El compañero terrestre

Los enjambres de drones no sólo están en el aire. “Los carros y los obuses también necesitarán un compañero”. Lecturas y conclusiones tras Defence24Days

Redacción

Defence24, en un artículo firmado por Jakub Borowski y publicado el 12 de mayo, recoge una idea que ya no pertenece al terreno de la prospectiva, y a la que los ejércitos de todo el mundo se esfuerzan por encontrar soluciones: los vehículos terrestres no tripulados han dejado de ser una rareza tecnológica para convertirse en una herramienta cada vez más presente en el campo de batalla. La guerra en Ucrania, como ocurre también con los drones aéreos, está acelerando su empleo, su adaptación y su lectura doctrinal, en aras de consolidarse lo antes posible.

 

Se puede predecir que, con el tiempo, los vehículos terrestres no tripulados funcionarán de forma similar a los enjambres de sistemas aéreos no tripulados.
Autor: Łukasiewicz – PIAP

 

El texto parte de la premisa de que, si bien los sistemas terrestres no tripulados no avanzan al mismo ritmo que los aéreos, su importancia operativa crece con rapidez. La cuestión ya no es si tendrán utilidad, sino en qué funciones sustituirán, complementarán o protegerán a los medios tripulados. La discusión se produjo en el marco de las interesantes jornadas Defence24 Days, forganizadas por la web homónima y donde mandos militares y representantes industriales abordaron el papel de estas plataformas en un entorno marcado por la vigilancia constante, la artillería de precisión, las municiones merodeadoras y la dificultad creciente para mover vehículos tripulados cerca de la línea de contacto.

El teniente general Jarosław Gromadziński, director del Instituto de Defensa, planteó precisamente una de las preguntas de más interés: si los sistemas terrestres no tripulados podrán llegar a tener una difusión comparable a la de los sistemas aéreos no tripulados. También introdujo un debate ya clásico en el mundo de los vehículos militares: rueda u oruga. Es una discusión técnica, y por tanto básica, porque condiciona movilidad, consumo, mantenimiento, ruido, firma logística y capacidad de operar en terrenos degradados.

Uno de los pasajes más relevantes del artículo de Borowski lo aporta el general de división Piotr Fajkowski, comandante de la 11ª División de Caballería Blindada Lubusz y responsable de la misión de entrenamiento de la Unión Europea para soldados ucranianos. A partir de esa experiencia, Fajkowski subraya que las plataformas no tripuladas están llamadas a apoyar a unos medios tripulados cuya movilidad se ha visto muy limitada. Según recoge Defence24, el general afirmó que la mayoría de los obuses y vehículos de combate de infantería actualmente no realizan sus tareas ofensivas principales, sino que se emplean en apoyo de la infantería.

La observación es importante porque apunta a una transformación práctica del combate terrestre. Cuando el frente está saturado de sensores, drones, fuego indirecto y amenaza anticarro, el vehículo tripulado pierde margen para maniobrar como estaba previsto en muchas doctrinas anteriores. No desaparece, pero, en efecto, se ve forzado a operar con mayor prudencia, desde posiciones más protegidas o en funciones de apoyo. En ese espacio, donde falta la presencia anterior de lo tripulado, aparecen los vehículos terrestres no tripulados como medio para tareas sucias, repetitivas, peligrosas o logísticamente críticas.

Fajkowski cita varios usos observados en el lado ucraniano: entrega de munición, combustible y repuestos, evacuación de heridos y retirada de residuos. Este último punto, sólo en apariencia menor, tiene un valor militar directo. Porque en un campo de batalla vigilado por drones, satélites, sensores y equipos de reconocimiento, incluso los restos de la vida cotidiana pueden delatar la posición de una unidad. Por eso, el general advierte que los vehículos no tripulados no sólo llevan suministros, sino que también retiran “desechos, como latas de comida y excrementos de soldados”, porque a partir de ellos el enemigo puede localizar y atacar zonas de concentración.

 

El Alano, de Einsa

 

La frase más llamativa del debate, y la que resume el cambio que se aproxima, también procede de Fajkowski. Según el comandante polaco, “la Fuerza Aérea lleva tiempo hablando de un compañero para las aeronaves; los carros y obuses también necesitarán un compañero para asumir la responsabilidad de la protección de la fuerza”. La idea del “compañero” no tripulado, ya habitual en los debates sobre aviación de combate, se traslada así al ámbito terrestre. No se trata sólo de un robot que transporta cajas o evacúa bajas, sino de un sistema que acompaña, protege, reconoce, distrae o absorbe riesgos que hasta ahora recaían sobre tripulaciones humanas.

Defence24 recoge también una advertencia que rebaja las expectativas de un conflicto radicalmente distinto al que conocemos: un dron terrestre no elimina la logística ni la carga humana de la guerra. La desplaza y la transforma. Fajkowski recuerda que estas plataformas necesitan mantenimiento, energía, munición y operadores. En sus palabras, “mover un vehículo 300 km supone fatiga para la tripulación, y mover un dron 300 km también supone fatiga para el operador, hasta que la robotización avance hasta el punto en que otros dispositivos sustituyan a los humanos”. Es una precisión valiosa, porque evita caer en una lectura demasiado limpia de la automatización. El robot no cancela el esfuerzo; antes bien lo reorganiza, lo modifica tal y como estaba concebido hasta ahora.

