Bélgica amenaza con abandonar las fragatas antisubmarinas de Damen

Los retrasos y la escalada de costes ponen al programa al borde del fracaso

Theo Francken buscará alternativas en España, Francia, Alemania, Italia y Turquía ante un programa cuyo precio habría pasado de 600 a 1.300 millones de euros por buque y que no entregaría la primera unidad belga antes de 2033

Jorge Estévez-Bujez

El programa conjunto de fragatas antisubmarinas de Bélgica y Países Bajos atraviesa su momento más delicado desde que ambos países acordaron substituir sus veteranas unidades de la clase Karel Doorman. El ministro de Defensa belga, Theo Francken, ha advertido públicamente que los retrasos y el encarecimiento del proyecto han alcanzado un nivel que obliga a Bruselas a estudiar alternativas fuera de la cooperación naval con Países Bajos y del diseño desarrollado por Damen Naval, lo que añade una presión extra a los problemas del astillero neerlandés.

 

Representación de lo que, todavía, se espera que sea el resultado del programa conjunto de fragatas para Bélgica y Países Bajos

 

En declaraciones concedidas a la cadena flamenca VTM Nieuws, Francken confirmó que Bélgica solicitará información a otros constructores navales europeos antes de adoptar una decisión definitiva, prevista para octubre de este año. Entre los países que serán consultados figuran España, Francia, Alemania, Italia y Turquía.

La advertencia del ministro es especialmente relevante porque afecta a uno de los pilares de la cooperación militar entre Bélgica y Países Bajos. Ambos países mantienen desde hace décadas una estrecha tradición de integración naval, articulada actualmente en torno al mando binacional Benelux Admiralty, y han coordinado juntos tanto la renovación de sus fragatas como la adquisición de nuevos buques de guerra de minas.

Sin embargo, el proyecto de las futuras Anti-Submarine Warfare Frigates —ASWF— ha acumulado una combinación de retrasos, aumento de costes y riesgos industriales que Bruselas considera ya difícilmente asumible, cuando no imposible de superar, a la vista de la marcha del programa.

«Actualmente todavía tenemos fragatas, pero se encuentran completamente al final de su vida útil», declaró Francken a VTM.

«Necesitamos realmente nuevas fragatas con urgencia», añadió el ministro, poniendo el acento en el riesgo de que la Marina belga pierda temporalmente su capacidad de operar buques de escolta oceánicos.

Según las cifras expuestas por el responsable de Defensa, el coste estimado de cada fragata habría pasado de aproximadamente 600 millones de euros a cerca de 1.300 millones, mientras que la primera unidad destinada a Bélgica no estaría disponible para su operación antes de 2033. El calendario inicial contemplaba la entrega del primer buque belga en torno a 2030, seguida de la segunda unidad aproximadamente 2 años después.

La magnitud del incremento sitúa el precio estimado actual en más del doble de la referencia manejada durante las primeras fases del programa. No obstante lo cual, la comparación debe interpretarse con prudencia, porque los importes iniciales y actuales pueden no incluir exactamente los mismos conceptos —armamento, sensores, munición, apoyo logístico, infraestructura o actualización por inflación—. En todo caso, lo sustancial es que el Gobierno belga considera que tanto el precio como el calendario se han alejado de manera grave de las condiciones sobre las que se tomó la decisión inicial.

«En esas condiciones tenemos un gran problema»

Francken no ha cerrado todavía la puerta a continuar con Países Bajos y Damen. Su posición pública consiste, por el momento, en mantener las conversaciones con La Haya mientras se recopila información sobre posibles soluciones alternativas y añade presión sobre el programa; algo que, según cabe esperar, no tendrá su reflejo en resultados favorables a la postura belga. En todo caso, el ministro no quiere abandonar toda esperanza:

«Si es posible, continuaremos con los neerlandeses», afirmó. A pesar de lo cual, el ministro introdujo inmediatamente una condición fundamental: «Si tiene que hacerse en las condiciones actuales, tenemos un gran problema».

