Proyecto Islero: el escudo invisible de la soberanía española (II)

FASE 2: «El músculo y la geopolítica» (la infraestructura)

«Vandellós I en construcción: el gigante de grafito-gas que prometía la independencia energética… y el material para 36 ojivas nucleares.»

1. La geopolítica de la ambigüedad

Desde el punto de vista estratégico, a España no le interesa «tener la bomba», sino que sus rivales potenciales no estén seguros de si la tiene o no. Esta es la «disuasión por incertidumbre»:

  1. Tratados: España cumple el TNP (Tratado de No Proliferación), lo que le permite acceder a tecnología nuclear global.
  2. Infraestructura: Mantiene una cadena de suministro capaz de realizar el «breakout» (el salto al arma) en un plazo estimado de entre 6 y 18 meses si el tratado se denunciara por una emergencia nacional.
    Vectores: Los submarinos clase S-80 Plus, por ejemplo, poseen capacidad de ataque a tierra mediante misiles de largo alcance.

El Proyecto Islero, por tanto, no es una reliquia guardada en una caja, sino una capacidad industrial y científica distribuida por todo el Estado, protegida por una ley que impide que incluso el Parlamento conozca su alcance real.

Cómo el reactor Vandellós I (ya clausurado) fue la mayor oportunidad perdida de España para obtener plutonio de grado militar de forma masiva

Para entender por qué el Proyecto Islero estuvo tan cerca del éxito, hay que analizar el reactor Vandellós I (Tarragona). Si el reactor Coral-1 fue el cerebro del programa (donde se hacían los cálculos), Vandellós I fue diseñado para ser el músculo: la fuente inagotable de plutonio.

Central Nuclear de Vandellós I. Foto: EL MUNDO/EFE

2. La elección técnica: el modelo UNGG

A diferencia de los reactores de agua ligera (como los de la mayoría de las centrales actuales), Vandellós I utilizaba tecnología francesa UNGG (Uranio Natural Grafito Gas). Esta elección no fue casualidad, sino una decisión estratégica de alto nivel:

Uranio natural: No necesitaba uranio enriquecido (que en aquella época solo proporcionaba EE. UU. bajo estrictas condiciones de uso civil). España podía alimentar el reactor con su propio uranio de las minas de Salamanca.
Moderador de grafito: Este sistema es extremadamente eficiente para la producción de Plutonio-239.
Extracción en marcha: Los reactores UNGG permitían extraer las barras de combustible sin apagar el reactor. Esto es clave para el uso militar: para obtener plutonio de «grado armamentístico», el combustible debe permanecer poco tiempo en el reactor. Si se deja demasiado (como en la producción de electricidad normal), el plutonio se contamina con isótopos no deseados (²⁴⁰Pu).

Nota del autor: el factor Palomares y la pureza del material
La soberanía técnica española dio un salto cualitativo tras el incidente de Palomares (1966). Fue allí donde los científicos españoles, liderados por Guillermo Velarde, descubrieron el uso del poliestireno como componente crítico para la compresión por radiación; un secreto que EE. UU. guardaba celosamente y que es esencial para las armas termonucleares modernas (bomba H). Asimismo, es importante recordar que la pureza del material se basa en una gestión física de los tiempos de reacción dentro del reactor, permitiendo que la posterior separación química (proceso PUREX) entregue un producto de grado armamentístico libre de impurezas isotópicas.

3. El acuerdo secreto con Francia

El realismo del proyecto se sustenta en la geopolítica de los años 60. Francia, bajo el mando de Charles de Gaulle, quería una Europa con autonomía estratégica frente a EE. UU. y la URSS.

Francia vendió a España la tecnología de Vandellós I sabiendo perfectamente que era el modelo que ellos mismos habían usado para sus primeras bombas atómicas. El plan era crear un eje nuclear París-Madrid. Esto permitiría a España obtener plutonio sin pasar por el control de la Comisión de Energía Atómica de EE. UU.

El reactor Vandellós I fue la pieza maestra. Gracias a un pacto personal entre Franco y De Gaulle, Francia entregó a España un reactor que podía trabajar al 110% de su potencia. Esto no era para dar más luz a Cataluña, sino para producir Plutonio-239 de alta pureza sin que los inspectores internacionales pudieran intervenir.

