Adiós, amigo. El Tramontana, S-74, camino del desguace

Tras casi 40 años de servicio, el submarino de la clase Agosta inicia su proceso de desmantelamiento en la dársena de Escombreras

Redacción

Hay despedidas que no son dignas de liturgia, a pesar de lo cual, duelen igual. La del submarino Tramontana (S-74) ha sido una de ellas. Ayer veíamos su casco remolcado, una silueta conocida, abandonando la base de submarinos del Arsenal de Cartagena camino de su final, ya irreversible, y al cabo de una vida de servicio bajo la mar. El sumergible ha sido trasladado hasta la dársena de Escombreras, donde será desguazado por la empresa Hermanos Inglés.

Según lo que ha trascendido, el Tramontana, vendido en subasta pública a esta empresa por un importe que ronda los 138.000 euros, se encuentra ya en su ubicación definitiva. Allí comenzarán previsiblemente en los próximos días los trabajos de desmantelamiento, una vez queden instaladas las medidas de seguridad requeridas para afrontar una operación industrial delicada, lenta y cargada de simbolismo.

 

La inconfundible silueta de un S-70; en este caso, el Tramontana. Foto: Armada

 

El S-74 no fue un buque cualquiera. Casi ninguno lo es, a decir verdad. Fue el cuarto y último submarino de la clase Agosta (S-70) construido en los astilleros de Bazán, hoy Navantia, en Cartagena. Entró en servicio en 1986 y fue dado de baja oficialmente en febrero de 2024, después de casi 4 décadas integrado en la fuerza submarina de la Armada.

Durante ese largo periodo participó en misiones de especial relevancia, entre ellas la crisis del islote Perejil en 2002 y la operación Unified Protector en Libia en 2011. También acumuló numerosas actividades en el marco de la OTAN, donde los submarinos convencionales españoles han mantenido durante años una presencia discreta, exigente y casi siempre alejada de los focos.

Su marcha hacia el desguace tiene algo de final de época. Con el Tramontana desaparece el penúltimo representante de una clase que sostuvo durante décadas una parte esencial de la capacidad submarina nacional. La clase Agosta fue, durante años, escuela, herramienta y símbolo; un conjunto de buques que exigía oficio, paciencia y una relación casi íntima entre la dotación y la máquina.

Ahora queda el trámite más morticero. El proceso de desmantelamiento se prolongará alrededor de 4 meses y permitirá el reciclaje de materiales, incluido el acero del casco resistente, ese mismo casco concebido para soportar presión, silencio y profundidad. Lo que durante años fue una unidad militar viva será reducido a piezas, cortes y toneladas de material recuperable.

La Armada cierra casi definitivamente el ciclo de los submarinos S-70 (el S-71 Galerna aún permanece en servicio), mientras continúa la incorporación de los nuevos submarinos de la clase S-80+. Es el relevo natural de toda fuerza naval, pero no por ello menos amargo. La tecnología avanza, las necesidades cambian y los buques envejecen. Aun así, algunos nombres quedan asociados a una generación de marinos y a una forma de entender el servicio.

El Tramontana se va sin ceremonia pública de gran aparato, pero con el peso de lo cumplido, que no es poco. Se marcha de Cartagena, ciudad que lo vio nacer, servir y ahora desaparecer. Adiós a un amigo: al submarino que durante casi 40 años llevó su nombre con discreción, como corresponde; bajo la superficie, como fue su naturaleza, y donde la historia rara vez se escribe con titulares, pero sí con guardias, patrullas y lealtad.

 

Redacción

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