El NH90 sobre la maqueta presentada por Navantia en Dinamarca abrió varias interpretaciones sobre el futuro helicóptero antisubmarino de la Armada

Jorge Estévez-Bujez
La presencia de un NH90 sobre la cubierta de vuelo de la maqueta de la F-110 Flight II presentada por Navantia en Copenhague fue quizás un detalle menor, pero no pasó desapercibida, especialmente porque la Armada ha adquirido 8 helicópteros MH-60R Seahawk precisamente para sustituir a los veteranos (y en cierta cantidad ya desactivados) SH-60B en las misiones de guerra antisubmarina —ASW— y guerra antisuperficie —ASuW—. La imagen permitía, inevitablemente, algunas interpretaciones. Podría entenderse como un indicio de que el NH90 continúa teniendo opciones de convertirse a largo plazo en el helicóptero antisubmarino de referencia de la Armada; como una demostración de las posibilidades de la nueva fragata para operar con una aeronave sensiblemente más voluminosa que el Seahawk; o, sencillamente, como una elección comercial relacionada con el cliente al que iba dirigida la maqueta.

Maqueta de la Flight II presentada por Navantia con el NH90 embarcado. Imagen: navalnews
En todo caso, valga recordar desde el principio que la F-110 Flight II mostrada por Navantia es una propuesta destinada inicialmente al mercado danés y no la configuración aprobada de unas futuras F-116 y F-117 españolas, por más que estemos cerca del próximo anuncio de la contratación de estas últimas por el Ministerio de Defensa. Extraer de la aeronave colocada sobre su cubierta una decisión ya tomada para la 10ª Escuadrilla de Aeronaves de la Armada sería, por tanto, ir mucho más allá de la información disponible.
Aun así, el detalle merece ser analizado. Especialmente porque DYS ha consultado a especialistas españoles, algunos de ellos estrechamente familiarizados con la aviación naval, y sus opiniones permiten contemplar la cuestión desde perspectivas bastante diferentes.
Un NH90 que admite varias lecturas
El periodista y analista especializado Juanjo Fernández, consultado por DYS, considera que la substitución en la maqueta del MH-60R mostrado en ocasiones anteriores por un NH90 puede responder a varias circunstancias y advierte precisamente contra una interpretación única.
Una de ellas sería que Navantia estuviese haciendo «un guiño a Airbus Helicopters», ante la posibilidad de que una futura versión antisubmarina del NH90 pueda competir por las necesidades adicionales de la Armada una vez incorporados los primeros Romeo.
España va a necesitar previsiblemente más helicópteros ASW que los inicialmente contratados y, según Fernández, una hipotética continuación del programa mediante el producto europeo podría cobrar sentido si «el diseño convence a la Armada» y España mantiene una política orientada a conseguir una mayor autonomía respecto a los sistemas estadounidenses.
Es probablemente el argumento más favorable al NH90. Permitiría incrementar la participación industrial española, extender la comunidad logística de una plataforma ya utilizada por los 3 Ejércitos y reducir parcialmente la dependencia exterior en una capacidad naval especialmente sensible.
Pero Fernández señala inmediatamente el principal argumento en dirección contraria: el MH-60R ya existe, funciona y es conocido por la Armada, mientras que una variante antisubmarina española del NH90 implicaría inevitablemente desarrollo, integración y las incertidumbres propias de todo nuevo sistema.
En sus palabras, el Romeo constituye «un producto probado y fiable que nuestros marinos conocen y saben que funciona», frente a un desarrollo nuevo que necesariamente llevaría aparejado cierto grado de incertidumbre.
No es, sin embargo, la única explicación que contempla.
Quizá el verdadero mensaje sea el tamaño del hangar
Hay una segunda interpretación aportada por Juanjo Fernández que resulta especialmente interesante y que probablemente haya recibido mucha menos atención.
La presencia del NH90 podría responder a un motivo puramente comercial. Navantia estaría mostrando con él que el hangar de la Flight II puede albergar y operar una aeronave del tamaño del NH90, algo especialmente relevante para potenciales clientes europeos.
