La Armada incorporará un nuevo buque multipropósito

La Marina licita por 30 millones un tercer navío de la clase Carnota. El nuevo buque deberá combinar transporte logístico, remolque de altura, suministro de agua y combustible y apoyo a operaciones navales. La adquisición prolonga la necesaria renovación de una Flota Auxiliar que todavía mantiene unidades con varias décadas de servicio

Redacción

La Armada ha puesto en marcha la licitación de un nuevo buque multipropósito, con capacidad de remolque de altura, de la clase Carnota, una adquisición valorada en 30 millones de euros (sin impuestos) que dará continuidad al proceso iniciado con la incorporación del A-61 Carnota en 2023 y del A-62 Cartagena a finales de 2024.

 

El Carnota precediendo al Juan Carlos I. Imagen: Armada

 

El expediente 2026/AR40U/00002200E, promovido por la Dirección de Gestión Económica de la Jefatura de Apoyo Logístico de la Armada, se tramita mediante procedimiento abierto y establece el próximo 21 de septiembre de 2026, a las 10:00 horas, como fecha límite para la presentación de ofertas. El presupuesto base y el valor estimado del contrato ascienden ambos a los 30 millones de euros apuntados.

Por supuesto que no estamos ante la construcción desde cero de una nueva clase naval. Como ya sucedió con las 2 incorporaciones precedentes, la Armada busca un buque ya existente en el mercado, relativamente moderno y susceptible de ser adaptado a sus necesidades. El pliego exige, de hecho, que la unidad ofertada haya sido construida en 2014 o posteriormente, lo que garantiza no sólo una relativa modernidad del buque, sino la lógica perspectiva de muchos años de servicio aún por delante.

Es una fórmula que se ha revelado particularmente interesante para determinados medios auxiliares y que permite incorporar capacidades en plazos sensiblemente inferiores a los de una construcción naval convencional y, al mismo tiempo, retirar barcos cuya edad empieza a resultar difícilmente compatible con las necesidades de una Marina moderna.

Del Carnota y el Cartagena a una verdadera clase

La Armada reconoce que el proceso responde al relevo de una serie de medios particularmente veteranos. En concreto, la Fuerza Conjunta venía disponiendo de un buque de transporte logístico y 4 unidades auxiliares con capacidad de remolque de altura, algunas de ellas con entre 40 y 60 años de antigüedad. El relevo comenzó en 2023.

Así, el primer paso fue el A-61 Carnota, adquirido a finales de aquel año. Se trataba del antiguo Ocean Osprey, construido en 2014 en Pasajes y empleado anteriormente por un armador noruego para prestar apoyo a plataformas offshore y efectuar tareas de remolque. Tras su adquisición y adaptación en España, el buque quedó encuadrado en la Fuerza de Acción Marítima.

El siguiente fue el A-62 Cartagena, incorporado a finales de 2024. Construido en 2015 en los astilleros turcos Cemre según un diseño de ingeniería noruega de SALT, el buque cuenta con 69,8 metros de eslora, 17 de manga, 55 toneladas de tiro a punto fijo, 500 m² de cubierta de carga y capacidad para transportar hasta 6 contenedores refrigerados.

 

El Cartagena, A-62, en faena de sus cometidos en alta mar. Imagen: Armada

 

La incorporación de ambas unidades ha permitido avanzar sustancialmente en el relevo de una generación de auxiliares tan extraordinariamente veteranos como necesarios. El Carnota tomó el relevo del A-51 Mahón, mientras que la llegada del Cartagena contribuyó a recuperar y reforzar las capacidades de transporte logístico y remolque ante la prevista retirada del A-01 Contramaestre Casado, que finalmente causó baja en julio de 2025. A este proceso se sumó la retirada del A-52 Las Palmas, que causó baja en marzo de ese mismo año después de más de 4 décadas de servicio.

El proceso ha terminado dando carta de naturaleza a lo que la documentación de la nueva licitación denomina ya formalmente «Clase Carnota», integrada inicialmente por ambos buques.

