El Ministerio de Defensa japonés confirma que el destructor Chokai ya puede operar el Tomahawk, un paso que retrata con nitidez el crecimiento material, doctrinal y operativo de la marina de guerra japonesa

Redacción
Japón ha dejado atrás una fase -otra más- y ha entrado en la de la capacidad certificada. El Ministerio de Defensa confirmó el 27 de marzo que el destructor JS Chokai ha completado las modificaciones del buque y el adiestramiento de su dotación para operar el Tomahawk. Ese mismo día, el ministro de Defensa precisó que el buque seguirá en Estados Unidos para realizar pruebas de fuego real hasta el verano de este año y que su regreso a Japón está previsto en torno a septiembre. A bordo se celebró, además, un acto con presencia de responsables japoneses y estadounidenses para inaugurar la adquisición de la nueva capacidad.

EL Chokai visto desde popa
El Chokai no es un casco cualquiera, es un destructor Aegis de la clase Kongo de la Japan Maritime Self-Defense Force (JMSDF). Y que sea precisamente este buque el que abra la puerta del Tomahawk tiene valor político, militar e industrial. Ya no estamos ante una previsión presupuestaria ni ante una intención de compra, sino ante un buque concreto, con una tripulación concreta y una función ya incorporada, pendiente ahora de rematar la validación operativa con lanzamiento real. Estamos ante una escala real y más que importante de suma de capacidades.
Texto del comunicado oficial, traducido al español
El Ministerio de Defensa y las Fuerzas de Autodefensa están reforzando su capacidad de defensa a distancia para frenar y expulsar con antelación a fuerzas que intenten invadir Japón. Mientras avanza la obtención temprana de misiles nacionales, el Tomahawk se incorporará como complemento entre los ejercicios fiscales 2025 y 2027. El destructor Chokai, desplegado en Estados Unidos y apoyado por la Marina estadounidense desde mediados de octubre de 2025, ha completado las modificaciones del buque y el adiestramiento de su dotación necesarios para esa función, y se ha confirmado la capacidad de lanzamiento. Hasta este verano se realizarán pruebas, incluido tiro real. La entrega de los misiles ya ha comenzado. El ministerio valora este avance como prueba del progreso del programa y afirma que seguirá acelerando la construcción de esta capacidad.
El comunicado, en el tono administrativo natural de este tipo de anuncios, resume escuetamente lo que sin duda es un logro extraordinario. Al contrario que alguna que otra marina de guerra, que quiso, pero no consiguió dotarse del Tomahawk por causa de los divergentes intereses políticos del momento, Japón no dice que “aspira” a disponer de Tomahawk, ni que “trabaja” para ello, ni que “estudia” opciones. Dice que la capacidad ya ha sido adquirida y confirmada en el Chokai. En paralelo, este paso encaja con la arquitectura aprobada por Tokio en diciembre de 2022, cuando reformuló su estrategia de seguridad y fijó la capacidad de ataque a distancia como una de las piezas principales del refuerzo militar para el periodo 2023-2027. Una capacidad, insistimos, del todo necesaria en el escenario donde se desempaña la JMSDF.
La JMSDF no sólo está sumando misiles de largo alcance. Está cambiando de talla y de forma con velocidad de crucero. Tokio ha reorganizado el mando de sus unidades de superficie y de guerra de minas, ha presupuestado nuevas fragatas, nuevos submarinos, puesto la quilla a buques de defensa antimisiles, más medios de guerra antisubmarina y la continuación de las modificaciones de los Izumo para operar F-35B. La plantilla, es cierto, apenas sube, pero el salto en mando, la pegada, aviación embarcada, guerra antisubmarina y renovación de flota es visible y sostenido.
Así las cosas, lo del Chokai no es un episodio aislado, sino una señal de época, que encaja con el resto de hitos, frecuentes y determinantes, que hacen que la marina japonesa siga configurándose como fuerza defensiva, -en el prudente estilo en que así lo subraya oficialmente Tokio-, aunque lo cierto sea que cada vez dispone de más medios para vigilar más lejos, sobrevivir mejor y responder desde más plataformas.
En esa evolución, el Tomahawk no lo cambia todo por sí solo, pero sí delimita una frontera de intenciones meridianamente definida. A partir de ahora, la Japan Maritime Self-Defense Force (JMSDF) ya no sólo protege líneas marítimas y acompaña el escudo antimisil: empieza también a incorporar, de manera tangible, una dimensión de golpe naval a distancia que hasta hace no tanto quedaba fuera del vocabulario operativo japonés.
Redacción
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