La diferencia no es, en cualquier caso, insustancial. Como recuerda Fernández, los hangares de las actuales fragatas españolas fueron concebidos fundamentalmente alrededor de la familia SH-60. Entre las F-100, únicamente la F-105 Cristóbal Colón recibió las modificaciones necesarias para operar adecuadamente con el NH90, una plataforma sensiblemente más voluminosa.
Colocar precisamente un NH90 sobre la Flight II permitiría, por tanto, transmitir visualmente y sin mayores explicaciones una característica comercial importante: la nueva evolución de la F-110 está preparada para recibir helicópteros navales de mayor tamaño.

Una pareja de Romeo de la US Navy. Imagen: US Navy
Sería, además, un argumento de exportación significativo. Varias marinas europeas utilizan o tienen previsto utilizar variantes navales del NH90. Mostrar directamente esa compatibilidad amplía la percepción del mercado potencial de la fragata y evita presentarla como un buque condicionado al ecosistema Seahawk.
Esta explicación tiene además la virtud de no necesitar ninguna decisión española implícita detrás.
No debemos olvidar que la maqueta está pensada para Dinamarca
Existe todavía una tercera variable.
La Flight II fue presentada como propuesta de Navantia para Dinamarca, de manera que tampoco puede descartarse que algunos de los elementos mostrados respondan al carácter internacional de la oferta y no a las necesidades de la Armada.
Paradójicamente, Dinamarca ya es usuaria del MH-60R, lo que impide concluir que la presencia del NH90 responda directamente a una necesidad conocida de la Marina danesa. En concreto, opera el MH-60R desde 2016-2017. Tiene 9 helicópteros, asignados a la Eskadrille 723 de la Real Fuerza Aérea Danesa, con base en Karup. Y, aunque los vuela el Ejército del Aire, operan en apoyo de la Armada.
También, por qué no, podría tratarse simplemente de la representación de un helicóptero naval europeo, de una demostración de flexibilidad del hangar o de una configuración conceptual destinada a subrayar que el buque no está condicionado a una única aeronave.
Así pues, la propia naturaleza de la maqueta obliga a actuar con precaución, porque ni demuestra que España haya elegido el NH90 ni tampoco que Dinamarca esté interesada en adquirirlo. Del mismo modo, no impide plantearse qué ocurriría si Airbus consiguiera finalmente convertir su futura variante antisubmarina en una alternativa real al Romeo para España.
El MH-60R llega para cubrir una necesidad que no podía esperar
La compra española del MH-60R Romeo tiene una explicación esencialmente operacional, lógica y urgente. Los SH-60B de la Armada llevan décadas desempeñando una de las funciones más importantes dentro de los grupos navales españoles, extendiendo a gran distancia de las fragatas su capacidad para detectar, clasificar y atacar submarinos.
España, que ya ha retirado de operación a varios de ellos, como antes se apuntó, necesitaba substituirlos sin esperar al desarrollo de una nueva versión antisubmarina del NH90, por más que ésta se haya planteado a la Armada por parte de Airbus.
El Romeo ofrecía, en ese sentido, una solución de bajo riesgo. Es el principal helicóptero de guerra antisubmarina y antisuperficie de la US Navy y dispone de un sistema de misión plenamente desarrollado que combina sonar calable, sonoboyas, radar multimodo, sensores electroópticos, equipos de guerra electrónica, enlaces de datos y armamento antisubmarino y antisuperficie.
Pero existe un argumento todavía más profundo que la mera comparación de prestaciones. La Armada lleva aproximadamente 4 décadas construyendo su aviación antisubmarina embarcada alrededor de la familia Sikorsky Seahawk.
No estamos hablando únicamente del helicóptero, estamos hablando de doctrina, procedimientos, formación de tripulaciones, técnicos y mecánicos, mantenimiento, experiencia operacional, integración con los escoltas y una cultura de utilización adquirida durante miles de horas de vuelo y numerosos despliegues. Y esa circunstancia pesa enormemente en cualquier decisión futura.