El concurso ahora publicado pretende adquirir una tercera unidad, destinada a sustituir otro de los buques que todavía realizan cometidos de transporte logístico y remolque de altura. El pliego no identifica expresamente cuál será el barco relevado.

Aunque no existe por ahora confirmación oficial, el veterano remolcador de altura A-53 La Graña aparece, tanto por su edad como por sus cometidos, como el candidato más evidente. Construido en 1982 e incorporado a la Armada al año siguiente, cuando el nuevo buque entre previsiblemente en servicio acumulará alrededor de 45 años de actividad.

Otra posibilidad de relevo será también el todavía más veterano A-101 Mar Caribe, construido a mediados de los años 70 y empleado en misiones logísticas, de suministro y ocasionalmente de remolque de altura. Sin embargo, este último conserva cometidos particularmente específicos de apoyo y abastecimiento a las islas, peñones españoles del norte de África y Alborán.

Un buque de unos 70 metros

La Armada ha definido con bastante precisión el tipo de unidad que quiere incorporar.

Característica Requisito
Eslora Aproximadamente 70 m, ±10 %
Manga Aproximadamente 17 m, ±10 %
Calado ≤ 5,5 m
Tiro a punto fijo ≥ 50 t
Cubierta de carga ≥ 350 m²
Año de construcción 2014 o posterior
Velocidad máxima ≥ 13 nudos
Autonomía ≥ 7000 millas náuticas
Posicionamiento dinámico DP2
Agua dulce ≥ 150 m³
Combustible ≥ 500 m³
Habitabilidad ≥ 50 personas

El futuro buque deberá contar además con 2 líneas de propulsión independientes, descartándose expresamente cualquier configuración que carezca de redundancia efectiva. Incorporará empujadores de proa y popa y, al menos, un propulsor retráctil azimutal, todos ellos con potencias mínimas de 400 kW.

El sistema de remolque deberá ser de tensión constante y disponer de capacidad para al menos 1000 metros de cable. A ello se suma una grúa principal capaz de levantar como mínimo 20 toneladas a 10 metros y otra destinada a provisiones.

En efecto, mucho más que un remolcador

La utilidad de estos barcos explica precisamente el interés de la Armada en disponer de unidades relativamente grandes y polivalentes.

El pliego establece una autonomía mínima de 7000 millas náuticas, posicionamiento dinámico DP2, al menos 350 m² de cubierta de carga y anclajes que permitan embarcar un mínimo de 6 contenedores de 20 pies, incluyendo conexiones para al menos 3 contenedores refrigerados. La cubierta deberá disponer asimismo de espacio para operaciones VERTREP, es decir, transferencia vertical de cargas mediante helicóptero.

También deberá transportar al menos 500 m³ de combustible y 150 m³ de agua potable, con instalaciones de abastecimiento por ambos costados. El barco podrá así actuar tanto como transporte como en el sostenimiento de otras unidades.

 

Vista de babor del Carnota, A-61. Imagen: Armada

 

La Armada resume sus funciones en 4 grandes capacidades: remolque de altura, transporte logístico, suministro de agua y combustible y respuesta ante desastres y catástrofes. Entre otras misiones, estas unidades permiten mover material entre la Península, los archipiélagos y las plazas españolas del norte de África, apoyar despliegues militares y colaborar en operaciones de rescate y asistencia.

Hay además otro requisito particularmente significativo, y es que el nuevo buque deberá contar con un sistema contraincendios Fi-Fi 2, cámara térmica giroestabilizada, CCTV y quedar estructuralmente preparado para recibir en popa un pórtico A-frame con capacidad mínima de 10 toneladas. También se valorará que pueda alojar posteriormente un sistema lateral de lanzamiento y recuperación —LARS—.

Esta última exigencia incrementa considerablemente las posibilidades futuras de la plataforma para trabajar con equipos submarinos, vehículos o cargas especiales.

Adecuación del buque

Aunque se trate de un buque auxiliar derivado, previsiblemente, de una plataforma comercial, las adaptaciones solicitadas dejan clara su integración en una Marina de guerra.

