La carta de intenciones firmada por Boris Pistorius y Pål Jonson abarca defensa antimisiles, alerta temprana, espacio, guerra electrónica, inteligencia artificial y aeronaves colaborativas no tripuladas, en un movimiento que puede anticipar una alianza industrial más profunda en torno al futuro sistema europeo de combate aéreo

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Redacción
Alemania y Suecia han dado un nuevo paso, bastante serio, en este caso, para reforzar su cooperación en materia de capacidades aéreas y espaciales. Los ministros de Defensa de ambos países, Boris Pistorius y Pål Jonson, firmaron el 8 de julio, durante la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara, una carta de intenciones destinada a profundizar una relación bilateral que comprende buena parte de las tecnologías llamadas a definir el combate aéreo de las próximas décadas.

La imagen de la firma del acuerdo germano-sueco
El acuerdo, que pasó algo desapercibido en su día, incluye ámbitos tan amplios como la defensa aérea y antimisiles, la alerta temprana y el control aerotransportado, las capacidades espaciales, la guerra electrónica, los sensores, la propulsión, la simulación, la aviónica, las armas lanzadas desde el aire y la inteligencia artificial. También incorpora de manera expresa el desarrollo de aeronaves de combate colaborativas no tripuladas, conocidas como CCA, y su integración con plataformas tripuladas mediante conceptos de manned-unmanned teaming.
Pål Jonson presentó la firma como un paso muy importante para 2 aliados cercanos, para la seguridad europea y para la capacidad conjunta de atender los requerimientos militares de la OTAN. El ministro sueco subrayó además que la velocidad de desarrollo, la superioridad tecnológica y la interoperabilidad serán factores determinantes en todas las áreas contempladas por la carta.
Mucho más que un acuerdo sobre defensa aérea
La amplitud de las materias incluidas impide interpretar la iniciativa como un simple mecanismo de coordinación operativa. El documento aborda, en realidad, los principales componentes tecnológicos que conforman un sistema de combate aéreo de nueva generación.
La defensa aérea y antimisiles constituye la dimensión más inmediata, pero la combinación de sensores, alerta temprana aerotransportada, espacio, guerra electrónica, inteligencia artificial, armamento aéreo y plataformas colaborativas dibuja una arquitectura mucho más ambiciosa. No se trata únicamente de desarrollar un nuevo avión, sino de conectar múltiples medios tripulados y no tripulados dentro de una red común de vigilancia, decisión y combate.
Este planteamiento, huelga decirlo, coincide con la evolución de los principales programas internacionales de sexta generación, en los que el caza tripulado deja de operar como una plataforma aislada y pasa a formar parte de un sistema distribuido. En él participan aeronaves no tripuladas, sensores remotos, satélites, centros de mando y armas conectadas mediante redes seguras.
Por el momento, ni Berlín ni Estocolmo han anunciado formalmente el lanzamiento de un nuevo programa de caza. La carta de intenciones tampoco equivale a un acuerdo de desarrollo industrial, sin embargo, las áreas seleccionadas constituyen buena parte de los pilares necesarios para iniciar en el futuro un proyecto de estas características (6ª generación).

