Alcance: Estados Unidos prepara la vuelta a las catapultas de vapor en el portaaviones Doris Miller (y el apéndice del France Libre)

La Casa Blanca ha ordenado elaborar en 60 días un plan para substituir el sistema electromagnético EMALS y los ascensores avanzados de armas del 4º portaaviones de la clase Gerald R. Ford por catapultas de vapor y sistemas hidráulicos. La decisión llega cuando el CVN-81 ya está en construcción y buena parte de los equipos electromagnéticos destinados al buque se encuentra en plena producción

Redacción

La Administración estadounidense ha introducido una de esas decisiones que, aun formuladas en unas pocas líneas, tienen capacidad para llenar titulares, como ya lo está siendo en lo estrictamente informativo, y para alterar durante años la arquitectura de un programa naval entero.

 

 

El 10 de marzo de 2023, un F/A-18F Super Hornet del Escuadrón de Caza de Ataque (VFA) 213 despegó de la cubierta de vuelo del portaaviones USS Gerald R. Ford (CVN 78) U.S. Navy, foto del Mass Communication Specialist 2nd Class Nolan Pennington

 

El presidente Donald Trump, que se ha manifestado en más de una ocasión favorable a volver a las catapultas de vapor, firmaba ayer, (sin anestesia), un memorando de seguridad nacional que ordena preparar la substitución del sistema electromagnético de lanzamiento de aeronaves EMALS por catapultas de vapor en el futuro USS Doris Miller (CVN-81), cuarto portaaviones de la clase Gerald R. Ford.

Por lo que se sabe, la medida forma parte de un documento mucho más amplio, concebido para reforzar la construcción naval estadounidense y corregir algunos de los problemas industriales acumulados durante las últimas décadas (algo que ya dejó consignado el anterior Secretario de la Marina, John Phelan). Pero, dentro de ese conjunto, la decisión sobre el CVN-81 posee un significado propio, porque supone cuestionar una de las tecnologías que mejor simbolizan la transición de la US Navy desde los Nimitz hacia la generación Ford.

Dejemos claro desde el principio qué ha ordenado exactamente la Casa Blanca, porque el memorando no dispone que mañana comiencen las obras de conversión ni que se retiren inmediatamente los equipos ya fabricados. Ordena al secretario de Defensa, en consulta con el secretario de la Navy, presentar en un plazo de 60 días un plan para reemplazar EMALS y los Advanced Weapons Elevators (AWE) por sistemas de vapor e hidráulicos en el Doris Miller, con sus correspondientes necesidades de recursos y calendario. (whitehouse.gov)

La orientación política está, por tanto, expresada con claridad. Falta en adelante lo más difícil, traducirla a términos de ingeniería, coste, industria y tiempo. Y puede decirse sin temor a error, que ahí comienza, ahora sí, la verdadera dimensión de la noticia.

El Doris Miller, el que habrá de ser el cuarto portaaviones de la clase Gerald R. Ford, después del USS Gerald R. Ford (CVN-78), el futuro USS John F. Kennedy (CVN-79) y el Enterprise (CVN-80), es el directamente afectado por la resolución. La orden del 13 de agosto no afecta a los 3 primeros buques: el Gerald R. Ford continuará operando con EMALS; el John F. Kennedy conservará igualmente el sistema, y el Enterprise, actualmente en construcción, seguirá la misma configuración. USNI News ha señalado expresamente que los tres primeros portaaviones mantendrán las catapultas electromagnéticas. (news.usni.org)

El cambio, por tanto, se introduciría a partir del CVN-81. Y lo cierto es que, a decir de su progreso constructivo, en modo alguno estamos ante un buque susceptible de verse sometido a decisiones preliminares de diseño. El Doris Miller está ya en construcción, dentro del contrato correspondiente a los CVN-80 y CVN-81. Newport News Shipbuilding, perteneciente a HII, paso años trabajando en las instalaciones, y está empleado a fondo en los bloques y procesos industriales para levantar simultáneamente secciones del Enterprise y del Doris Miller. La puesta de quilla del CVN-81 está prevista para este año y, según la planificación vigente de la Navy, su entrega se estimaba a comienzos de 2034.

Este dato es fundamental, ya que la Administración no está escogiendo una tecnología para un buque futuro todavía no materializado. Está ordenando estudiar cómo cambiar una pieza imprescindible de un portaaviones cuya construcción, cadena de suministro y sistema de lanzamiento ya se encuentran a pleno rendimiento.