Una fuente consultada por DYS: cambiar ahora de ecosistema tendría difícil justificación
Una fuente especializada consultada por DYS, con amplio conocimiento de la aviación naval española, pero que prefiere mantener el anonimato, ofrece una valoración considerablemente más contundente.
En su opinión, introducir una nueva variante antisubmarina del NH90 después de décadas de experiencia con Sikorsky tendría difícil justificación operacional, porque la Armada no estaría substituyendo simplemente un modelo de helicóptero por otro. Tendría que abandonar progresivamente —o duplicar— todo un ecosistema en el que acumula alrededor de 40 años de experiencia.
Pilotos, operadores, mecánicos, procedimientos, doctrina, mantenimiento, logística e integración buque-helicóptero forman parte de una capacidad que va mucho más allá de la aeronave.
Y en esto, cómo no, resulta especialmente importante la relación entre los Seahawk y las fragatas españolas equipadas con el sistema de combate AEGIS.

Un SH60 español cubierto de nieve en las gélidas aguas del norte de Europa. Imagen: Armada
Los SH-60B han formado parte de esa arquitectura operacional y el MH-60R representa precisamente la evolución natural de esa misma filosofía. Introducir un NH90 antisubmarino obligaría a desarrollar y certificar una nueva integración con los sistemas de combate de los escoltas, con una complejidad técnica y económica que debería compensarse mediante ventajas suficientemente importantes.
Según esta fuente, actualmente no resulta en modo alguno evidente que esas ventajas existan.
El MH-60R es un sistema probado, maduro y eficaz, utilizado a gran escala y sometido continuamente a mejoras. Frente a él, España tendría que asumir el desarrollo de una variante naval del NH90 que debería demostrar no sólo prestaciones equivalentes, sino también que el coste y las dificultades de introducir un segundo ecosistema compensan realmente el esfuerzo.
Otra fuente apunta al sostenimiento como el gran interrogante del NH90
Una segunda fuente del ámbito de la defensa consultada por DYS introduce además una variable que, en su opinión, tampoco debería quedar fuera de cualquier comparación seria entre ambos sistemas: el historial de disponibilidad y sostenimiento del NH90
Su análisis no cuestiona las cualidades de vuelo del aparato ni considera que los problemas registrados por determinados operadores puedan trasladarse automáticamente a una futura variante HSPN española, principalmente porque es algo que no podemos conocer aún. Pero recuerda que el sostenimiento ha constituido durante buena parte de la vida del programa uno de sus principales puntos débiles y que éste no es precisamente un elemento secundario cuando se habla de una capacidad antisubmarina embarcada.
El caso más extremo ha sido con toda probabilidad el de Noruega, que en 2022 decidió rescindir completamente el contrato y devolver sus NH90 después de concluir que el sistema no podía proporcionar las horas de vuelo requeridas incluso aumentando el mantenimiento y la provisión de repuestos. Los helicópteros debían generar alrededor de 3900 horas de vuelo anuales y apenas conseguían una media próxima a las 700, una diferencia difícilmente sostenible para una capacidad operacional de primera línea.
Otros países han adoptado decisiones igualmente significativas, aunque por razones y circunstancias no siempre idénticas. Como se recordará, Australia retiró anticipadamente sus MRH-90 Taipan, después de años marcados por dificultades de disponibilidad, sostenimiento y costes; Bélgica ha decidido hacer lo propio con sus NH90 TTH, tras reconocer problemas de disponibilidad, mientras mantiene los NFH navales; y Suecia, como informábamos hace escasos días, ha optado por abandonar progresivamente parte de su flota NH90 terrestre, concentrando determinadas misiones alrededor del Black Hawk.
En cualquier caso, siempre será más oportuno no simplificar. Porque no todos esos ejemplos afectan a la misma variante del NH90 ni pueden trasladarse directamente a un hipotético HSPN español. Y es cierto, además, que Bélgica mantiene sus aparatos navales; del mismo modo, Suecia conserva por ahora su componente marítimo; Alemania continúa incorporando nuevas variantes navales y otros usuarios europeos mantienen importantes programas de modernización.

