Trump, Groenlandia y un austriaco enfurecido

Groenlandia en la picota y las amenazas de ruptura de la Alianza sobre la mesa

La Casa Blanca vuelve a las andadas. Con Trump siempre en campaña mediática, y toda vez clara su capacidad para cumplir advertencias y materializar amenazas ha quedado meridianamente clara, el discurso de “comprar” Groenlandia resurge, esta vez acompañado de una amenaza explícita: “el uso de las fuerzas armadas está siempre sobre la mesa”. Lo ha dicho su portavoz hace apenas unas horas, apuntando a razones de “seguridad nacional” y a la necesidad de contener a Rusia y China en el Ártico.

La historia se repite, pero con esteroides. Si ya en 2019 la propuesta ya fue ridiculizada por Copenhague -desde entonces se ha venido repitiendo-, ahora se lanza con una narrativa abiertamente coercitiva, como si la base aérea de Thule –presente allí desde la Guerra Fría– no bastara como punto de proyección. El argumento gira en torno a los minerales estratégicos y las rutas marítimas del deshielo polar, pero lo que subyace bien puede ser una advertencia: si Groenlandia no se entrega, se toma.

La reacción europea ha sido inmediata. Macron y Starmer han dejado claro que Dinamarca y Groenlandia decidirán su destino, sin amenazas externas. No lo dicen por cortesía diplomática, sino por puro instinto de supervivencia: si EE. UU. normaliza la anexión por la fuerza de un territorio aliado, ¿qué frena mañana otras excéntricas aventuras?

Y ahí entra Fehlinger. Gunther Fehlinger, presidente del Comité Austriaco para la Ampliación de la OTAN, ha soltado la bomba desde su cuenta en X: si Washington se lanza sobre Groenlandia, Europa debe confiscar las bases estadounidenses en el continente. De Aviano a Ramstein, pasando por Rumanía. No es un portavoz oficial, pero su advertencia refleja un malestar real, incluso visceral, entre sectores que hasta ahora se habían alineado sin condiciones con EE. UU.

La escena no es baladí. Europa acoge miles y miles de soldados norteamericanos y decenas de instalaciones que sirven como pilar disuasorio ante Rusia. ¿Qué pasa si se revienta ese vínculo? Lo que ya algunos vienen a decir es que el chantaje de Trump puede volverse contra él: si insiste en usar Groenlandia como pretende, acelerará la desvinculación estratégica europea, algo que, no lo duden, en Moscú se celebraría con champán.

A todo esto, hay que decir, el plan no parece tanto una invasión como una operación de “seducción forzada”: fomentar un referéndum de independencia en Groenlandia, para luego convertirla en un territorio asociado, al estilo Guam o Samoa Americana. Pero incluso ese modelo parte de un supuesto dudoso: que los groenlandeses querrían cambiar una dependencia por otra, con la amenaza militar como telón de fondo.

En el fondo, el problema no es Groenlandia. Es el agotamiento de un modelo de alianza que gira en torno a EE. UU., justo cuando su liderazgo se vuelve errático, a la vez que fundamental. Europa está viéndose obligada a decidir si sigue fiándose de una relación basada en la igualdad de los socios atlánticos o en la amenaza de abandono, o ver si, por el contrario, empieza, de una vez, a construir algo propio. Porque esta vez, la amenaza no está al otro lado del Ártico, sino sentado al otro lado del escritorio, y éso, tratándose del aliado más importante de la OTAN, desvirtúa cualquier asociación.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

Un comentario

  1. Es una vergüenza que ni siquiera Dinamarca haya respondido como EEUU merece. Sabemos que Rusia es un peligro presente para Europa y suponemos que China lo será en el futuro, pero si un antiguo aliado muta en traidor y tirano y se transforma en un peligro cierto, los países de Europa han de actuar con decisión y sin miedo. Para empezar pueden disolver la OTAN de la que también Canadá saldría de buen grado. El siguiente paso podría ser el cierre de todas las bases de EEUU en el continente. El tercero, irreversible, sería el despliegue en Groenlandia de tropas y equipos de todo el continente y de Canadá, país este último que quedaría encerrado si Trump consigue hacerse con la isla y que además ya ha sido amenazado por su vecino. En paralelo con todo lo anterior, la denuncia por los países europeos del TNP y la puesta en marcha sin dilación de un programa nuclear que devuelva la soberanía real a cada uno de ellos.

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