Mogami gana mar y pone rumbo a Nueva Zelanda

Nueva Zelanda estrecha el cerco sobre el relevo de sus ANZAC y coloca a la fragata japonesa mejorada en una posición muy ventajosa, empujada por la decisión australiana, la necesidad de interoperar con sus socios más cercanos y la urgencia de no llegar tarde al relevo de su principal capacidad naval de combate

Redacción

Nueva Zelanda se aproxima a una decisión que marcará durante décadas el perfil de su modesta pero importante Marina. La opción japonesa, la Mogami mejorada, ya no es una conjetura, está dentro del proceso neozelandés y, según la información japonesa conocida hoy mismo, 26 de mayo, el Gobierno de Japón prepara conversaciones formales para tratar su posible exportación a Wellington.

La noticia, atribuida por medios japoneses a fuentes próximas al asunto y difundida por Kyodo, sostiene que el ministro de Defensa japonés, Shinjiro Koizumi, abordará el asunto con el ministro neozelandés Chris Penk y con el australiano Richard Marles durante el foro de seguridad Shangri-La Dialogue, en Singapur. Japón, Australia y Nueva Zelanda hablando de un mismo buque, en una misma lógica naval y con China como telón de fondo, tiene todo todo el sentido del mundo, y un buque compartido, todavía más (con permiso de los británicos).

 

Una pareja de Mogami japonesas

 

La corroboración neozelandesa existe, aunque con un matiz importante. Scoop, medio neozelandés que recoge la comunicación oficial del Gobierno de Wellington del 7 de mayo, informó de que Nueva Zelanda ha iniciado el trabajo para sustituir las fragatas HMNZS Te Kaha y HMNZS Te Mana, y que el análisis se centra en 2 vías: la Mogami japonesa seleccionada por Australia y la Type 31 británica. Es decir, la fuente neozelandesa confirma la parte sustancial: la Mogami está en la terna final —en realidad, en un duelo—, pero no que la decisión esté tomada.

Nueva Zelanda no ha adjudicado aún el programa. El propio Gobierno neozelandés ha señalado que la recomendación al Gabinete se espera antes de finales de 2027. Hasta entonces, la Mogami parte con una ventaja política evidente, ya que Australia ya ha firmado por la versión mejorada para su programa de fragatas de propósito general, con los 3 primeros buques construidos en Japón y una entrega inicial prevista para diciembre de 2029. Para Wellington, alinearse con Canberra no es un detalle técnico, sino una forma de reducir riesgos en adiestramiento, mantenimiento, doctrina, armamento común y operaciones combinadas.

La Mogami mejorada ofrece, además, un argumento que pesa mucho en una marina pequeña: automatización y dotaciones reducidas. Nueva Zelanda arrastra problemas de personal y disponibilidad, y no puede permitirse un diseño que exija tripulaciones sobredimensionadas o una cadena logística exótica. Si Australia y Japón terminan compartiendo una familia de buques, sensores, procesos de apoyo y formación, la tentación para Wellington será fuerte; quizás irresistible.

Pero hay otro candidato real. La Type 31, basada en el diseño Arrowhead 140 de Babcock, sigue viva y no debe despacharse como comparsa. Su baza es una plataforma amplia, margen de crecimiento, coste potencialmente contenido, relación histórica con el Reino Unido y una arquitectura flexible. Para Nueva Zelanda, que suele comprar con prudencia y presupuestos muy vigilados, esa combinación puede resultar atractiva si el precio final de la Mogami, su paquete de combate o las condiciones industriales japonesas se endurecen.

En términos estrictamente políticos, la Mogami parece hoy mejor situada. En términos de concurso, la Type 31 continúa siendo el otro candidato posible y serio. La decisión dependerá menos de la estética del buque que de 3 preguntas: cuánto costará mantenerlo 30 años, cuánta soberanía de apoyo podrá conservar Nueva Zelanda y hasta qué punto Wellington quiere atarse a la arquitectura naval que Australia ya ha elegido.

Si Nueva Zelanda prioriza interoperabilidad con Australia y Japón, la Mogami mejorada es la favorita natural. Si prioriza precio, margen de adaptación y continuidad industrial anglosajona, la Type 31 conserva opciones. Lo que ya parece descartado es una solución dispersa o puramente nacional. Wellington busca llegar al relevo de sus ANZAC sin repetir viejas insuficiencias. Esta vez, el buque elegido tendrá que navegar mucho más que sus aguas.

 

Redacción

defensayseguridad.es

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