La intención de Bruselas es iniciar contactos con astilleros y gobiernos de otros países capaces de ofrecer fragatas en plazos potencialmente más cortos o bajo unas condiciones económicas diferentes. Francken citó expresamente a España, Francia, Alemania, Italia y Turquía, ampliando así el abanico a prácticamente todas las principales industrias europeas con diseños de fragatas en producción o en fases avanzadas de desarrollo.

No existe, sin embargo, información pública que permita determinar qué diseños concretos solicitará Bélgica ni si la consulta tendrá carácter vinculante. El procedimiento anunciado por Francken debe entenderse inicialmente como una solicitud de información —RFI—, destinada a conocer precios, calendarios, características operativas y posibilidades de cooperación industrial.

La decisión política se adoptará previsiblemente en octubre de este año.

Sólo 2 fragatas, y al final de su vida operativa

 

La Leopold I en ejercicios de fuego real

 

La urgencia expresada por el ministro responde a la situación de las 2 fragatas actualmente operadas por el Componente Naval belga: la Leopold I y la Louise-Marie.

Ambas pertenecen a la clase Karel Doorman o clase M y fueron construidas originalmente para la Marina de Países Bajos. Bélgica adquirió las unidades ex-Karel Doorman y ex-Willem van der Zaan durante la década de 2000, rebautizándolas respectivamente como Leopold I y Louise-Marie.

Los buques entraron originalmente en servicio neerlandés durante la década de 1990. Aunque han sido sometidos a programas de modernización y mantenimiento, su antigüedad limita progresivamente la disponibilidad, incrementa los costes de sostenimiento y reduce el margen para prolongar nuevamente su vida operativa.

Un retraso de varios años en las futuras ASWF podría crear, por tanto, una brecha de capacidad. Bélgica tendría que prolongar todavía más sus fragatas actuales, con los riesgos inherentes a esa decisión, reducir temporalmente su contribución a las agrupaciones navales aliadas o recurrir a alguna solución provisional que garantice cierta interinidad operativa.

El problema no afecta únicamente a la disponibilidad material de los buques. Las fragatas belgas forman parte de los compromisos aportados por el país a la OTAN y desempeñan misiones de escolta, vigilancia marítima, defensa aérea de corto alcance y lucha antisubmarina. La pérdida temporal de esta capacidad reduciría sensiblemente la contribución naval belga no sólo a su seguridad, sino a la de la Alianza.

Un programa dirigido por Países Bajos

El proyecto ASWF está liderado por el Ministerio de Defensa neerlandés. Damen Naval actúa como contratista principal de la plataforma y Thales Nederland es responsable de buena parte del sistema de combate y de los sensores de guerra sobre la superficie.

El acuerdo original contemplaba la construcción de 4 fragatas, 2 para Países Bajos y 2 para Bélgica. Posteriormente, La Haya anunció su intención de ampliar su flota con unidades adicionales, mientras que el Gobierno belga llegó a plantear la adquisición de una tercera fragata dentro de su planificación de defensa a largo plazo.

Las ASWF han sido concebidas específicamente para operaciones de lucha antisubmarina en el Atlántico Norte, el mar del Norte y las aguas europeas. Su configuración prevista incorpora sonares de casco y de profundidad variable, sistemas remolcados de baja frecuencia, torpedos, helicópteros NH90 y capacidad para operar sistemas no tripulados.

La protección de superficie se basa en sensores de Thales, incluidos los radares APAR Block 2 y SM400, mientras que el armamento previsto incluye misiles antibuque Naval Strike Missile, misiles ESSM Block 2 alojados en lanzadores verticales Mk 41, el sistema RAM y piezas de 76 y 40 milímetros.

