El despliegue de misiles antibuque no tripulados y defensa antidron en el 12.º Regimiento Litoral de Marines. Ideas para España en la vuelta de los fuegos costeros móviles, dispersos y difíciles de neutralizar

Redacción
El artículo firmado por Gu Min Chul en Defence Blog muestra una información de especial interés en el Pacífico: el 12.º Regimiento Litoral de Marines estadounidense, desplegado en Okinawa, ha recibido formalmente este mes de junio los sistemas NMESIS y MADIS, completando así el despliegue de armas de combate del regimiento.

Los Marines estadounidenses en Okinawa pasan a contar con una capacidad terrestre para atacar buques mediante misiles antibuque, al tiempo que incorporan medios de defensa aérea de corto alcance contra drones y aeronaves de baja cota. En términos prácticos, el regimiento deja de ser una unidad reorganizada sobre el papel y se convierte en una fuerza litoral armada, móvil y pensada para disputar espacios marítimos desde tierra.
El NMESIS —Navy/Marine Expeditionary Ship Interdiction System— combina un vehículo JLTV no tripulado con 2 misiles Naval Strike Missile —NSM— listos para el lanzamiento. El misil, desarrollado por la noruega Kongsberg y producido también bajo licencia en Estados Unidos, cuenta con un alcance citado de 185 kilómetros. Su empleo desde un vehículo no tripulado permite separar al lanzador de sus operadores y reducir la exposición del personal.
La lógica operativa es que una batería de lanzadores NMESIS, dispersa en una cadena de islas, puede amenazar corredores marítimos sin presentar al adversario una concentración fácil de localizar y destruir. En Okinawa, esa capacidad adquiere un significado evidente por su proximidad a las aguas del suroeste de Japón, al mar de China Oriental y a los accesos vinculados a la primera cadena de islas.
El segundo sistema recibido, MADIS —Marine Air Defense Integrated System—, cubre otra necesidad cada vez más urgente: proteger a las fuerzas terrestres frente a drones y amenazas aéreas de baja cota. Defence Blog describe una configuración sobre chasis JLTV, con sensores, cañón de 30 mm, ametralladora de 7,62 mm y misiles Stinger de corto alcance. No sustituye a una defensa aérea de mayor entidad, pero sí proporciona una capa cercana de protección a unidades que deben operar dispersas y con baja firma.
La combinación de ambos sistemas otorga unas notables capacidades. NMESIS aporta el golpe antibuque desde tierra. MADIS protege a la fuerza frente a drones, helicópteros, aeronaves de baja cota o amenazas que podrían localizar y atacar los lanzadores antes de que entren en acción. No se trata de sistemas aislados, sino de una arquitectura básica de fuegos y protección para una unidad litoral distribuida.
El propio coronel Peter Eltringham, comandante del 12.º Regimiento Litoral de Marines, lo expresó con claridad: «Traemos esta capacidad de combate a Okinawa para poder demostrarla a nuestros adversarios y asegurarnos de que llegue al punto decisivo del campo de batalla». Añadió además: «Lo hacemos junto con nuestros socios de las Fuerzas de Autodefensa terrestres, aéreas y marítimas japonesas, porque no hay nada más poderoso que esta alianza en este escenario».
En el despliegue en Okinawa, según el texto de Gu Min Chul, el 3.er Regimiento Litoral de Marines, basado en Oahu, Hawái, ya había recibido NMESIS en noviembre de 2024 y MADIS en diciembre de ese mismo año. Posteriormente, ambos sistemas fueron desplegados en ejercicios en Filipinas y Japón, lo que permitió al Cuerpo de Marines comprobar su movilidad, integración con aliados y utilidad en terrenos insulares.
La transformación responde al concepto Force Design 2030, que aleja al Cuerpo de Marines de una visión centrada en grandes asaltos anfibios y lo orienta hacia fuerzas pequeñas, móviles, letales y distribuidas en espacios litorales disputados. En ese esquema, el objetivo no es ocupar terreno por ocuparlo, sino negar al adversario libertad de movimiento en la mar mediante unidades difíciles de localizar, capaces de disparar y desplazarse, y conectadas a redes de sensores y mando.
La lectura para España resulta de este modo, a nuestro parecer, inevitable. En DYS ya se ha defendido la necesidad de dotar al RACTA-4 de medios actuales de defensa costera móvil, particularmente mediante sistemas con NSM sobre vehículos terrestres. No como ejercicio imitativo, sino porque España tiene escenarios marítimos donde una capacidad de este tipo tendría pleno sentido: Estrecho de Gibraltar, Canarias, Baleares y posibles despliegues expedicionarios.
El artículo de DYS sobre StrikeMaster recordábamos que la defensa de costa occidental se está moviendo hacia plataformas móviles, dispersables, conectadas y armadas con misiles antibuque de largo alcance. En ese mismo texto citábamos el caso estadounidense con NMESIS/ROGUE-Fires y la solución australiana StrikeMaster sobre Bushmaster con NSM, 2 caminos distintos para una misma conclusión: las baterías costeras vuelven a tener valor militar si son móviles, discretas y capaces de sobrevivir.
El NSM está entrando en el ecosistema naval e industrial español por su elección para las futuras F-110, su posible integración en las F-100 modernizadas y el desarrollo de capacidades industriales vinculadas al misil. La cuestión pendiente es si esa lógica se trasladará también a tierra, donde el RACTA-4 sigue necesitando medios acordes con el entorno actual.
España no es Japón, el Estrecho no es la primera cadena de islas y el RACTA-4 no tiene por qué replicar de forma exacta el modelo del Cuerpo de Marines. Pero la tendencia sí es común, ya que las fuerzas terrestres pueden contribuir de forma decisiva a la negación marítima si cuentan con misiles antibuque modernos, movilidad, enlaces de datos, sensores, camuflaje, protección contra drones y capacidad de operar dispersas.
El binomio NMESIS-MADIS apunta a la idea de golpear al buque y proteger al lanzador. España, si decide avanzar en esta dirección, debería pensar la capacidad completa, no únicamente la compra de un misil.
Redacción
defensayseguridad.es


Un comentario
Estoy de acuerdo con el autor,
lo que no acabo de entender es por qué no propone también dotar a Canarias y baleares de, al menso, una batería de este tipo