento marinero importan mucho. Pero también necesita plataformas que pueda tripular, mantener y pagar sin caer en desequilibrios presupuestarios. Aparece entonces una tensión muy concreta, ya que un buque grande ofrece más combustible, víveres, espacio y margen de modernización, mientras que un buque más compacto puede ser, en efecto, más barato, más rápido de entregar y menos exigente en personal.
La escasez de tripulaciones inspirará probablemente en la decisión que se tome. Según la información manejada hasta ahora, la Armada danesa tendría una vacante significativa de personal, lo que puede empujar hacia diseños con dotaciones en el entorno de 100 a 120 personas, alta automatización y menor carga de mantenimiento. Este factor explica por qué propuestas más compactas, como la FDI francesa o la ALFA 4000 de Navantia, pueden ser competitivas pese a las dudas que puedan existir sobre tamaño, autonomía o margen de carga. Hay que recordar que Dinamarca debe proteger territorios muy alejados de su porción continental europea, como las Islas Feroe y, especialmente, Groenlandia.
La FDI de Naval Group aparece en el debate como una opción tecnológicamente atractiva, con buenos argumentos, como tripulación reducida, radar Sea Fire y misiles Aster, pero también con reservas. La principal crítica técnica que cabría sugerir es que podría quedarse corta para las necesidades danesas en autonomía, resistencia y tamaño si se compara con las Iver Huitfeldt. En términos sencillos, puede ser una buena fragata, pero Dinamarca debe decidir si es suficiente para su geografía operativa.
Navantia también está en el proceso. Y la propuesta española se apoya principalmente en la ALFA 4000, una fragata ligera moderna y automatizada, con un desplazamiento en torno a 4.300 toneladas a plena carga, eslora aproximada entre 112 y 120 metros, velocidad superior a 27 nudos, autonomía estimada de 4.500 a 5.000 millas náuticas a 15 nudos y tripulación de unas 102 personas, ampliable según configuración de misión. También se citan como parte de la oferta la cooperación industrial, el apoyo durante el ciclo de vida, la formación con apoyo de la Armada y la transferencia de tecnología. Pero, al igual que su competidora francesa, el tamaño y las prestaciones -siempre relacionadas con las actuales fragatas danesas en servicio-, como decimos, harían plantear la misma pregunta en torno a las capacidades de permanencia y alcance del buque con respecto de las actuales posibilidades de las Huitfeldt.

La reciente disputa con Washington ha obligado a las unidades de la Marina danesa a realizar un esfuerzo de presencia adicional en sus aguas
Entre los competidores también figurarán diseños británicos, como la Arrowhead 140 / Type 31, opciones surcoreanas de HD Hyundai y posibles propuestas alemanas como NVL. La Type 31 se sitúa más cerca del tamaño de las fragatas actuales danesas, mientras que las propuestas más ligeras intentan aprovechar el problema de personal y el interés por la automatización.
La clave del concurso danés será quizás decidir qué importa más, la resistencia oceánica o sostenibilidad operativa. Si Copenhague prioriza Groenlandia, Feroe y el Atlántico Norte, necesitará buques con autonomía, espacio y comportamiento en mar duro. Si prioriza costes, tripulaciones reducidas y rapidez de entrega, las fragatas medianas y automatizadas ganan atractivo.
Ese es el dilema real para una Dinamarca que no necesita simplemente comprar un barco. Necesita elegir un modelo naval para las próximas décadas con arreglo a sus propias limitaciones, pero que no puede olvidar su compleja realidad geográfica. Una ecuación en absoluto sencilla. Porque hablamos, en efecto, de un modelo de marina que responda a la amenaza en el Báltico, que pueda operar al norte, que no desborde su capacidad de personal y que mantenga una defensa aérea creíble. No resultará en absoluto sencillo.
Antes de la adjudicación habrá que hablar aún de la competición. Y ésta ni siquiera ha empezado realmente; al menos, no como concurso oficial y abierto. Estamos en fase exploratoria, preliminar. Pero el programa danés ya deja una enseñanza clara que es extensible a casi cualquier marina de guerra en Europa. Y es que el futuro de las grandes plataformas, en este caso fragatas, no se decide sólo por sensores, misiles o desplazamiento. Se decide también por tripulaciones disponibles, especialmente en un tiempo de falta de vocaciones en la mayoría de países del Continente. Por supuesto, en la decisión danesa sumarán logística, astilleros, industria nacional, plazos y capacidad real de sostener los buques cuando salen del astillero y entran en servicio.

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


Un comentario
Francia le dará una de sus fragatas para acortar plazos de entrega y darán igual los requisitos del pliego.
Ese es el nuevo tablero de juego y no está la Armada ni Navantia en condiciones de renunciar a sus plazos de entrega.
Por lo menos los daneses podrían ser sinceros y poner eso como uno de los requisitos, a diferencia de los suecos.