La distancia respecto al frente ucraniano no garantiza la seguridad de España ante los drones y las operaciones de guerra híbrida

Sebastián Hidalgo
Durante demasiado tiempo hemos pensado que la amenaza rusa era algo lejano. La guerra de Ucrania sucede en el este de Europa, a miles de kilómetros de España, y quizá por eso tenemos la sensación de que nuestro país está protegido por la distancia. Pero esa distancia es una falsa sensación de seguridad.
La reciente advertencia sobre la posibilidad de que Rusia pueda utilizar drones contra objetivos en países como España, Francia o Italia debería hacernos reflexionar. No porque podamos afirmar que Rusia vaya a atacar España, sino porque demuestra hasta qué punto ha cambiado la naturaleza de los conflictos y de como la sociedad española carece de una cultura de defensa que les haga reaccionar ante este aviso de los servicios de inteligencia estadounidenses.
La amenaza rusa para nuestro país, de hecho, no es una novedad. Ya hemos sufrido ciberataques y Europa ha denunciado en los últimos años operaciones de espionaje, sabotaje y desinformación vinculadas a Rusia en nuestro país. Es una forma de guerra mucho menos visible que un misil o un tanque, pero que puede tener consecuencias reales.
Un ataque contra una red eléctrica, una administración, una empresa estratégica o una infraestructura crítica puede provocar problemas importantes sin necesidad de disparar un solo tiro.
Y España no es un país ajeno a los intereses estratégicos de Rusia. Somos miembros de la OTAN, apoyamos a Ucrania y contamos con instalaciones militares de importancia para la Alianza. Nuestra posición geográfica, entre el Atlántico y el Mediterráneo, también nos convierte en una pieza relevante dentro de la arquitectura de seguridad occidental.
Por eso sería un error pensar que España queda fuera del conflicto simplemente porque está lejos del frente, y más teniendo a un aliado fundamental de Rusia en el Magreb como es Argelia.
Los drones representan ahora una nueva preocupación. Lo estamos viendo en el este de Europa, donde estos aparatos se han convertido en una amenaza habitual y obligan a replantear los sistemas tradicionales de defensa aérea. España incluso está participando con sus propios cazas en la vigilancia del flanco oriental de la OTAN, derribando en las últimas semanas varios de estos.
¿Qué ocurriría si algún día esa amenaza llegara a nuestro territorio?
España no está indefensa. Cuenta con sistemas de vigilancia, defensa aérea y capacidades específicas para hacer frente a drones. Pero eso no significa que todos nuestros objetivos potencialmente estratégicos puedan estar protegidos al mismo tiempo ante un ataque masivo y coordinado.
Ese es uno de los grandes problemas de esta nueva forma de guerra. Un dron relativamente barato puede obligar al defensor a emplear sistemas mucho más costosos para neutralizarlo. Y cuando hablamos de decenas o cientos de aparatos, el desafío aumenta considerablemente.
Rusia ya ha demostrado que está dispuesta a utilizar herramientas de guerra híbrida contra Europa. España forma parte de Europa y de la OTAN. Por tanto, también forma parte de ese escenario.
La cuestión no es si mañana veremos drones rusos sobre nuestras ciudades. La cuestión es si estamos preparados para que una amenaza que hoy vemos en el este de Europa pueda algún día llamar a nuestra puerta, y quizás ese día ya ha llegado.
Porque la distancia, en la guerra moderna, ya no es una garantía de seguridad.
Sebastián Hidalgo
DYS
https://murciaeconomia.com/art/109089/espana-objetivo-de-putin


Un comentario
La duda ofende, visto lo ocurrido con lo de Ceuta, el gobierno de turno se plegara a las exigencias de Rusia.