La Armada de EE. UU. acelera su nueva fragata FF(X) con Ingalls tras cancelar la clase Constellation

Redacción
Según informó Mallory Shelbourne en USNI News, la Armada de Estados Unidos adjudicó a Ingalls Shipbuilding, filial de HII, un contrato de 282,9 millones de dólares para iniciar los trabajos de astillero principal de la futura fragata FF(X), un programa concebido, como se recordará, a partir del casco del National Security Cutter de la Guardia Costera estadounidense, también conocido como clase Legend.

Perfil de estribor del render de una Constellation (Fincantieri)
La decisión termina así de confirmar el drástico cambio de rumbo que impuso la institución hacia una fragata de menor riesgo industrial, basada en una plataforma ya conocida por Ingalls, después de la polémica cancelación del programa de fragatas clase Constellation. La adjudicación, realizada sin competición en esta ocasión, busca lógicamente comprimir plazos que arrastran los retrasos del malogrado modelo italiano de Fincantieri y permitir así que los trabajos de diseño final, compra de materiales de largo plazo y preparación industrial avancen antes de la construcción del primer buque.
Así dimos la noticia de la elección de las Legend
La previsión oficial es que estos trabajos concluyan en abril de 2028, fecha que encaja con el objetivo declarado de disponer del primer buque operativo en torno a ese año. La Armada norteamericana plantea adquirir una primera FF(X) en el año fiscal 2027, otra en 2029 y 2 unidades adicionales en 2031, con una estrategia inicial de adjudicación directa para los 2 primeros buques y una fase posterior, esta vez sí, más competitiva para ampliar la producción a otros astilleros.
La urgencia era evidente, y se hacía perentorio incrementar el número de escoltas de superficie disponibles sin repetir los problemas de diseño, costes y calendario que han lastrado a otros programas navales estadounidenses. La elección del casco de la clase Legend pretende reducir incertidumbres, aunque arrojará otras, ya que no elimina los desafíos de integrar sensores, armamento, sistemas de combate y capacidades no tripuladas en una plataforma originalmente concebida para misiones de patrulla oceánica de la Guardia Costera.

La nueva FF(X), conceptual
La nueva fragata incorporaría, según la representación difundida por la Marina, un cañón principal de 57 mm, un sistema de defensa cercana basado en misiles y hasta 16 misiles Naval Strike Missile en la zona de popa. También se contempla su integración con sistemas robóticos autónomos, incluidos vehículos de superficie no tripulados de tamaño medio, lo que apunta a una función distribuida dentro de la futura arquitectura naval estadounidense.
No obstante lo anterior, las primeras unidades parecen responder a una lógica de disponibilidad antes que de máxima capacidad. Los documentos presupuestarios indican que versiones posteriores podrían estudiar la incorporación de lanzadores verticales y sistemas de guerra antisubmarina, 2 elementos que determinarán si la FF(X) acaba siendo una fragata plenamente equipada o una plataforma de escolta limitada con crecimiento por bloques.
Para HII, como afirma USNI, el contrato refuerza la posición de Ingalls como astillero central en la construcción de combatientes de superficie y buques mayores para la US Navy. La compañía ya disponía de experiencia, utillaje y material asociado al programa NSC, incluido material sobrante del undécimo buque de esa clase, cuya construcción fue cancelada. Ese punto resulta importante, porque permite aprovechar parte de la cadena de suministro y reducir tiempos de transición entre diseño y producción.
La Armada de los Estados Unidos necesita más buques, pero la base industrial naval estadounidense sigue sometida a tensiones heredadas, como los problemas de mano de obra, capacidad de astillero, costes crecientes y calendarios tensos. La apuesta por una fragata derivada de un diseño existente es, por tanto, una solución pragmática, no necesariamente ideal.
La clave de todo estará en comprobar si la FF(X) puede evolucionar sin caer en el mismo problema que pretende corregir, tan común en estos programas a ambos lados del océano: añadir requisitos, sensores y armas hasta convertir una solución rápida en otro programa caro, complejo y retrasado. Para Ingalls no es sólo el inicio de una nueva fragata. Es también una prueba sobre su capacidad para recuperar disciplina industrial y construir flota con realismo. Han sido llamados para salir de un atolladero, y ahora deberán demostrar que están a la altura.
Redacción
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Un comentario
Se van a meter otra hostia del copón