El plan era ambicioso: un arsenal de 36 bombas de 20 kilotones (potencia similar a la de Nagasaki). Pero el «vector» era aún más audaz: submarinos nucleares de ataque (SNA) de clase Rubis, fabricados en Cartagena con patente francesa, armados con torpedos y minas nucleares.

A principios de la década de 1960, el presidente francés De Gaulle y Francisco Franco alcanzaron un acuerdo para que España desarrollara armas nucleares, permitiendo a Madrid instalar un reactor fuera del control de la Agencia Internacional de Energía Atómica (AIEA).

4. La capacidad de producción real

Foto: Vandellós I

Los cálculos técnicos de la época indicaban que Vandellós I, operando a pleno rendimiento, podía producir suficiente plutonio para fabricar entre 10 y 15 ojivas al año.

Sin embargo, para cerrar el círculo, España necesitaba una planta de reprocesamiento (para separar el plutonio del uranio usado). Aquí es donde entra el blindaje de la Ley de Secretos Oficiales:

• Se proyectó una planta secreta en Soria (Planta Querejeta).
• Se realizaron estudios de emplazamiento y planos de ingeniería que hoy siguen clasificados.
• El objetivo era que el plutonio extraído en Soria fuera enviado al centro de montaje final en los laboratorios de Madrid o centros militares subteráneos.
• El momento Trinity español estaba fechado para 1977. El lugar: Miyec, en el sureste del Sáhara español. Allí, camuflado como una estación meteorológica, el Ejército había excavado un pozo de 150 metros de profundidad. Con un presupuesto de 8.500 millones de pesetas, España estaba a solo un click de vitrificar el desierto y declarar su soberanía absoluta ante el mundo.

5. El fin de Vandellós I y el rastro del plutonio

Imagen: desperfectos en el accidente de Vandellós 1

• Un incendio en la zona de turbinas en 1989 (ya en democracia) llevó al cierre definitivo de la central. Fue el «clavo en el ataúd» que permitió a los gobiernos democráticos cerrar un capítulo que era diplomáticamente muy incómodo con los aliados. Sin embargo, el material generado durante años plantea la pregunta más realista y actual del Proyecto Islero: ¿dónde está ese material?

Aunque España está sujeta a las salvaguardias de la OIEA, el control sobre el combustible gastado y las trazas de plutonio generadas antes de la firma completa del Tratado de No Proliferación (TNP) sigue siendo uno de los temas más sensibles de la seguridad nacional española.

6. Profundizando en la Ley de Secretos de 1968

Esta ley es la que impide que hoy sepamos si se llegó a fabricar un prototipo de «dispositivo experimental» (una bomba sin capacidad de lanzamiento).

Clasificación técnica: Los diagramas de las «lentes explosivas» (los detonadores convencionales que comprimen el núcleo) están protegidos bajo esta ley.
Ubicación de archivos: Los archivos del Proyecto Islero no están en un solo lugar, sino fragmentados entre el CIEMAT (antigua JEN), el INTA y el Estado Mayor de la Defensa. Esta fragmentación legal hace que sea imposible desclasificar el proyecto por accidente o mediante peticiones de transparencia.

El Proyecto Islero es el ejemplo perfecto de «tecnología de doble uso». España no violó ninguna ley internacional mientras construía Vandellós I, simplemente eligió la tecnología civil que más fácilmente podía convertirse en militar.

Los detalles de la Planta Querejeta en Soria y cómo se diseñó para ser invisible a los vuelos de reconocimiento de la época o si el camuflaje era industrial/civil:

La Planta Querejeta, proyectada en la provincia de Soria, representa el eslabón perdido del Proyecto Islero. Mientras que Vandellós I era el reactor que «quemaba» el combustible, Querejeta debía ser la «carnicería» química donde se extraía el plutonio puro de las barras de combustible irradiadas.

Sin esta planta, el plutonio es inútil, ya que permanece atrapado en una mezcla altamente radiactiva de uranio y productos de fisión.

Cierre Fase 2: «En la próxima entrega: los planos de la ojiva y el misil que nunca llegó a despegar».

 

J. Víctor Fauli

defensayseguridad.es

 

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