Las EMALS del Doris Miller ya se están fabricando

La US Navy había decidido años atrás que el CVN-81 heredaría los principales sistemas de lanzamiento y recuperación desarrollados para la clase Ford. El 7 de junio de 2023, NAVAIR adjudicó a General Atomics una modificación contractual por 1204 millones de dólares para producir los sistemas EMALS y Advanced Arresting Gear (AAG) destinados al Doris Miller. El contrato comprendía fabricación, ingeniería, entrega, instalación, certificación y apoyo hasta 2032, y NAVAIR indicó entonces que la producción comenzaría inmediatamente. (navair.navy.mil)

Ahora, 3 años después, General Atomics dice que los equipos destinados al CVN-81 se encuentran cerca del 50 % de su fabricación y ha advertido de los riesgos que un cambio de esta naturaleza podría introducir sobre costes, calendario e integración. La valoración procede del propio fabricante y ha de ser leída como tal, pero lo cierto es que el hecho material permanece, porque una parte sustancial del sistema ya está en producción. Y eso modifica radicalmente la naturaleza del asunto, porque no estamos hablando sólo de elegir entre vapor y electromagnetismo, se trata de determinar cuánto cuesta desandar una decisión industrial que lleva años ejecutándose y cómo puede hacerse sin alterar de manera severa el resto del programa, lo cual, a juicio de quien suscribe, es del todo imposible. Las implicaciones de la decisión serán de una gran profundidad.

EMALS no es otra catapulta

Los portaaviones de la clase Nimitz emplean catapultas de vapor. Una catapulta EMALS substituye ese principio por un sistema de aceleración electromagnética, lo que le permite poder operar todo el abanico de aeronaves previsto para el ala aérea embarcada, desde plataformas no tripuladas ligeras hasta cazas de mayor masa. (navair.navy.mil). La ventaja de su funcionamiento es que la aceleración puede administrarse de forma mucho más precisa y adaptarse mejor a aparatos de características muy diferentes. Y dado que las futuras alas aéreas embarcadas estarán compuestas cada vez más por una combinación de aeronaves tripuladas y no tripuladas, con masas, resistencias estructurales y perfiles de operación distintos (armamento, combustible, sensores a bordo), la solución EMALS parecía un sistema muy acorde con los nuevo tiempos de la aviación naval.

EMALS y AAG, al parecer, requieren menos espacio, menos mantenimiento y menos mano de obra que el vapor utilizado en los Nimitz. Por eso, la decisión de volver al éste no puede entenderse como una simple preferencia tecnológica. Afecta a la filosofía misma con la que se concibió la clase.

Reintroducir el vapor en el CVN-81 significará, por tanto, mucho más que retirar un equipo e instalar otro. Habrá que hacer números (muchos), volver a la mesa de diseño, determinar qué espacios necesita la nueva instalación o cuáles sobran, qué tuberías y sistemas auxiliares deben incorporarse, qué modificaciones estructurales exige el cambio, cómo se integra todo ello con el resto del buque y qué partes del diseño previamente cerrado deben revisarse. Eso explica que el memorando presidencial reclame expresamente una estimación de plazos y recursos. El problema no es construir una catapulta de vapor. Estados Unidos sabe perfectamente cómo hacerlo. El problema es hacerla encajar en un buque que fue concebido para no necesitarla.

¿Pragmatismo frente a innovación?

La decisión de Trump expresa una preferencia bastante clara por tecnologías maduras y conocidas frente a sistemas de mayor sofisticación cuando estos introducen riesgos de coste, calendario o disponibilidad. En ese sentido, el vapor tiene una ventaja difícil de discutir, porque la realidad es que la US Navy lo conoce como pocas marinas conocen cualquier otro sistema naval. Décadas de operación, mantenimiento, reparación y doctrina han convertido las catapultas de vapor en una tecnología perfectamente comprendida por la aviación naval estadounidense.

Las EMALS representan quizá la dirección opuesta. A priori ofrecen mayor precisión, mejor adaptación a aeronaves de masas distintas y una integración más coherente con un buque fuertemente electrificado, pero exige una infraestructura tecnológica mucho más compleja. La decisión del 13 de agosto no es, por ello, una simple confrontación entre lo antiguo y lo moderno. Es una discusión mucho más seria entre simplicidad operativa, madurez industrial y previsibilidad, por un lado, y prestaciones, flexibilidad futura y evolución tecnológica, por otro. El memorando de Trump insiste en la necesidad de emplear diseños y tecnologías probados, fiables y asequibles para recuperar capacidad industrial y reducir riesgos en la construcción naval estadounidense (whitehouse.gov).

