La disuasión nuclear franco-británica

La disuasión nuclear franco-británica: quizás el seguro incómodo de Europa

París y Londres no pueden sustituir a Washington, pero sí ofrecer a Europa una garantía nuclear mínima, creíble y políticamente difícil de asumir

 

David Cardero Ozarín

INTRODUCCIÓN

Europa debe ser capaz de defenderse: la degradación del orden global y de sus estructuras multilaterales, junto con la persistencia de conflictos de alta intensidad en el continente y en su periferia estratégica, obliga a replantear su arquitectura de seguridad. Al mismo tiempo, las tensiones recurrentes con Estados Unidos generan dudas sobre la credibilidad de Washington como garante último de la defensa europea a medio y largo plazo. En este contexto, la disuasión nuclear deja de ser un sombrío legado de la Guerra Fría para convertirse en una piedra angular de la capacidad de Europa para defenderse por sí misma.

 

El paraguas franco-británico puede sumar a la seguridad europea común, pero los interrogantes que plantea son complejos de responder

 

Francia y el Reino Unido siguen siendo las únicas potencias nucleares europeas —siendo Francia el único país miembro de la UE—, lo que plantea una cuestión crítica: ¿podrían París y Londres, llegado el caso, asumir un papel de disuasión europea si la garantía del paraguas nuclear estadounidense ya no fuese tal?

LA ESPADA Y EL ESCUDO NUCLEAR DE FRANCIA Y GRAN BRETAÑA

Es esencial reconocer en primer lugar que los arsenales nucleares de Francia y el Reino Unido no pueden igualar la formidable escala de aquel estadounidense y ruso.

Tanto París como Londres se adhieren a los principios de la “estricta suficiencia” como forma de “disuasión del débil frente al fuerte”, con el objetivo de infligir daños tan devastadores a la base industrial y económica de un adversario que cualquier ataque se convierta en un resultado de suma cero, sin ofrecer ninguna ganancia estratégica.

Este concepto sigue siendo la piedra angular de sus doctrinas. Los desarrollos recientes, como el discurso de Île Longue de marzo de 2026, en el que el presidente Emmanuel Macron anunció una renovada y reforzada fase de “disuasión extendida”, y el nuevo programa de submarinos clase Dreadnought de la Royal Navy, no alteran los fundamentos esenciales de la doctrina nuclear a ambos lados del Canal de La Mancha: mantener una capacidad de disuasión mínima pero creíble para proteger el “santuario” nacional, entendido como el territorio vital para la supervivencia del Estado.

Francia extiende explícitamente esta lógica a la Unión Europea, reflejando una progresiva “europeización” de su postura nuclear, que complementa el papel disuasorio del Reino Unido dentro de la OTAN. Esta convergencia se refuerza mediante la Declaración de Northwood —julio de 2025—, construida sobre los marcos de Chequers —1995— y Lancaster House —2010—. Dicha declaración establece las bases para una coordinación nuclear franco-británica en caso de una amenaza extrema contra Europa, posicionando esta entente como un fundamento creíble para un marco más amplio de disuasión europea.

EL MARCO INSTITUCIONAL

Sin duda, la integración institucional de una eventual disuasión franco-británica dentro de la arquitectura existente UE-OTAN es compleja, ya que:

  1. El Reino Unido, aunque sigue formando parte de la estructura de seguridad europea, ya no es miembro de la Unión Europea tras la cristalización del Brexit en 2020.
  2. La mayoría de los países europeos son signatarios del Tratado de No Proliferación Nuclear —TNP—, lo que limita el margen de maniobra respecto a la transferencia y manejo de tecnología nuclear militar.