La habitabilidad mínima se ha fijado en 50 personas, con una zona segregada de al menos 10 camas para personal femenino. Deberá disponer igualmente de enfermería, gimnasio y espacios específicos y protegidos para munición, armería, radio y equipos CIS.

Además, la Armada exige la instalación de 2 afustes para ametralladoras de 12,7 mm, uno por banda, aunque las armas propiamente dichas quedan fuera del suministro.

También deberá incorporar radares de banda X y S, ECDIS, AIS, GNSS, sistemas GMDSS y comunicaciones UHF/VHF, entre otros equipos de navegación y comunicaciones.

Comunalidad con el resto de la Clase

Uno de los aspectos que merecen atención del concurso es que Defensa otorgará valor a la comunalidad con los otros buques multipropósito de la Armada.

El pliego explica las razones con bastante claridad, que son, en resumen, facilitar el intercambio de dotaciones, simplificar formación y mantenimiento, racionalizar repuestos, obtener economías de escala y permitir futuras actualizaciones comunes.

Esto no significa necesariamente que deba adquirirse un barco idéntico al Carnota o al Cartagena —que tampoco son, en absoluto, idénticos entre sí—, pero sí que la Armada pretende evitar convertir su flota auxiliar en una colección de plataformas completamente diferentes.

También recibirán mejor valoración las ofertas que propongan mayor superficie de carga, más capacidad de tiro, grúas más potentes, un buque más moderno, posicionamiento DP3 o una entrega anticipada. El PPT señala que la fecha máxima prevista se sitúa en 2027.

Capacidad crítica

Hay una frase del pliego que resume bastante bien el sentido de la adquisición. La Armada considera «crítica» la capacidad de transporte logístico marítimo. Y, en efecto, lo es.

Como habitualmente mencionamos, un remolcador de altura o un buque auxiliar difícilmente ocupa el espacio informativo de una fragata F-110, un submarino S-80 o un nuevo buque de aprovisionamiento de combate. Sin embargo, una flota que aprecie su operatividad no funciona únicamente con sus unidades principales. Necesita barcos capaces de transportar cargas, llevar combustible y agua, auxiliar a otros buques, recuperar una unidad averiada, apoyar ejercicios y despliegues y realizar multitud de cometidos poco visibles pero imprescindibles.

La Armada quiere que estos buques sean capaces de auxiliar en alta mar a grandes unidades dañadas por accidente o por acciones de combate y remolcarlas hasta un arsenal, al tiempo que contribuyen al sostenimiento de fuerzas españolas o aliadas.

La nueva licitación debe entenderse, por tanto, dentro de un proceso más amplio y necesario: la renovación de los medios auxiliares de la Armada y de las capacidades logísticas asociadas, durante demasiado tiempo sostenidas en algunos casos por barcos de extraordinaria longevidad.

 

El imponente Ysabel, A-06, del Ejército de Tierra

 

En ese mismo ámbito logístico se encuadran también los buques de transporte Ysabel (A-06) y El Camino Español (A-07). Ambos gozan de la particularidad de que son propiedad del Ejército de Tierra, pero están operados por dotaciones de la Armada e integrados en la Fuerza de Acción Marítima. Su cometido es proporcionar transporte marítimo de personal, vehículos y material militar, tanto hacia Baleares, Canarias, Ceuta y Melilla como en apoyo de las fuerzas españolas desplegadas en operaciones internacionales, constituyendo actualmente las principales plataformas de transporte logístico marítimo puestas a disposición del Ejército de Tierra.

El Carnota abrió el camino en 2023. El Cartagena lo continuó un año después. La adquisición ahora licitada, por otros 30 millones de euros, permitirá sumar una tercera unidad a esta peculiar y pragmática familia de buques.

No serán los barcos más espectaculares de la Armada. Pero pocas cosas explican mejor la capacidad real de una flota que aquello que le permite seguir navegando cuando las unidades principales necesitan combustible, carga, asistencia o un remolque de varios cientos de millas.

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