Una imagen (mejorada) del acorazado soñado de la US Navy (o del presidente Trump)

Un nuevo gigante para el siglo XXI… o una promesa que no llegará a navegar

Por fin contamos con una representación visual más concreta de lo que algunos imaginan que podría ser el futuro acorazado estadounidense. La imagen, tomada por el veterano periodista naval Chris Cavas durante una reciente presentación oficial en el simposio de la Surface Navy Association (SNA 2026), y divulgada en redes sociales, muestra un diseño conceptual rotulado como «BATTLESHIP» con aspiraciones claras: proyectar poder, resistir en entornos altamente contestados y disuadir a adversarios de talla estratégica. A partir de dicha imagen, hemos realizado una versión mejorada con más nitidez y color, sin modificar en absoluto la información original. La silueta es imponente. Las intenciones, más aún. Veremos en lo que queda.

Imagen de Chris Cavas (X) -arriba-, a partir de la cual hemos perfilado y dotado de mayor nitidez la nuestra -abajo-

El SNA, celebrado anualmente en Virginia, es uno de los principales foros donde la US Navy y la industria presentan conceptos, prioridades y tecnologías emergentes para la flota de superficie.

La propulsión no será nuclear

Se trataría, según las fuentes oficiales recogidas por USNI News y diversos informes especialistas, de un buque de superficie de más de 35.000 toneladas, armado con misiles hipersónicos CPS, células VLS (Vertical Launching System), un railgun de 32 MJ, dos cañones Mk45 de 5 pulgadas, sistemas láser de alta energía (300 o 600 kW) y capacidad de guerra electrónica avanzada. A pesar de lo que podría sugerir su denominación, la propulsión no será nuclear: se ha previsto una combinación de turbinas de gas y motores diésel para superar los 30 nudos. Durante el simposio SNA 2026, el Chief of Naval Operations (CNO) almirante Daryl Caudle, confirmó explícitamente que se consideró la opción nuclear, pero se descartó porque «tomaría demasiado tiempo construirlos«

El acrónimo previsto, BBG(X), respondería a «Battleship, Guided missile (Experimental)», un guiño a la nomenclatura clásica, aunque reimaginada para el siglo XXI.

Sin embargo, a medida que se acumulan las declaraciones, los documentos del Congreso y los artículos de opinión especializados, se va imponiendo, poco a poco, en su propio hueco, una certeza que va a resultar difícil de ignorar: este buque no va a ser fácil de construir. Y mucho menos de pagar.

El tamaño importa, y también los costes y riesgos asociados

El coronel retirado Mark F. Cancian (USMC), analista senior del Center for Strategic and International Studies (CSIS), ha sido tajante en su último artículo: «El acorazado dorado jamás navegará«. No lo dice con ironía ni desde una posición ideológica, en absoluto, sino con la experiencia de quien ha vivido décadas de frustraciones presupuestarias en algunos de los programas navales estadounidenses. Según Cancian, no hay actualmente una justificación operativa ni económica clara para reinvertir en una clase de buques de tamaño tan colosal, cuando la tendencia global apunta a plataformas distribuidas, no concentradas. Más preocupante aún: los costes estimados del programa podrían superar los 10.000 millones de dólares por unidad, sin incluir sobrecostes técnicos ni adaptaciones futuras.  Cancian estima que «esto implicaría un costo de acorazado de aproximadamente $9.1 mil millones, lo que permite algunas economías de escala. Los buques de plomo suelen ser un 50 por ciento más caros que el promedio, por lo que el BBG 1 probablemente costaría $13.5 mil millones, aproximadamente lo mismo que un portaaviones.»

El precedente de los destructores Zumwalt (DDG-1000) planea como una advertencia: diseñado inicialmente como una serie de más de 30 unidades, el programa fue recortado a 3 buques, con tecnología parcialmente operativa, sistemas armamentísticos que no se llegaron a integrar y un coste por unidad que rozó los 8.000 millones. BBG(X) podría correr una suerte similar, aunque con menor margen para el error, mucho menor habida cuenta de que los costos serán aún mayores.

A pesar de todo, la presentación de esta imagen y el entusiasmo de ciertos sectores navales y políticos por recuperar una «presencia visual imponente» en los océanos es comprensible. Pero en un entorno en el que la guerra naval se está transformando en redes, enjambres, misiles de largo alcance y plataformas no tripuladas, los gigantes flotantes podrían convertirse en blanco fácil antes de convertirse en íconos de disuasión.

Lo que es seguro es que el BBG(X), si llega a ver el mar, no será en plural. Y quizás, ni siquiera en singular.

 

Redacción

defensayseguridad.es

 

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