Merz anuncia en el Bundestag un acuerdo alcanzado al margen de la cumbre de la OTAN en Ankara para adquirir misiles de crucero estadounidenses, cubrir una brecha de largo alcance y mantener abierta la vía europea para futuros sistemas propios

Redacción
Alemania comprará misiles de crucero Tomahawk a Estados Unidos y los estacionará en su propio territorio. El anuncio lo realizó este mismo jueves el canciller Friedrich Merz durante una declaración de gobierno en el Bundestag, después de la cumbre de la OTAN celebrada en Ankara. La decisión supone un cambio radical en la postura alemana disuasoria, porque ya no se trataría de una mera presencia estadounidense en Alemania, como hasta ahora, sino de una adquisición alemana de armamento de largo alcance fabricado en Estados Unidos.

Portada de nuestro artículo de ayer. Disponen del enlace al mismo, más abajo, en el texto de este artículo
Merz lo formuló con claridad, ante los diputados, en estos términos: «Hemos acordado con el Gobierno estadounidense, al margen de la cumbre de la OTAN en Ankara, que compraremos misiles de crucero estadounidenses Tomahawk y los estacionaremos en Alemania». Según la información recogida por medios alemanes, Washington ha dado su aprobación política al acuerdo.
El canciller añadió una segunda idea, al objeto de explicar el sentido militar de la decisión, por más que ya estaría suficientemente claro: «Con ello cerramos una importante brecha en nuestra defensa». Merz vinculó además la compra de los Tomahawk con el desarrollo futuro de capacidades europeas propias, al señalar que Alemania seguirá trabajando para disponer de sistemas europeos y estacionarlos en Europa.
La operación tiene, al menos, 2 planos interpretativos. El primero es inmediato. Alemania busca una capacidad de ataque de precisión de largo alcance de la que hoy carece (al igual que muchos otros aliados OTAN en Europa). El segundo es político-industrial, porque Berlín acepta comprar un sistema estadounidense para cubrir la urgencia, pero intenta mantener vivo el argumento de que Europa debe desarrollar sus propias armas de alcance medio y largo. Ayer mismo tratábamos en DYS el asunto de las necesidades alemanas de armamento norteamericano, y de la -todavía- negativa norteamericana a fabricar, total o parcialmente, el Patriot en suelo alemán. También mencionábamos el deseo de Berlín de adquirir el Tomahawk, precisamente escasas horas antes de que esta noticia haya saltado a los titulares.
Los Tomahawk son misiles de crucero de alcance medio-largo. Los medios alemanes citan una capacidad de entre 1600 y 2500 kilómetros, suficiente para alcanzar objetivos muy alejados desde territorio alemán. Esa distancia los sitúa en un segmento que la Bundeswehr no cubre, lógicamente, no cubre en la actualidad con medios propios terrestres equivalentes.

Disparo de un Tomahwk desde un Arleigh Burke de la US Navy
En 2024, durante la etapa de Olaf Scholz y Joe Biden, Estados Unidos había anunciado la futura estación temporal en Alemania de sistemas de medio alcance, incluidos Tomahawk, misiles SM-6 y armas hipersónicas en desarrollo. Con el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca, esa fórmula quedó frenada. La noticia de hoy es diferente a anterior, porque Alemania comprará los misiles y asumirá la responsabilidad de su estacionamiento.
Se informa desde suelo alemán, que según círculos gubernamentales, el ministro de Defensa, Boris Pistorius, habría acordado este martes en Ankara una declaración de intenciones con su homólogo estadounidense, Pete Hegseth. También se señala que Estados Unidos prevé conceder en agosto la autorización de exportación para los misiles y sus lanzadores. El número de Tomahawk y de lanzadores terrestres Typhon no se comunicará por el momento, al estar clasificado.
Si se confirma la adquisición del sistema completo, Alemania no sólo recibiría misiles, sino una capacidad terrestre de lanzamiento de largo alcance. En términos militares, el salto sería notable para la Bundeswehr, que hasta ahora dependía de otras plataformas y de capacidades aliadas para cubrir ese tipo de misiones, cuando era posible cubrirlas, y nunca por medios propios.
La decisión alemana también recupera un debate anterior. En julio de 2024, cuando se anunció la posibilidad de desplegar armas estadounidenses de medio alcance en Alemania, Boris Pistorius rechazó que se tratara de una nueva carrera armamentística. Su frase, recogida entonces por Tagesschau, fue tajante: «No se puede hablar de carrera armamentística». El ministro defendía que Alemania estaba respondiendo a una carencia real y a una amenaza ya existente.
Pistorius lo explicó entonces en términos de capacidad, afirmando que «Estamos recuperando lo que describimos como una brecha de capacidades». El argumento se mantiene ahora, aunque con una diferencia sustancial: la brecha ya no se cubriría mediante presencia temporal estadounidense, sino mediante una adquisición alemana.
Alemania no está anunciando una capacidad europea propia, sino la compra de un sistema estadounidense para cubrir una necesidad que considera, con razón, urgente. Merz intenta presentar ambas cosas como compatibles: comprar ahora a Estados Unidos y desarrollar después soluciones europeas. La primera parte ya tiene una vía abierta. La segunda sigue dependiendo de tiempo, financiación, industria, cooperación y voluntad política sostenida.
Desde el punto de vista de la OTAN, el anuncio vendrá a buen seguro a reforzar la arquitectura de disuasión convencional en Europa. Desde el punto de vista alemán, muestra una aceptación más clara de que la defensa del país no puede descansar sólo en programas futuros, sino, como decíamos ayer, en un pragmatismo necesario. Berlín quiere sistemas europeos, pero no puede esperar a que estén listos para cerrar una brecha que considera presente. Algo que también señalábamos ayer, porque Berlín adopta una posición más amplia de la política alemana de defensa. Comprar capacidades estadounidenses cuando el calendario europeo no llega a tiempo, sin abandonar el discurso de autonomía industrial europea. Se ha visto con otros sistemas y vuelve a aparecer ahora con los Tomahawk. La diferencia es que aquí hablamos de armas de largo alcance estacionadas en suelo alemán, con una carga política mucho mayor que la de una simple compra de material.

La decisión muy previsiblemente generará debate interno, no por su lógica militar, que el Gobierno alemán justifica como respuesta a una carencia de disuasión, sino por sus implicaciones políticas: alcance sobre territorio ruso, relación con Washington, papel de Alemania en la defensa europea y equilibrio entre dependencia estadounidense y desarrollo propio.
La fórmula elegida dice mucho del momento. La Alemania de Merz no quiere esperar a que Estados Unidos despliegue por ella, sino que compra directamente. Trata de fabricar en suelo alemán, pero, si no es posible, no renuncia a la compra. Tampoco renuncia al argumento europeo, al tiempo que admite que Europa aún no tiene lista una alternativa equivalente.
Es una solución práctica, pero también una señal de dependencia. Cierra una carencia militar inmediata, dejando para más adelante la pregunta que todos nos hacemos en el continente: ¿cuándo podrá Europa producir por sí misma lo que hoy Berlín tiene que comprar en Estados Unidos?
Redacción
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