NH90 belga
Según esta fuente, la lectura más correcta quizá consista en entender que el problema histórico del NH90 ha estado en numerosas ocasiones menos relacionado con las cualidades del helicóptero en vuelo que con la dificultad para generar suficientes horas de vuelo de manera regular, previsible y, sobre todo, económicamente sostenible.
Repuestos que no llegaban con la rapidez necesaria, ciclos de mantenimiento excesivamente prolongados, retrasos en determinadas configuraciones y tasas de disponibilidad inferiores a las previstas han acompañado durante años a distintas flotas.
Pero también aquí existe otra cara, porque países que han introducido modificaciones profundas en el modelo de soporte han conseguido mejorar sensiblemente sus tasas de disponibilidad. Francia y Alemania impulsaron cambios en el sostenimiento junto a la industria; Países Bajos continúa operando y ampliando su flota naval y Nueva Zelanda ha conseguido niveles de disponibilidad particularmente elevados.
Ello sugiere que buena parte del problema no reside únicamente en la aeronave, sino también en cómo se organiza y financia su sostenimiento y en la capacidad de la industria para garantizar repuestos, mantenimiento y soporte durante toda su vida operativa.
Precisamente por ello, la cuestión adquiere especial importancia para España.
El NH90 HSPN tendría que demostrar no sólo que puede ofrecer una capacidad antisubmarina comparable al Romeo en sensores, armamento o autonomía. Tendría que acreditar también que su sostenimiento permite obtener una disponibilidad suficientemente elevada y previsible, y que el sistema no consume una parte anormalmente elevada del presupuesto, porque de poco sirve disponer de un excelente helicóptero ASW sobre el papel si no puede generar las horas de vuelo necesarias cuando el grupo naval lo requiere.
Frente a ello, el MH-60R llega con una cadena logística madura, una gran flota internacional detrás y una arquitectura de sostenimiento desarrollada durante años.
2 helicópteros ASW para una Armada relativamente pequeña
La convivencia entre MH-60R y NH90 antisubmarinos podría parecer atractiva sobre el papel, quizás complementaria, pero desde el punto de vista logístico resulta mucho menos evidente.
España se vería obligada a mantener simultáneamente 2 cadenas de mantenimiento, 2 sistemas de formación, diferentes repuestos, simuladores y procedimientos operacionales, además de afrontar la integración de ambos sistemas con sus buques. Todo esto, en una Armada de dimensiones muy inferiores a la estadounidense, semejante duplicidad sólo tendría sentido si existieran razones operativas o industriales extraordinariamente poderosas.
La otra posibilidad —retirar progresivamente los Romeo una vez disponible el NH90— resultaría igualmente difícil de explicar y casi imposible de justificar, habida cuenta de que el helicóptero de Sikorsky (ahora Lockheed Martin) aún no ha entrado en servicio.
Los MH-60R españoles serán aeronaves prácticamente nuevas cuando una hipotética variante HSPN pueda alcanzar una madurez suficiente para convertirse en alternativa. Substituir prematuramente un sistema recién incorporado, plenamente operativo y conocido por la Armada supondría desaprovechar buena parte de la inversión realizada.
De ahí que la fuente consultada por DYS considere mucho más natural otra evolución.
¿Un segundo lote de Romeo?
Los 8 MH-60R contratados por España podrían no constituir necesariamente la cifra definitiva. La necesidad operacional existe. La Armada dispone de 5 fragatas F-100, incorporará otras 5 F-110 y podría aumentar nuevamente el número de escoltas si finalmente se materializan futuras F-116 y F-117. A ello se suman otros buques que podrían necesitar del concurso del Romeo, despliegues internacionales, períodos de mantenimiento, formación y la necesidad de generar suficientes unidades aéreas embarcadas para acompañar a los buques cuando sea necesario.