Los CCA, pieza central del nuevo combate aéreo
La inclusión expresa de los Collaborative Combat Aircraft es uno de los elementos de mayor alcance del acuerdo. Estas aeronaves no tripuladas están concebidas para operar junto a cazas tripulados y asumir funciones de exploración, guerra electrónica, ataque, designación de objetivos, retransmisión de datos o protección de la formación. Las posibilidades son enormes. Su empleo permite distribuir sensores y armamento entre varias plataformas, aumentar el alcance operativo y reducir la exposición de los pilotos. También hace posible enviar sistemas no tripulados a zonas especialmente defendidas, obligando al adversario a dispersar sus recursos y multiplicando los puntos desde los que puede generarse una amenaza.
El término CCA no designa necesariamente un único modelo, sino que muy probablemente pueda comprender aeronaves de distinta autonomía, tamaño, coste y grado de sofisticación. Algunas actuarían como plataformas relativamente económicas y prescindibles; otras podrían incorporar sensores avanzados, guerra electrónica o armamento de precisión y operar durante numerosos ciclos de misión.
La dificultad no residirá únicamente en fabricar los aparatos. El verdadero desafío técnico se encuentra en la capacidad de compartir información en tiempo real, asignar misiones, coordinar varias aeronaves y permitir que un piloto supervise sistemas no tripulados sin aumentar de forma excesiva su carga de trabajo. De ahí que la carta incluya simultáneamente inteligencia artificial, simulación, aviónica, sensores y cooperación tripulada-no tripulada.
Saab como socio natural de la industria alemana
La firma adquiere una dimensión adicional por el papel que puede desempeñar Saab. Suecia conserva una capacidad industrial singular dentro de Europa, al disponer de experiencia propia en el diseño, integración y producción de aeronaves de combate, sistemas de misión, radares, guerra electrónica y plataformas de alerta temprana.
El interés alemán en profundizar la colaboración con la compañía sueca no se limitaría, por tanto, al Gripen. Saab aporta una base tecnológica relevante para desarrollar arquitecturas de combate distribuidas y para integrar sensores, comunicaciones, armas y plataformas no tripuladas.
Las informaciones conocidas sobre el interés alemán en colaborar con Saab en futuros sistemas de combate aéreo deben, en todo caso, interpretarse con prudencia. Por supuesto que no existe por ahora un anuncio formal sobre un caza conjunto, pero el contenido de la carta de intenciones crea un marco propicio para que esa cooperación pueda avanzar desde tecnologías concretas hacia proyectos de mayor alcance.
Alemania dispone de músculo, y puede aportar recursos financieros, escala industrial, experiencia en programas multinacionales y el peso de Airbus Defence and Space. Suecia, por su parte, ofrece autonomía tecnológica, una estructura industrial más compacta y la capacidad de Saab para integrar sistemas complejos con ciclos de desarrollo relativamente contenidos.
Una alianza bilateral que gana profundidad
Desde la perspectiva de DYS, la firma representa un nuevo empujón dirigido a consolidar una relación germano-sueca cada vez más estrecha en materia aeronáutica, espacial e industrial, con un objetivo que, poco a poco, parece ir definiéndose, que no es otro que comenzar a establecer los principios de la colaboración bilateral sobre el desarrollo de las tecnologías de nueva generación que releven el programa FCAS y den carpetazo a su periplo.
La importancia del acuerdo, por tanto, no reside solamente en la cantidad de tecnologías enumeradas, sino en la coherencia existente entre ellas. Guerra electrónica, sensores, propulsión, simulación, aviónica, inteligencia artificial, armamento y plataformas colaborativas constituyen elementos esenciales de cualquier sistema de combate aéreo avanzado.

Los acercamientos se suceden a mayor velocidad, y las firmas de acuerdos obligará a España a tomar posición a no mucho tardar
Esta complementariedad convierte la relación bilateral en una opción potencialmente atractiva para ambos países. Alemania necesita preservar su capacidad de influencia en el diseño del futuro combate aéreo europeo. Suecia, por su parte, requiere socios para repartir el coste creciente de las nuevas tecnologías sin renunciar por completo a su autonomía industrial.
Nada permite afirmar todavía que esta cooperación vaya a desembocar inevitablemente en un caza común de sexta generación. Sí puede sostenerse, en cambio, que Berlín y Estocolmo están creando el marco político, tecnológico e industrial que haría posible emprenderlo.
España ante una nueva geometría industrial
¿La cuestión presenta una relevancia directa para España? Quizás.
En este contexto, el acercamiento entre Alemania y Suecia debe interpretarse necesariamente como una señal de que Berlín mantiene abiertas otras vías de cooperación. España tendrá que observar con atención este proceso. Una consolidación del eje germano-sueco podría alterar el equilibrio industrial europeo, lo que equivaldría a modificar las alianzas construidas alrededor del FCAS y generar nuevos espacios de cooperación en los que la industria española deberá decidir cómo posicionarse.
Como decimos, la firma de Ankara no crea todavía un nuevo caza ni sustituye a ningún programa vigente. Pero establece una dirección de trabajo clara. Alemania y Suecia están acercando sus capacidades precisamente en aquellos ámbitos que definirán la aviación de combate del futuro. Y cuando 2 países comienzan a compartir sensores, inteligencia artificial, propulsión, armas, plataformas no tripuladas y sistemas de misión, la posibilidad de que terminen compartiendo también el avión que los integre deja de ser una hipótesis lejana.
Redacción
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