Leonardo ve ventajas industriales y financieras en una eventual entrada de Alemania en el programa que comparte con Reino Unido y Japón, aunque el calendario de 2035 y la gobernanza ya pactada obligan a separar posibilidad, conveniencia y decisión política

![]()
Redacción
La crisis del FCAS/SCAF ha abierto algunas ventanas que hasta hace poco parecían improbables. Que Alemania termine mirando hacia el GCAP, el programa de combate aéreo de nueva generación impulsado por Italia, Reino Unido y Japón, es una de ellas, una de tantas que se están exponiendo desde hace un par de semanas. La señal más clara ha llegado en esta ocasión desde Leonardo, cuyo consejero delegado, Lorenzo Mariani, se ha mostrado favorable a una posible participación alemana, en declaraciones al Financial Times, y que están siendo recogidas desde hace unas horas por medios italianos como Start Magazine, Formiche y La Stampa, además de El País, en España.
El caso es que, a esta hora, no hace falta decirlo, Alemania no está dentro del GCAP. Y, pese a las palabras transalpinas de hoy, tampono hay invitación formal cerrada entre Estados. Lo que hay es una apertura desde Leonardo en un momento de reordenación de los programas de combate europeos. Start Magazine resume el punto esencial afirmando que Mariani considera positiva la entrada alemana por sus posibles beneficios industriales y financieros, pero también advierte que incorporar ahora un nuevo socio podría introducir retrasos en un programa que ya tiene un objetivo temporal muy exigente.

Captura de pantalla de X
El GCAP es una arquitectura ya formada entre Italia, Reino Unido y Japón, con Leonardo, BAE Systems y JAIEC como referencias industriales principales. Su horizonte declarado es disponer de un avión de combate de nueva generación hacia 2035, una fecha que explica buena parte de las cautelas. En palabras de Mariani recogidas por la prensa italiana, Alemania sería un socio fuerte, con dinero y capacidad tecnológica, pero añadirlo ahora con derechos equivalentes a los de los 3 socios fundadores obligaría a renegociar equilibrios ya trabajados.
La ventaja alemana es evidente, porque Berlín aportaría músculo financiero, base industrial, experiencia en el Eurofighter y una capacidad tecnológica que nadie puede despreciar. Leonardo y BAE Systems ya han trabajado con la rama alemana de Airbus en el Eurofighter, lo que ofrece un antecedente industrial útil. Desde esa perspectiva, la entrada alemana podría reforzar el peso europeo del GCAP y dar a Berlín una vía de salida si el FCAS no recompone la parte del futuro caza tripulado.
Pero la dificultad es igual de real. Japón no quiere retrasos. Tokio participa en el GCAP para sustituir su F-2 y necesita que el programa no se convierta en una negociación europea interminable. El propio Financial Times señala que Japón ha mostrado reticencias a admitir nuevos socios si eso pone en riesgo el calendario de 2035. El atractivo del GCAP frente al FCAS residía, en buena medida, en que parece haber mantenido una dirección más clara (lo cual ha demostrado ser poco meritorio a la vista del desnorte del FCAS en ese sentido).
Por su parte, el FCAS/SCAF nació con una ambición enorme, pero ha quedado mortalmente dañado por las disputas entre Dassault y Airbus sobre liderazgo industrial, autoridad técnica, propiedad intelectual y reparto de trabajos. Mariani, según el Financial Times, no se mostró sorprendido por el colapso de esa parte del proyecto, porque los programas pueden nacer de una decisión política, pero si la industria no encuentra objetivos comunes y una distribución aceptable del trabajo, el bloqueo termina llegando.
La eventual entrada de Alemania reforzaría el GCAP, pero también podría contaminarlo con parte de los problemas que han lastrado al FCAS. Berlín no entraría como observador ni como proveedor menor. Si aportara dinero e industria, querría una posición proporcional. Eso puede ser razonable, pero también obligaría a tocar sensiblemente una gobernanza que ya ha costado cerrar entre Italia, Reino Unido y Japón.
Italia, además, ya ha comprometido recursos importantes. El Parlamento italiano aprobó 8.770 millones de euros para las fases iniciales del GCAP hasta 2037, dentro de un programa cuyo coste total seguirá creciendo conforme avance el desarrollo. Quizá ese dato ayuda a entender por qué Leonardo mira con interés a Alemania. Los cazas de nueva generación absorben más inversión de la prevista al inicio, y repartir costes y capacidades puede ser una ventaja evidente.
Formiche interpreta la apertura de Leonardo como una consecuencia directa, del todo lógica, del deterioro del FCAS y de la necesidad europea de reorganizar sus grandes programas de combate aéreo. No se trata sólo de sumar una bandera más, sino de decidir qué estructura industrial tiene más posibilidades de producir un avión real en plazo. En ese terreno, el GCAP aparece hoy mejor colocado que el casi extinto FCAS, aunque no libre de riesgos.
El propio Mariani ha introducido una fórmula, un tanto ambigua, hay que decir. Se trataría de evitar que los socios europeos compitan entre sí y buscar formas de cooperación que permitan competir mejor fuera de Europa. Lo cierto es que no deja de ser una declaración de buenas intenciones, poco más.
Dónde queda España
La cuestión española queda, por tanto, en una posición delicada, aunque este movimiento no vaya dirigido directamente a Madrid. Si Alemania se aproximara al GCAP, España tendría que decidir si sigue ligada a Berlín en una nueva arquitectura, si intenta preservar capacidades propias vinculadas al sistema de combate aéreo futuro o si queda a la espera de un encaje posterior. Nada de eso está decidido, y precisamente por eso conviene no confundir titulares con acuerdos.
Francia, mientras tanto, parece orientada a preservar una línea más nacional alrededor de Dassault y de la experiencia acumulada con el Rafale.
La realidad es que Alemania sería un socio potente para el GCAP, pero también un factor de complejidad. Su entrada podría aportar dinero, industria y peso político. También podría obligar a renegociar trabajo, mando y calendario en un programa que no puede permitirse convertirse en otro laboratorio de frustraciones europeas.
El GCAP puede salir reforzado de la crisis del FCAS, pero sólo si resiste la tentación de crecer sin control, porque sumar socios no siempre significa sumar velocidad. A veces significa algo más mundano que ya conocemos sobradamente, como sumar reuniones.
Redacción
defensayseguridad.es