8 helicópteros proporcionan una capacidad importante, pero dejan poco margen para mantener simultáneamente múltiples destacamentos en operaciones mientras se atienden mantenimiento, instrucción y disponibilidad; quizás no para atender Atalanta, pero sí llegado el caso de afrontar operaciones de alta intensidad.

Una pareja de «Romeos» de la US Navy
La hipótesis de un segundo lote de MH-60R aparece así como una evolución perfectamente lógica. La fuente consultada por DYS considera razonable que, una vez iniciada la incorporación de los primeros Romeo y comprobada su entrada en servicio, pueda plantearse en un horizonte relativamente próximo una ampliación de la flota.
Como siempre apuntamos, no existe ninguna información oficial que respalde afirmar que esa decisión esté tomada ni establecer cuándo podría producirse. Pero desde el punto de vista operacional tendría una lógica evidente ampliar un sistema recién adquirido y perfectamente conocido en lugar de abrir una segunda línea ASW completamente diferente y de gran riesgo.
Los NH90 de la 14ª Escuadrilla cubren otra necesidad
A pesar de todo lo anterior, no se trata aquí de cuestionar el papel del NH90 dentro de la Armada.
Los NH90 MSPT de la 14ª Escuadrilla de Aeronaves, conocidos como Sable, cubren unas necesidades diferentes y muy importantes. Son helicópteros concebidos fundamentalmente para transporte táctico naval, operaciones especiales, recuperación de personal, evacuación sanitaria, búsqueda y rescate y otras misiones de apoyo.
En ese terreno, una plataforma de mayores dimensiones y capacidad de transporte resulta especialmente útil. Pero la cuestión es distinta cuando se analiza la guerra antisubmarina y antisuperficie (ASW/ASuW).
El futuro NH90 HSPN estudiado por Airbus sería una aeronave considerablemente diferente de los actuales MSPT y necesitaría integrar sonar calable, sonoboyas, procesamiento acústico, enlaces tácticos, armamento y una arquitectura completa de misión ASW/ASuW.
España no lo ha contratado, y la pregunta, por tanto, no es si el NH90 puede convertirse técnicamente en un helicóptero antisubmarino. Variantes navales como el Sea Tiger alemán, como antes se apuntaba, demuestran que puede hacerlo. La pregunta es mucho más concreta: ¿qué gana realmente la Armada cambiando de sistema cuando acaba de adquirir el MH-60R?
MH-60R frente a NH90 HSPN
Ambos helicópteros pueden ocupar el mismo espacio general dentro de una fuerza naval, pero parten de situaciones muy diferentes para España.
| Característica | MH-60R Seahawk | NH90 HSPN / NFH |
|---|---|---|
| Situación en España | 8 contratados | En estudio |
| Experiencia de la Armada con la familia | Aproximadamente 40 años | NH90 naval recientemente incorporado en versión transporte |
| Misión principal | ASW / ASuW | ASW / ASuW |
| Madurez operacional | Muy alta | Alta en algunos NFH; variante española no desarrollada |
| Sonar calable | Sí | Sí |
| Sonoboyas | Sí | Sí |
| Radar marítimo | Sí | Sí |
| EO/IR | Sí | Sí |
| Guerra electrónica | Sí | Sí |
| Enlaces tácticos | Sistema operativo y probado | Deberían integrarse y certificarse |
| Torpedos | Sí | Sí |
| Integración con escoltas españoles | Continuidad del ecosistema Seahawk | Necesitaría desarrollo específico |
| Integración con AEGIS | Ecosistema consolidado | Mayor esfuerzo de integración |
| Tamaño | Menor | Mayor |
| Cabina | Más reducida | Considerablemente mayor |
| Participación industrial española | Comparativamente limitada | Potencialmente elevada |
| Riesgo de introducción | Bajo | Superior |
| Base logística española | Heredera de décadas de operación Sikorsky | En crecimiento mediante el programa NH90 |
| Potencial industrial nacional | Menor | Mayor |
El NH90 es una plataforma sensiblemente más grande, con más volumen disponible para operadores, equipos y futuras evoluciones. Es una ventaja real, pero no convierte automáticamente a una aeronave en un mejor sistema antisubmarino.
