El máximo responsable del constructor de los portaaviones estadounidenses reconoce que abandonar EMALS exigiría una importante revisión del diseño del CVN-81. Sus declaraciones llegan cuando la Casa Blanca debe evaluar las consecuencias de la sustitución ordenada por Donald Trump

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El debate sobre el futuro de las catapultas electromagnéticas de la Marina estadounidense se reaviva de nuevo, justo cuando se acaba de incorporar un pronunciamiento de significada importancia. Chris Kastner, presidente y consejero delegado de Huntington Ingalls Industries (HII), ha reconocido la considerable dificultad técnica que entrañaría sustituir el sistema electromagnético EMALS por catapultas de vapor en el futuro portaaviones Doris Miller (CVN-81), actualmente en construcción en Newport News Shipbuilding, Virginia.

La declaración se produjo durante una entrevista concedida al periodista Ryan Robertson, presentador de Mission Critical, un programa audiovisual patrocinado por HII y que, a esta hora, ya ha sido recogida por la mayoría de medios especializados al otro lado del Atlántico.
«Para realizar ese cambio sería necesario acometer un trabajo de diseño bastante considerable», explicó Kastner al referirse a la posibilidad de modificar la configuración del cuarto portaaviones de la clase Gerald R. Ford.
La importancia de estas palabras reside fundamentalmente en quién las pronuncia, porque no estamos ante una valoración externa acerca de las dificultades del programa, sino ante el reconocimiento expreso del responsable de la empresa que construye los portaaviones nucleares de la Marina estadounidense.
Una decisión política frente a una realidad industrial
Como se recordará, el pasado 13 de agosto, el presidente Donald Trump ordenó al Departamento de Defensa preparar, en un plazo de 60 días, un plan para sustituir las catapultas electromagnéticas EMALS y los ascensores avanzados de armamento (AWE) por catapultas de vapor y sistemas hidráulicos en el Doris Miller.
La medida, que no constituía por sí misma una orden de ejecutar inmediatamente la conversión, obligaba al Pentágono a examinar los cambios necesarios, el calendario de aplicación y los recursos económicos requeridos.
En DYS analizamos entonces el alcance de aquella resolución en «Estados Unidos prepara la vuelta a las catapultas de vapor en el portaaviones Doris Miller», señalando que el principal obstáculo no sería decidir qué tecnología emplear, sino determinar las consecuencias de modificar un portaaviones cuya arquitectura ya había sido concebida alrededor de EMALS.
El problema afecta al conjunto del proyecto. Reemplazar las catapultas electromagnéticas por equipos de vapor es un desafío mayúsculo que obligaría a revisar su integración en el buque, los sistemas auxiliares, la distribución de espacios y las instalaciones necesarias para su funcionamiento. No se trata, por tanto, de sustituir simplemente unos mecanismos de lanzamiento por otros.
Las declaraciones de Kastner acotan ahora esa dificultad en el discurso público del propio fabricante.
HII ya había advertido sobre costes y plazos
Los plazos, por supuesto, no podían quedar fuera de la advertencia. La intervención en Mission Critical tampoco constituye el primer pronunciamiento de Kastner sobre una eventual modificación del diseño de los portaaviones, ya que durante la presentación de los resultados empresariales del segundo trimestre, celebrada el 30 de julio de 2026, el consejero delegado respondió a una pregunta de la analista Emilee Deutchman, de Wolfe Research, acerca de las propuestas de rediseño de estos buques.

En aquella ocasión señaló que «si se toma la decisión de introducir un cambio, trabajaremos con la Marina para minimizar sus consecuencias tanto como sea posible». Y añadió una consideración especialmente significativa para la situación actual: «Reajustaremos los costes y el calendario para garantizar que el portaaviones llegue a buen término».
Kastner precisó entonces que «todavía no hemos recibido instrucciones para efectuar ningún cambio», indicando que HII seguiría colaborando estrechamente con la Marina si llegaba a adoptarse una decisión.
Aquellas manifestaciones, anteriores al memorando presidencial de agosto, ya establecían la posición industrial de HII, especificada en que cualquier modificación sustancial del programa debía acompañarse de una revisión de sus consecuencias económicas y temporales.
La entrevista difundida ahora por Mission Critical añade una advertencia más concreta sobre la magnitud del esfuerzo de ingeniería necesario para regresar al vapor.
El rendimiento del Gerald R. Ford añade otra dimensión al debate
La controversia se desarrolla, además, en un momento en el que la Marina estadounidense ha comenzado a presentar resultados operativos favorables del sistema que la Administración pretende reemplazar. El pasado 27 de agosto, en DYS publicamos «El Gerald R. Ford supera a los Nimitz mientras la Casa Blanca estudia volver a las catapultas de vapor», recogiendo las declaraciones del jefe de Operaciones Navales, almirante Daryl Caudle. Según los datos comunicados entonces, el USS Gerald R. Ford (CVN-78) había alcanzado durante una prueba de febrero una tasa de generación de salidas entre un 20 y un 30 % superior a la referencia correspondiente a los portaaviones de la clase Nimitz.
El resultado, obviamente, no puede atribuirse exclusivamente a EMALS, puesto que responde al funcionamiento integrado del buque, su cubierta de vuelo y los distintos sistemas de apoyo a las operaciones aéreas. Tampoco significa que hayan desaparecido todas las dificultades de fiabilidad que acompañaron al desarrollo de las nuevas catapultas.
Sin embargo, introduce un elemento operacional que debe considerarse junto a las consecuencias industriales de cualquier sustitución, porque la Marina estadounidense debe evaluar ahora no solamente las ventajas y limitaciones de ambas tecnologías, sino también el coste de modificar una clase de portaaviones diseñada expresamente alrededor de una de ellas.
La decisión pendiente
Las nuevas declaraciones de HII confirman que el constructor reconoce públicamente la importancia de las modificaciones de diseño necesarias, precisamente cuando corresponde al Departamento de Defensa trasladar a la Casa Blanca las implicaciones del proyecto.
El asunto ha dejado de ser una mera discusión entre las ventajas técnicas del vapor y las prestaciones del sistema electromagnético para terminar convirtiéndose en lo que realmente es, una sesuda cuestión de ingeniería naval, planificación industrial, calendario y financiación. Y eso, en un programa tan complejo como el de los portaaviones nucleares estadounidenses, hace que cualquiera de esas cuatro cuestiones puede determinar la viabilidad práctica de una decisión política.
Redacción
DYS

