Los principales cazas del Ejército del Aire y del Espacio entrenan con armamento real en el Golfo de Cádiz, a escasas millas de Marruecos, en un escenario donde preparación y disuasión van inevitablemente de la mano

Sebastián Hidalgo
España está disparando, no contra un enemigo concreto, y mucho menos contra Marruecos, pero sí está empleando armamento real en uno de los principales ejercicios de combate aéreo del año.
Desde el Golfo de Cádiz, los F-18 y los Eurofighter están lanzando misiles aire-aire y aire-superficie, realizando tiro de cañón y entrenando también contra drones. El ejercicio Atlante 26 se desarrolla estos días y reúne a buena parte de las principales unidades de combate del Ejército del Aire y del Espacio.
No puede pasar desapercibido el detalle de que todas esas actividades militares se están desarrollando a escasas millas de la costa marroquí.
Las maniobras no están planteadas como una operación contra Rabat, entre otras cosas porque estos despliegues se planean con meses de antelación, así que no hay motivos para presentarlas como tal. Pero tampoco tendría sentido analizar un ejercicio de estas características como si la geografía no existiera. El Golfo de Cádiz y el Estrecho no son un campo de entrenamiento cualquiera. Al otro lado están Rabat y unas Fuerzas Armadas que llevan años aumentando sus capacidades. Su fuerza aérea ha dado un salto importante con la incorporación de nuevos sistemas y una apuesta clara por aumentar su capacidad de combate. España, por tanto, ya no puede mirar al sur como si el equilibrio militar fuese algo permanente. La superioridad militar no se hereda.
Por eso Atlante 26 tiene una lectura que va más allá del propio ejercicio. España está enseñando que su fuerza aérea no solo existe, sino que está preparada para combatir.
Parece una obviedad, pero no lo es. Un caza almacenado, un misil en un inventario o una capacidad anunciada por Defensa no garantizan por sí solos nada. Lo que cuenta es que los pilotos sepan emplearlos, que los sistemas funcionen juntos y que las unidades puedan responder cuando la situación deje de ser un ejercicio.
La disuasión funciona antes de que empiece una guerra. Funciona cuando el otro sabe que enfrente no hay un país con material militar sobre el papel, sino unas Fuerzas Armadas capaces de ponerlo en funcionamiento.
Los cazas que estos días sobrevuelan el Golfo de Cádiz no están allí para provocar una guerra. Están haciendo algo bastante más importante para evitarla: demostrar que, si algún día llega una crisis, España no tendrá que empezar a prepararse entonces.
Y para un país situado frente a Marruecos, con Ceuta, Melilla y el Estrecho como piezas centrales de su espacio estratégico, esa no es una cuestión menor.
Es, probablemente, una de las pocas señales que merece la pena enviar sin necesidad de pronunciar una sola palabra.

Sebastián Hidalgo
defensayseguridad.es


Un comentario
Ya que están cerca, tienen que hacer una pasadita en formación por allí