En ASW resulta determinante el conjunto formado por sensores, procesamiento acústico, sistema de misión, enlaces de datos, armamento, integración con el buque y doctrina operacional. El MH-60R cuenta aquí con una ventaja particularmente difícil de cuantificar en una tabla, y es que España no empieza desde cero.
Industria (en el sentido de política/interés industrial) frente a continuidad operacional
Este es probablemente el fondo del debate.
El NH90 ofrece a España una oportunidad industrial considerablemente mayor. No cabe duda. Airbus Helicopters España participa directamente en el programa y la extensión de la plataforma a una variante antisubmarina permitiría consolidar capacidades nacionales de fabricación, integración y sostenimiento.
También encajaría en la estrategia europea de reducción de determinadas dependencias estadounidenses. Son argumentos de peso. Pero una marina no elige —no debe— un helicóptero antisubmarino únicamente mediante criterios industriales; para eso están los políticos, no los marinos.
La Armada debe valorar disponibilidad, fiabilidad, trayectoria, integración, doctrina, logística, riesgo tecnológico, costes de ciclo de vida y capacidad real para operar desde el primer día junto a sus escoltas.
Y es precisamente ahí donde el Romeo presenta hoy su argumento más potente, porque no promete una capacidad futura; la proporciona ya.
Cabe preguntarse, para terminar, ¿qué significa realmente el NH90 sobre la Flight II?, si es que realmente significa algo. Después de incorporar todas estas variables, probablemente la respuesta más rigurosa sea también la menos espectacular.
No lo sabemos. Puede ser un guiño industrial a Airbus. Puede expresar una visión de futuro en la que el NH90 compita por una segunda fase de renovación de los helicópteros ASW de la Armada. Puede demostrar simplemente que el hangar de la Flight II admite una aeronave mayor que el Seahawk. También puede responder al carácter comercial y europeo de una maqueta destinada inicialmente a Dinamarca. O puede, simplemente, combinar varias de estas intenciones.
Lo que no sería razonable es convertir la presencia del helicóptero en una confirmación de que la Armada ha decidido substituir el ecosistema Sikorsky por el NH90. La experiencia acumulada pesa demasiado como para considerar semejante cambio una cuestión posible, menor o contemplada más allá de lo sensato.
Después de esos casi 40 años operando la familia Seahawk, España dispone de conocimientos, doctrina, personal y estructuras de apoyo cuya importancia difícilmente puede reflejarse exclusivamente mediante las especificaciones técnicas de una aeronave. Además, los primeros MH-60R están a punto de incorporarse.
Por ello, la posibilidad de que los 8 Romeo actuales sean seguidos por un segundo lote parece, al menos desde una perspectiva puramente operacional, una hipótesis especialmente coherente.
Mientras tanto, los NH90 MSPT de la 14ª Escuadrilla proporcionan a la Armada una plataforma moderna y capaz para las misiones de transporte táctico y apoyo naval para las que han sido adquiridos.
Quizá, después de todo, el reparto más racional sea ése: NH90 para aquellas funciones en las que su tamaño, capacidad y comunalidad nacional aportan claras ventajas; MH-60R para una guerra antisubmarina en la que la Armada dispone ya de largos años de experiencia dentro del ecosistema Sikorsky.
La maqueta de Navantia no nos permite saberlo; puede que ni siquiera debiera ser objeto de debate, y tratarse tan sólo de manera accesoria, accidental. Pero el NH90 colocado sobre su cubierta ha servido, al menos, para poner sobre la mesa una pregunta que tarde o temprano tendrá que responderse, sobre todo porque España necesitará más helicópteros antisubmarinos —y todo indica que será así—. Y, así las cosas, ¿tendría sentido abrir una nueva familia o resulta más lógico continuar por el camino del Romeo?

Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