 

Infografía del programa conjunto, en este caso, en la «terminación» neerlandesa

 

Esta elevada complejidad tecnológica y variedad de proveedores puede ayuda a explicar parte del incremento de costes, pero no elimina las dudas sobre la gestión del calendario, la madurez del diseño y la capacidad industrial para entregar los buques dentro de los plazos requeridos.

Países Bajos reconoce un retraso «frustrante»

Las dificultades del proyecto no han sido planteadas únicamente por Bélgica. El Gobierno neerlandés también ha reconocido públicamente la existencia de un retraso considerable.

En junio, el secretario de Estado de Defensa de Países Bajos calificó la evolución del calendario de «frustrante» y describió la situación alcanzada como una «conclusión provisional lamentable». La preocupación neerlandesa se centra igualmente en la necesidad de evitar una discontinuidad entre las actuales fragatas M y sus sustitutas.

La construcción de los cascos estaba prevista en las instalaciones de Damen en Galați, Rumanía, mientras que la integración de los sistemas y la terminación se realizarían en Países Bajos. El programa reúne a numerosos proveedores internacionales, por lo que cualquier modificación del diseño puede extenderse a múltiples contratos, equipos e interfaces.

La revisión del calendario afecta además al orden de entrega. Países Bajos, como nación directora, recibiría inicialmente sus primeras unidades, mientras Bélgica tendría que esperar a una fase posterior de la serie. Esta secuencia aumenta la exposición belga ante cualquier retraso acumulado durante la construcción de los primeros buques.

El precedente de la F126 alemana

La crisis de las ASWF se produce pocas semanas después de que Alemania cancelara oficialmente el programa de fragatas F126, también encabezado inicialmente por Damen Schelde Naval Shipbuilding.

El Ministerio de Defensa alemán anunció el 24 de junio de este año que no continuaría con la construcción de las 6 fragatas previstas. Berlín atribuyó expresamente la decisión a los «considerables retrasos del proyecto», a los «previsibles incrementos de costes» y a los riesgos asociados a un posible cambio de contratista principal.

La declaración oficial alemana fue especialmente contundente respecto a la responsabilidad industrial: Damen no había logrado cumplir los marcos temporales y financieros acordados contractualmente.

El contrato inicial preveía que la primera F126 alcanzara una capacidad operativa inicial a mediados de 2028 y que las 6 unidades estuvieran disponibles en 2033. Sin embargo, los problemas de diseño, integración digital y coordinación industrial desplazaron progresivamente esas previsiones hasta hacerlas inaceptables por Berlín.

La F126 era un buque sensiblemente mayor y más complejo que lo que habrá de ser la futura fragata antisubmarina belgo-neerlandesa. Por ello, los 2 programas no pueden compararse directamente. No obstante, el fracaso alemán constituye un precedente difícil de ignorar, porque vuelve a colocar en el centro del debate cuestiones relacionadas con la gestión del diseño, la integración de sistemas, el control de costes y el cumplimiento de plazos por parte del mismo contratista naval, Damen.

Alemania, tras haber puesto fin al contrato con Damen, pretende relevar a la F126 mediante la adquisición de hasta 8 fragatas MEKO, orientadas prioritariamente a la lucha antisubmarina. La operación está todavía sujeta a las correspondientes autorizaciones presupuestarias, pero es fiel reflejo de la decisión de Berlín de abandonar un programa de desarrollo de alto riesgo en favor de una solución más cercana a un diseño ya disponible.

Software, coordinación industrial y cambios de diseño

Los problemas de la F126 se vincularon, entre otros factores, a la implantación de nuevas herramientas digitales de diseño, a dificultades de coordinación entre Damen y los astilleros alemanes participantes y a la complejidad de integrar los requisitos de la Marina alemana.

El programa implicaba además una estructura industrial especialmente fragmentada. Damen actuaba como contratista principal, pero la construcción debía realizarse fundamentalmente en Alemania, con participación de Blohm+Voss y otros socios nacionales. Las responsabilidades sobre diseño, producción, integración y certificación estaban, por tanto, distribuidas entre diferentes empresas y autoridades.