Si el plan acaba ejecutándose, el Doris Miller será un portaaviones singular: miembro de la clase Gerald R. Ford, pero construido con una configuración de lanzamiento distinta a la de sus 3 hermanos y antecesores. Esto introducirá una consecuencia muy particular que merecerá una especial atención, porque la Navy se verá obligada a sostener durante décadas 2 arquitecturas diferentes de lanzamiento de aeronaves dentro de una misma clase de portaaviones. El Gerald R. Ford, el John F. Kennedy y el Enterprise mantendrían EMALS; el Doris Miller, en cambio, incorporaría vapor.

Eso significa repuestos distintos, conocimientos distintos, formación distinta, procedimientos de mantenimiento distintos y 2 cadenas técnicas coexistiendo dentro de la misma fuerza. Y la decisión sobre el CVN-81 tampoco resuelve qué ocurrirá con los portaaviones posteriores. Tanto si el Doris Miller es una excepción, como si marca el inicio de una nueva orientación, deberá determinarse qué ocurre con una inversión tecnológica de décadas alrededor de EMALS.

Francia y el France Libre: una cuestión tangencial de 1ª magnitud para Francia

La decisión estadounidense posee además una derivada europea de particular interés. Como es sabido, Francia ha concebido su futuro portaaviones nuclear, el France Libre, alrededor del empleo de las catapultas electromagnéticas EMALS estadounidenses.

El France Libre, en concreto la asignación de nombre, fue anunciado oficialmente por Emmanuel Macron el 18 de marzo de este año. El buque, cuya entrada en servicio se prevé alrededor de 2038, dispondrá según la configuración actualmente proyectada para 3 catapultas EMALS y 3 cables del sistema AAG, ambos suministrados por General Atomics. La relación tecnológica con Estados Unidos es, en este punto, sustancial, de primerísimo orden. Ya en 2021 una posible venta FMS incluía EMALS, AAG, integración, pruebas, repuestos, formación y asistencia técnica. para Francia (navalnews.com).

 

Representación de las EMALS del France Libre

 

Xavier Vavasseur, quien hace unas horas definía la noticia llegada desde Washington como «more drama» para algunos analistas franceses, ha seguido especialmente de cerca esta cuestión en Naval News. En octubre de pasado explicó que Francia pretendía financiar una tercera vía EMALS, después de haber contemplado durante años una configuración de 2 catapultas. Vavasseur subrayó además la importancia operativa de disponer de 2 vías de lanzamiento a proa para facilitar las operaciones combinadas de aeronaves tripuladas y UCAV. (navalnews.com)

Si Washington decidiera finalmente no instalar EMALS en los portaaviones posteriores al Enterprise, Francia tendría razones para preguntarse por la continuidad industrial, los repuestos, el apoyo técnico y la evolución futura de una tecnología cuya principal marina de origen habría dejado de incorporarla a sus nuevos buques.

El problema francés, además, no admite soluciones simples, porque el France Libre ha sido concebido desde el principio alrededor de una arquitectura electromagnética y de un ala aérea en la que convivirán aeronaves tripuladas y no tripuladas. Cambiar de sistema en este punto significaría revisar decisiones estructurales y operativas de gran alcance, exactamente igual que en la US Navy, pero a otra escala.

Incógnita

El vapor representa experiencia, previsibilidad y conocimiento acumulado; la tecnología EMALS demustra flexibilidad, control, electrificación y adaptación a una aviación embarcada cada vez más diversa. Ambas opciones tienen virtudes. Ambas tienen costes. La verdadera cuestión para la US Navy no es decidir qué catapulta le gusta más, sino si merece la pena rediseñar un portaaviones ya en construcción para recuperar una tecnología que conoce perfectamente, renunciando a otra que todavía está madurando, pero que fue concebida precisamente para definir su futuro.

Será el informe que llegue a la Casa Blanca dentro de 60 días el que permita saber si estamos ante una corrección puntual aplicada al Doris Miller o ante el principio de algo mucho mayor, nada menos que una reconsideración histórica de la arquitectura tecnológica sobre la que Estados Unidos había decidido construir la siguiente generación de su poder aeronaval.

Redacción

defensayseguridad.es

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