Yakarta cierra la vía industrial del Boramae y pasa de socio del programa a futuro cliente de KAI en el programa coreano

Redacción
Tras varios años de indecisión y virajes políticos, Indonesia ha decidido abandonar la coproducción del KF-21 Boramae y optar por la compra directa de aviones completos a Corea del Sur. La decisión, comunicada por el Ministerio de Defensa indonesio, supone un cambio de calado en un programa en el que Yakarta participaba desde hace más de una década como socio minoritario.

El jefe de la Agencia de Logística de Defensa del Ministerio de Defensa indonesio, el mariscal del aire Yusuf Jauhari, resumió la nueva posición de forma directa: “Indonesia no realizará la producción conjunta del KF-21, sino que lo comprará directamente de Corea”. La fórmula elimina, en la práctica, la línea de ensamblaje final prevista en Indonesia y reduce el papel industrial que debía desempeñar PT Dirgantara Indonesia dentro del programa.
La decisión tampoco equivale, sin embargo, a un contrato de compra ya cerrado. El propio Ministerio de Defensa indonesio había señalado previamente que la adquisición del KF-21 seguía en fase de exploración y negociación avanzada, y que cualquier decisión final dependería del presupuesto estatal y de las necesidades operativas de la Fuerza Aérea indonesia. Medios surcoreanos ya habían informado en marzo de que Yakarta estudiaba una posible compra inicial de 16 aparatos, aunque sin decisión definitiva en aquel momento, pese al tiempo transcurrido.
De socio industrial a comprador directo
Indonesia entró en el programa KF-X/IF-X, hoy KF-21, con la intención de asumir aproximadamente el 20 % de los costes de desarrollo a cambio de transferencia tecnológica, participación industrial y una futura capacidad nacional asociada al caza. El acuerdo respondía a una lógica sin duda ambiciosa de no sólo comprar un avión, sino utilizar el programa para reforzar la base aeronáutica indonesia.
El problema es que esa ambición chocó durante años con retrasos en los pagos, renegociaciones, dudas sobre el alcance real de la transferencia tecnológica y diferencias sobre el reparto industrial. Finalmente, la contribución indonesia fue reducida a unos 600.000 millones de wones, alrededor de 440 millones de dólares, cantidad que Yakarta habría completado en junio pasado. Aviation Week informó de que Indonesia había liquidado su obligación financiera revisada dentro del programa, cerrando una etapa de incertidumbre sobre su participación.
Como parte del ajuste, se había previsto que Indonesia recibiera un prototipo del KF-21 dentro de un esquema de compensación de valor. A pesar de lo cual, Indonesia ya no seguirá el camino de la producción conjunta.
Llave en mano con coste industrial
La nueva fórmula simplifica la adquisición desde el punto de vista operativo. Indonesia pasaría a comprar cazas ya terminados, fabricados por Korea Aerospace Industries en Corea del Sur, en lugar de asumir una producción local que exigía inversión, transferencia de tecnología, personal cualificado, integración industrial y compromisos presupuestarios sostenidos.
El cambio puede tener sentido para Yakarta si su prioridad inmediata es incorporar una plataforma de combate moderna sin prolongar un esquema industrial difícil de sostener. Pero también supone reconocer que el objetivo inicial de desarrollar capacidades nacionales a través del KF-21 se ha reducido de forma significativa, hasta el punto de abandonar toda esperanza de que esas capacidades, al menos en el corto plazo, logren consolidarse en un tejido aeronáutico de base real.
Así las cosas, Indonesia conservará una posible vía de acceso al Boramae, pero perderá buena parte del valor industrial que justificaba su entrada original en el programa. En términos simples, pasa de ser socio de desarrollo a posible cliente.
El KF-21 sigue adelante en Corea del Sur
Para Corea del Sur, el impacto será más limitado si el programa mantiene su ritmo nacional. El KF-21 Boramae es uno de los grandes proyectos de la industria de defensa surcoreana y forma parte del esfuerzo de Seúl por sustituir cazas veteranos y consolidar una plataforma propia con potencial exportador.
La salida indonesia de la coproducción no detiene, por tanto, el programa. Pero sí cambia su narrativa internacional y de coproducción. El KF-21 nació con un componente bilateral que permitía presentarlo como desarrollo conjunto con Indonesia. A partir de ahora, esa dimensión queda debilitada y el programa se concentrará aún más en la capacidad industrial surcoreana y en sus posibles clientes de exportación.
La decisión indonesia no supone una ruptura total con Corea del Sur, ni una cancelación de la posible compra del KF-21. Al contrario, quizás abre una vía más directa para adquirirlo. Pero sí marca el final del esquema de coproducción que durante años había sido presentado como una pieza importante de la cooperación entre ambos países.
El resultado es una solución más simple, con menor esfuerzo tecnológico, pero también menos ambiciosa. Indonesia podría terminar incorporando el Boramae a su fuerza aérea, pero no bajo el modelo industrial originalmente previsto. Corea del Sur, por su parte, conserva a Yakarta como potencial cliente, aunque ya no como socio de producción en los términos iniciales.
Yakarta quiere el avión. Lo que ya no parece querer —o poder sostener— es la fábrica.
Redacción
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