 

La F-126 alemana no engrosará la lista de buques de la marina germana

 

El resultado fue una acumulación de retrasos inasumibles que terminó haciendo inviable el calendario inicial. La posibilidad de transferir la dirección del programa a otro grupo industrial fue estudiada por Berlín, pero el Ministerio de Defensa concluyó que ese cambio generaría nuevos riesgos técnicos, contractuales y financieros que podrían deteriorar aún más el proyecto.

La situación de la F126 no permite atribuir automáticamente a Damen todos los problemas de las ASWF. Los requisitos, las autoridades contratantes y las cadenas industriales son diferentes. Pero sí plantea dudas razonables sobre la capacidad del grupo para gestionar simultáneamente programas navales de gran complejidad y mantener bajo control sus interfaces digitales e industriales.

Presión financiera y apoyo estatal

Damen también ha atravesado durante los últimos años un periodo de presión financiera relacionado en parte con los retrasos y el bloqueo de pagos en el programa alemán.

En 2025, el Parlamento neerlandés autorizó la disponibilidad de aproximadamente 270 millones de euros de apoyo financiero público para el grupo. La compañía declaró posteriormente que no necesitaba recurrir a esa asistencia en las condiciones planteadas, pero el episodio mostró la preocupación del Gobierno de Países Bajos por la continuidad de una empresa considerada estratégica para su industria naval y de defensa.

En junio pasado, medios neerlandeses informaron además de que el Estado estudiaba adquirir una participación en la división de defensa de Damen o establecer algún mecanismo especial de protección sobre la compañía.

Estas teóricas dificultades contrastan con los resultados económico-financieros del grupo y resulta interesante exponerlos, pues Damen comunicó que cerró 2025 con unos ingresos de 3.250 millones de euros, un beneficio neto de 61,1 millones y una cartera de pedidos superior a 10.000 millones. No se trata, por tanto, de una empresa sin carga de trabajo o sin actividad rentable, sino de un grupo con una elevada exposición a contratos complejos, necesidades de circulante y riesgos derivados de grandes programas plurianuales.

Procedimientos judiciales pendientes

A la presión industrial y financiera se suma un procedimiento judicial abierto en Países Bajos. La Fiscalía neerlandesa anunció actuaciones contra Damen y varios antiguos responsables por presuntos delitos relacionados con soborno, falsificación documental y blanqueo de capitales en contratos internacionales, así como por una supuesta vulneración de las sanciones impuestas a Rusia. Las acusaciones no estarían relacionadas directamente con las fragatas ASWF ni con la F126. Y tampoco existe hasta el momento una sentencia condenatoria firme, por lo que deben considerarse alegaciones pendientes de resolución judicial, a pesar de lo cual, ayudan a generar un clima de incertidumbre en torno a la compañía.

Damen, como era de esperar, ha rechazado las acusaciones y defendido la legalidad de sus actuaciones, así como las mejoras introducidas en sus mecanismos internos de cumplimiento normativo.

Aunque separado de los problemas técnicos de los programas navales, el procedimiento añade presión reputacional y corporativa en un momento especialmente sensible para el grupo.

Un golpe para la cooperación naval del Benelux

Una eventual salida belga de las ASWF tendría consecuencias que irían mucho más allá de la pérdida de 2 unidades para Damen, algo que, en todo caso, sería la principal y más visible consecuencia para la Marina belga.

La cooperación naval entre Bélgica y Países Bajos se basa en la integración de estructuras de mando, formación, mantenimiento y empleo operativo. Ambos países han desarrollado una división del trabajo en la que Países Bajos dirige tradicionalmente el área de fragatas y Bélgica desempeña un papel destacado en la guerra de minas.