 

La UE carece de un paraguas nuclear compartido. En todo caso, las cuestiones que plantearía su uso, ubicaciones, soberanía, sostenimiento y los intereses esgrimidos por sus socios serán cuestiones de orden estratégico difíciles de acordar, pero no imposibles

 

La cuestión de cómo integrar la disuasión es sin duda un quebradero de cabeza. Sin recurrir a escenarios irreales, una posible vía para permitir una disuasión paneuropea consistiría en replicar y ampliar modelos ya existentes, como el nuclear sharing de la OTAN —también llamado sistema de “doble llave”—, mediante el cual la propiedad y el uso último de las armas nucleares permanecen en manos del Estado poseedor, mientras se permite que personal militar de los Estados anfitriones participe en su despliegue operativo.

De este modo, particularmente en el caso de las capacidades francesas, las Fuerzas Aéreas Estratégicas —FAS— podrían distribuirse entre bases aéreas europeas situadas en regiones críticas. El gobierno francés ya ha abierto la participación en sus ejercicios cuatrienales POKER —que simulan un ataque nuclear— a personal militar europeo. La participación de fuerzas británicas en estos ejercicios el 10 de diciembre de 2025, así como el apoyo prestado por un avión cisterna de la Fuerza Aérea Italiana en 2022, ilustran una vía concreta hacia la cooperación nuclear intraeuropea, y muestran una auténtica voluntad por parte de París de compartir la disuasión, manteniendo al mismo tiempo el control estratégico final sobre sus armas nucleares.

Las necesidades de defensa y las perspectivas estratégicas de los diferentes Estados europeos respecto a la cuestión nuclear podrían abrir vías alternativas. Cada vez más, círculos políticos de países como Dinamarca y Noruega debaten la posibilidad de un marco de disuasión nórdico, mientras que Polonia aspira a completar la construcción de su primera central nuclear en 2036, en la región de Pomerania, lo que podría constituir una base tecnológica e industrial latente que, bajo circunstancias de seguridad deterioradas y garantías de disuasión consideradas insuficientes por Varsovia, podría aprovecharse para futuras ambiciones militares de tipo nuclear.

En este contexto, en lugar de perseguir costosos y largos programas nucleares nacionales desde cero, una solución más viable sería reforzar el pilar franco-británico de disuasión y expandir estas capacidades a escala europea. El Reino Unido, pese a no ser ya miembro de la UE, sigue siendo un actor reconocido e influyente dentro de la arquitectura de seguridad del continente.

La Asociación UE-Reino Unido sobre Seguridad y Defensa refleja claramente esta realidad, estableciendo un marco de cooperación post-Brexit que no depende de la pertenencia a la UE, sino de mecanismos de diálogo, invitación, observación, participación selectiva y coordinación sectorial. Basándose en la vía ya abierta por la Declaración de Northwood, así como en la doctrina francesa de disuasión extendida, este enfoque podría —si existiera suficiente voluntad política— permitir la integración de la disuasión británica en un “triángulo de seguridad” UE-Francia-Reino Unido, fundamentado en objetivos estratégicos compartidos.

En lo relativo al TNP, el despliegue de armas nucleares franco-británicas en otros territorios de la UE constituiría una violación de los artículos I y II del Tratado. Sin embargo, el artículo X reconoce el derecho de los Estados signatarios a retirarse del Tratado en circunstancias extraordinarias que pongan en peligro sus intereses nacionales supremos. Una eventual retirada de países europeos del TNP, incluso si estuviera justificada y sólidamente argumentada, sería devastadora para la arquitectura general del Tratado y podría desencadenar dinámicas de proliferación en cascada.

CONCLUSIÓN

Una capacidad de disuasión franco-británica no puede replicar el paraguas estadounidense ni integrarse plenamente en las estructuras de la UE sin fricciones jurídicas y políticas. Sin embargo, como marco flexible y minilateral, anclado en la complementariedad con la OTAN y respaldado por mecanismos de cooperación ya existentes, ofrece una vía creíble para reforzar la seguridad europea. El desafío no reside únicamente en su viabilidad, sino en equilibrar soberanía, cohesión aliada y restricciones de no proliferación en un entorno estratégico cada vez más inestable.

David Cardero Ozarín

defensayseguridad.es

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