Desde la perspectiva industrial, Kim Do-Hwa, vicepresidente de Hyundai Rotem, apuntó que los carros de combate principales ya pueden beneficiarse de plataformas no tripuladas en misiones de reconocimiento y logística. Su lectura es prudente. Los ataques masivos con UAV son hoy una realidad, y en el futuro podrían verse operaciones comparables con sistemas terrestres, aunque no necesariamente bajo la forma de enjambres idénticos a los aéreos. En tierra, el entorno es mucho más complejo. Edificios, árboles, montañas, barro, nieve, trincheras, cráteres y obstáculos artificiales hacen que el movimiento autónomo sea más difícil que en el aire o en el mar.

Por ello, hablar de enjambres terrestres exige más cautela que hablar de enjambres aéreos. Un dron aéreo puede moverse con menos obstáculos físicos inmediatos; un vehículo terrestre debe interpretar el terreno, sortear bloqueos, mantener tracción, evitar quedar encajado y seguir operando bajo fuego. Por eso, aunque la autonomía avance, el vehículo terrestre no tripulado afronta una combinación de problemas mecánicos, energéticos, tácticos y de mando y control mucho más densa.

El debate técnico sobre rueda u oruga fue abordado por Piotr Szynkarczyk, director de PIAP e integrante de la Red de Investigación Łukasiewicz. Su intervención corrige una idea extendida: en terreno difícil, la oruga no siempre es la mejor solución. Según explicó, en zonas de pantano, arena o nieve, las orugas pueden sufrir problemas de tensión, especialmente con acumulación de nieve, hasta detener el vehículo. Las ruedas, en cambio, pueden ofrecer ventajas de ruido y consumo energético. Por ello, los diseños de PIAP incorporan soluciones híbridas que permiten adaptar el sistema de propulsión a las condiciones del terreno.

La conclusión es que no hay una respuesta universal. En plataformas pequeñas o medianas, destinadas a logística de primera línea, evacuación, reconocimiento o apoyo a la infantería, la movilidad debe entenderse como una combinación de terreno, autonomía, firma acústica, peso, facilidad de reparación y consumo. Una plataforma excelente en barro puede ser deficiente en entorno urbano; otra muy eficiente en carretera puede quedar limitada en un bosque nevado. La guerra en Ucrania está mostrando precisamente esa diversidad de escenarios en distancias muy cortas.

 

Un nuevo binomio

 

Por último, Borowski nos habla de las impresiones del director ejecutivo de Radiotechnika Marketing, Marek Powązka, que introdujo una cautela industrial y presupuestaria acaso necesaria, ya que el ritmo de innovación es tan rápido que almacenar grandes cantidades de drones puede conducir a tener equipos obsoletos en pocos años. Su propuesta pasa por desarrollar tecnologías, entregarlas a las fuerzas armadas para pruebas y entrenamiento, y estar preparados para escalar la producción cuando sea necesario. La clave no es sólo fabricar, sino diseñar plataformas modulares y adaptables, porque no todos los componentes envejecen al mismo ritmo.

Esta reflexión es especialmente valedera para cualquier fuerza armada europea. Comprar muchos sistemas demasiado pronto puede inmovilizar recursos en tecnologías que cambian deprisa; comprar demasiado tarde puede dejar a las unidades sin experiencia, sin doctrina y sin cadenas de suministro maduras. La solución probablemente esté en una mezcla difícil de prototipos constantes, pruebas con unidades reales, compras iniciales limitadas, arquitectura abierta, formación de operadores y capacidad industrial para aumentar producción con rapidez.

En nuestra opinión, el artículo de Jakub Borowski en Defence24 aporta varias y valiosas perspectivas sobre la robotización terrestre, que ya no es un accesorio del combate moderno, sino una de sus líneas de evolución más visibles. En Ucrania, estos sistemas ya cumplen tareas que antes realizaban vehículos tripulados, especialmente en misiones donde el riesgo para las tripulaciones es demasiado alto o donde la persistencia logística es tan imprescindible como difícil de ejercer. Deja también otra enseñanza, que el vehículo no tripulado no es una solución mágica. Necesita operadores, mantenimiento, energía, comunicaciones, protección electrónica y una doctrina que le dé sentido.

La imagen del carro o del obús acompañado por una plataforma no tripulada resume bien el momento actual. Y es que muy probablemente la guerra terrestre no camina hacia un reemplazo simple del soldado por la máquina, sino hacia una convivencia más compleja entre medios tripulados, sistemas remotos, sensores, guerra electrónica y logística dispersa. Quien llegue antes a esa integración —no sólo a la compra del equipo— tendrá una ventaja importante. Quien confunda dron con solución automática corre el riesgo de acumular material sin haber resuelto el problema principal: cómo combatir, sostener y sobrevivir en un campo de batalla donde ya todo se ve, todo se detecta y casi todo puede ser alcanzado.

Gracias a Jakub Borowski y a Defence24

Redacción

defensayseguridad.es

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