Pekín asegura que empleó advertencias e interferencias electrónicas contra la fragata holandesa HNLMS De Ruyter y su helicóptero embarcado durante una navegación en el mar de China Meridional

Redacción
China ha confirmado que sus fuerzas navales y aéreas obligaron a alejarse a la fragata holandesa HNLMS De Ruyter (F804) en las proximidades de las islas Paracel, en el mar de China Meridional, mediante advertencias e interferencias electrónicas.
La información procede del Comando del Teatro Sur del Ejército Popular de Liberación, que acusó al buque y a su helicóptero embarcado de haber penetrado en el espacio aéreo del archipiélago el 27 de mayo de 2026.

China ha desplegado una intensa actividad constructivo-defensiva en las Paracel
Según el comunicado chino, la fragata fue apartada de la zona mediante “medidas necesarias” y “de conformidad con las leyes y reglamentos”. El capitán Zhai Shichen, portavoz del mando chino, sostuvo que Pekín se opone “firmemente” a este tipo de actos y exigió a la parte holandesa que cesara sus “infracciones y acciones provocadoras”.
El medio chino Global Times presentó el episodio como una incursión “ilegal” en aguas de las Xisha, denominación china de las Paracel, y afirmó que el helicóptero embarcado del De Ruyter habría sido lanzado en repetidas ocasiones, entrando —según la versión de Pekín— en espacio aéreo reclamado por China.
El mismo medio señaló que las fuerzas chinas respondieron con advertencias verbales e interferencias electrónicas de advertencia, formulación que encaja con la versión difundida por el mando militar chino sobre el empleo de medidas para expulsar al buque y a su aeronave embarcada.
Las islas Paracel se encuentran bajo control chino desde su toma por la fuerza a Vietnam en la década de 1970. China mantiene allí una red de unos 20 puestos avanzados y fuerzas de apoyo desde el continente. A través de sus bases, puestos avanzados e islas artificiales, Pekín ha desplegado capacidades de guerra electrónica en distintas zonas del mar de China Meridional.
El HNLMS De Ruyter, fragata de defensa aérea de la clase De Zeven Provinciën, se encuentra desplegado en el Indo-Pacífico dentro de la misión Pacific Archer, de 5 meses de duración. Ámsterdam ha presentado esta misión como una contribución a la libertad de navegación y al fortalecimiento de sus vínculos con aliados y socios.
El buque holandés también tiene previsto participar en las maniobras navales Rim of the Pacific, cerca de Hawái, a finales del verano.
Una semana antes del incidente, el De Ruyter había atracado en Manila para una visita portuaria y actividades con la Armada filipina. Entonces, el comandante de la fragata declaró al medio local Manila Bulletin que las interacciones previas del buque con un helicóptero chino habían sido “profesionales” y no habían implicado un desafío territorial.
El tránsito neerlandés cerca de las Paracel coincide con el aumento de la construcción de islas artificiales por parte de Pekín mediante un proyecto de recuperación de tierras en el arrecife Antelope. Según la Iniciativa de Transparencia Marítima de Asia del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales, la expansión china en ese arrecife podría crear la isla más grande del mar de China Meridional.
El incidente sitúa a Países Bajos dentro del grupo de potencias no pertenecientes al Pacífico Occidental que han enviado unidades navales a la región en apoyo de la libertad de navegación y de la cooperación con socios locales.
China, por su parte, mantiene su expresa reivindicación sobre la mayor parte del mar de China Meridional mediante la llamada línea de 0 puntos, apoyada por el despliegue constante de buques pesqueros paramilitares, patrulleras de la Guardia Costera y unidades navales.
El dato más relevante del episodio es que Pekín no sólo afirma haber interceptado y expulsado a un buque aliado europeo, sino que reconoce el empleo de interferencias electrónicas como parte de la respuesta.
En una zona marcada por la presencia simultánea de buques de guerra, guardacostas, aeronaves y milicias marítimas, ese reconocimiento añade un nuevo punto de presión sobre las operaciones de presencia naval y eleva el riesgo de incidentes por error de cálculo.
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