Fincantieri estudia la propulsión nuclear naval y abre una vía de cooperación industrial europea interesante para España

El astillero italiano analiza reactores de tercera y cuarta generación para buques militares y busca socios en la cadena de valor, una línea que podría tener interés para Navantia en futuras investigaciones sobre energía naval avanzada

Jorge Estévez-Bujez

El consejero delegado de Fincantieri, Pierroberto Folgiero, ha señalado que el grupo naval italiano está estudiando el potencial de la propulsión nuclear marítima para futuros buques militares. Sus declaraciones, recogidas por Breaking Defense, sitúan a la compañía en una fase preliminar de análisis tecnológico, sin programa concreto a la vista, pero con una orientación clara: explorar las posibilidades de los reactores nucleares aplicados al ámbito naval.

 

 Un PPA construido por Fincantieri

 

Folgiero explicó que Fincantieri está involucrada en el estudio de esta tecnología, incluidos los reactores de tercera y cuarta generación, y que la compañía busca socios no sólo para el reactor en sí, sino también para el conjunto de la cadena de valor y los componentes asociados. Esta precisión resulta, cómo no, importante, porque la propulsión nuclear naval no depende únicamente del diseño del reactor. Requiere integración en plataforma, seguridad, mantenimiento, formación, regulación, logística, sistemas auxiliares y una base industrial muy especializada que, en muchas ocasiones, necesita de talento más allá de las propias fronteras nacionales.

La iniciativa italiana se enmarca en un contexto más amplio, que inicia una andadura previa hace 3 años. En 2023, el Ministerio de Defensa de Italia puso en marcha el proyecto Minerva, con participación de Fincantieri, para evaluar la viabilidad de integrar reactores nucleares de nueva generación en buques militares, tanto de superficie como submarinos, con fines de producción eléctrica y propulsión.

Actualmente, en Europa sólo Francia, Reino Unido y Rusia operan buques militares de propulsión nuclear, como bien indica el consejero delegado del astillero transalpino. En todo caso, Italia no ha anunciado la construcción de una plataforma de este tipo, pero sí ha abierto una línea de estudio que puede adquirir importancia a medio y largo plazo, especialmente si los futuros buques de guerra incrementan sus necesidades energéticas, tal y como están llamados a hacer.

La propulsión nuclear ofrece ventajas de sobra conocidas: gran autonomía, menor dependencia del repostaje durante despliegues prolongados y capacidad para sostener demandas eléctricas elevadas. Sin embargo, también implica costes muy altos, infraestructuras específicas, personal altamente cualificado, exigencias regulatorias estrictas y una gestión técnica y política compleja.

El interés no se limita, por tanto, a la propulsión. Los buques militares del futuro demandarán cada vez más energía para sensores, guerra electrónica, sistemas de mando y control, inteligencia artificial, refrigeración, armas de energía dirigida y operación de sistemas no tripulados. Y así, la generación eléctrica embarcada se convertirá -de hecho ya lo es- en una cuestión central para el diseño naval.

En DYS ya abordamos este debate en el artículo sobre el futuro de la propulsión nuclear en la Armada, en noviembre pasado, donde se planteaba la relación entre los Small Modular Reactors —SMR—, la creciente demanda energética de los buques y la necesidad de estudiar con anticipación opciones tecnológicas que hoy aún presentan importantes incertidumbres.

 

Las EPC son un gran proyecto de colaboración entre Navantia y Fincantieri

 

En este punto, nos resulta del todo factible la posible conexión con Navantia, que resultaría especialmente interesante. El astillero público nacional mantiene una cooperación creciente con Fincantieri en programas europeos como la Corbeta de Patrulla Europea —EPC—, donde ambos astilleros trabajan junto a otros socios del continente. Esta relación no supondrá, ni mucho menos implica, por sí misma, una colaboración en tecnología nuclear naval en el corto plazo, pero sí que puede ofrecer un adecuado marco industrial previo desde el que podrían explorarse líneas de investigación compartidas.

Para España, el debate, casi siempre ajeno, esquivo, no debería plantearse como una decisión inmediata sobre la construcción de buques de propulsión nuclear. Ese escenario exigiría una madurez técnica, presupuestaria, regulatoria y política que hoy no existe. La cuestión más realista sería si Navantia, junto a socios como Fincantieri, debería participar en estudios europeos sobre reactores nucleares navales, integración energética, seguridad, arquitectura de planta, mantenimiento y generación eléctrica embarcada.

Una línea de investigación de este tipo permitiría a la industria española mantenerse cerca de una tecnología que podría ser relevante en futuras plataformas navales de gran tamaño o en sistemas avanzados de generación eléctrica a bordo. No se trataría de anunciar un programa, sino de adquirir conocimiento, identificar riesgos, evaluar costes y definir posibles nichos de participación industrial.

Fincantieri ha dejado claro que busca colaboración. Esa búsqueda puede abrir oportunidades para empresas europeas capaces de aportar ingeniería naval e integración de sistemas. Navantia dispone de experiencia en buques complejos, submarinos convencionales, integración de sistemas y programas internacionales, aunque España no cuenta con tradición en propulsión nuclear naval.

Precisamente por eso, cualquier aproximación debería ser gradual, técnica y prudente. El primer paso no tendría que ser una decisión de adquisición, sino un análisis serio sobre capacidades nacionales, socios posibles, marco regulatorio, necesidades de la Armada, riesgos industriales y oportunidad tecnológica.

El debate sobre la energía naval avanzada llegará antes o después, por mucho que desde algunos sectores se trate de restar importancia a esta realidad. La cuestión es si España quiere abordarlo desde la fase inicial de estudio o esperar a que otros países europeos definan la tecnología, la arquitectura industrial y el reparto de capacidades. En ese sentido, las declaraciones de Folgiero no anuncian un cambio inmediato, pero sí que marcan una dirección que merece, cuando menos, seguimiento.

La propulsión nuclear naval seguirá siendo una opción exigente, costosa y políticamente sensible. Pero también puede convertirse en una de las áreas de mayor valor tecnológico en la construcción naval militar del futuro. Si Fincantieri avanza en esa línea y busca socios, Navantia debería al menos evaluar su posible participación en estudios y desarrollos preliminares, siempre desde una posición realista y ajustada a las capacidades españolas.

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

COMPARTIR NOTICIA

NOTICIAS DESTACADAS

Fincantieri estudia la propulsión nuclear naval y abre una vía de cooperación industrial europea interesante para España
El astillero italiano analiza reactores de tercera y cuarta generación para buques militares y busca...
Seguir leyendo
El demostrador británico de combate aéreo de 6ª generación entra en la fase decisiva de construcción
BAE Systems avanza en Samlesbury con el UK Combat Air Demonstrator, una plataforma concebida para reducir...
Seguir leyendo
Naval Group entrega el SNA De Grasse, cuarto submarino nuclear de ataque de la clase Suffren
El nuevo submarino del programa Barracuda refuerza la renovación de la fuerza submarina francesa y sustituirá...
Seguir leyendo
Polonia recibe 36 nuevos M1A2 SEPv3 Abrams y 7 vehículos M88A2 Hercules
La nueva entrega refuerza a la 1ª Brigada Blindada de Varsovia y eleva a 182 los Abrams M1A2 SEPv3 recibidos...
Seguir leyendo
Suecia empieza a decidir el combate aéreo del resto del siglo. ¿Qué hace España?
Mientras Europa recompone —o disimula— el naufragio del FCAS, Estocolmo abre una investigación sobre...
Seguir leyendo

COMPARTIR NOTICIA