Romper el programa de fragatas obligaría a revisar parte de ese modelo. Bélgica podría adquirir un buque diferente, con sensores, armamento, motores y cadenas logísticas distintas. Ello reduciría las economías de escala y complicaría la formación conjunta de tripulaciones y personal técnico. A su ver, todo ello podría aumentar el coste para Países Bajos, que tendría que distribuir los gastos no recurrentes de desarrollo e integración entre un número menor de unidades, salvo que incorporase nuevos compradores.

Por otra parte, la búsqueda belga de alternativas evidencia una tendencia cada vez más visible en Europa, donde los gobiernos están concediendo, ahora sí, mayor importancia a los plazos reales de entrega y a la disponibilidad de diseños maduros, incluso cuando ello implique abandonar programas de cooperación establecidos durante años y considerados inalterables.

Las alternativas consultadas

Como al principio se apuntó, son varias las opciones que Bruselas tendrá sobre la mesa, llegado el caso.

Por un lado, tenemos la inclusión de España entre los países a los que Bélgica solicitará información, lo que abre una nueva posibilidad para la industria naval española, aunque todavía no existe ningún procedimiento competitivo formal ni se ha identificado públicamente una propuesta concreta.

 

Las Bonifaz, con eminente rol antisubmarino, ya están en el agua

 

Navantia dispone de experiencia reciente en fragatas mediante los programas sobredamente conocidos, entre ellos la fragata antisubmarina F-110, además de diferentes diseños de exportación. Sin embargo, cualquier solución para Bélgica tendría que adaptarse a unos requisitos específicos de lucha antisubmarina, interoperabilidad con Países Bajos, disponibilidad industrial y entrega acelerada.

La construcción de las F-110 para la Armada ocupa actualmente una parte importante de la capacidad del astillero de Ferrol, a pesar de lo cual, las nuevas instalaciones de la Fábrica Digital de Bloques, en el astillero gallego, tienen capacidad suficiente para absorber nuevos proyectos.

Francia, por su parte, podría plantear soluciones derivadas de la FDI; Italia dispone de las conocidas familias FREMM y PPA, además de los nuevos desarrollos para su Marina; Alemania podría recurrir a diseños de TKMS; y Turquía cuenta con una base industrial naval en rápida expansión y con costes potencialmente competitivos.

Por ahora, no existe base suficiente para determinar qué opción podría satisfacer mejor las necesidades belgas ni si alguna permitiría realmente una entrega anterior a la prevista por Damen, probablemente sí.

Una decisión con escaso margen

Bélgica afronta una decisión especialmente difícil. Continuar con el programa actual preservaría la interoperabilidad con Países Bajos y evitaría reiniciar desde cero una adquisición de gran complejidad. Pero supondría aceptar un calendario que amenaza con dejar al país sin fragatas modernas durante varios años y un coste considerablemente superior al previsto.

Buscar una plataforma alternativa podría permitir negociar mejores condiciones o reducir determinados riesgos. Sin embargo, iniciar un nuevo proceso de selección, adaptar otro diseño, negociar contratos e integrar los sistemas elegidos también requiere tiempo y puede generar nuevos costes.

La posibilidad de adquirir una fragata ya en producción o de incorporarse a una serie abierta sería, en principio, la vía más rápida. Aun así, los calendarios de los principales astilleros europeos están condicionados por la creciente demanda nacional e internacional.

Las palabras de Theo Francken constituyen, por tanto, algo más que una advertencia negociadora. Bélgica ha comenzado a preparar una posible salida de uno de sus principales programas navales y ha fijado octubre como horizonte para decidir si mantiene su confianza en la cooperación con Países Bajos y Damen o busca sus futuras fragatas antisubmarinas en otro lugar.

El desenlace tendrá implicaciones para la Marina belga, para el modelo naval integrado del Benelux y para un astillero neerlandés que, apenas unas semanas después de perder la F126 alemana, afronta ahora el riesgo de sufrir un segundo revés en uno de los programas de fragatas más relevantes de Europa.

Jorge Estévez-Bujez

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