El análisis de Boyko Nikolov. “El Ajax no es sólo un mal armamento; es un monumento a una idea obsoleta de la guerra”

Foto: Ministerio de Defensa de Gran Bretaña
La reciente suspensión de las pruebas del vehículo blindado Ajax del Ejército británico, ha sido recogida por no pocos medios, entre ellos DYS; pero también queremos destacar hoy a Bulgarian Military, en el artículo de Boyko Nikolov, ofrece una perspectiva muy completa que ayuda a comprender en profundidad lo que ya es mucho más que un nuevo tropiezo técnico. Como señala con acierto el autor, no estamos simplemente ante un caso de vibraciones excesivas o fallos mecánicos: estamos ante el colapso de una idea, de un marco doctrinal obsoleto que sigue condicionando a buena parte de las fuerzas terrestres occidentales.
Un dinosaurio con sensores: cuando la doctrina se atrasa una guerra
Nikolov lo resume con una contundencia difícil de rebatir: “el Ajax fue concebido como la navaja suiza definitiva para operaciones expedicionarias”, en una era donde la amenaza eran los IED y la insurgencia rural. Sin embargo, el entorno actual —saturado por drones FPV de bajo coste, municiones merodeadoras y una guerra electrónica constante— ha dejado obsoleta esa concepción antes incluso de que el vehículo entre en servicio.
El Ajax, blindado y sensorizado, representa el fantasma de Irak y Afganistán, cuando el Reino Unido y otros aliados creyeron que la guerra del futuro se parecería a la del pasado inmediato. El resultado es un vehículo que, según Nikolov, “intentó ser todo para todos y terminó siendo mediocre en su función principal”. A día de hoy, con más de 40 toneladas de peso, el Ajax pesa más que un T-72, pero no puede asumir su rol ni en maniobra ni en protección activa.
Sobrerregulación y la ilusión de la “superplataforma”
Lo que el artículo pone en evidencia, y que coincide con lo publicado en DYS semanas atrás, es que el Ajax ha sido víctima de un proceso de sobrerregulación sin control técnico, con una doctrina sin reajustar. Nikolov identifica el problema en su raíz: “Esto es lo que ocurre cuando los requisitos militares se acumulan durante más de una década hasta que el producto final se vuelve demasiado complejo de construir y demasiado pesado para su misión original”. Esta frase debería grabarse en los despachos de los organismos de adquisición de defensa.
El Ajax pretendía ser a la vez ligero, aéreo-transportable, blindado, digital, y resistente a minas. Es sorprendente o sencillo que resulta establecer una comparación con el Dragón 8×8. El resultado es un sistema que, como bien denuncia el artículo, “requiere el mismo espacio logístico que un tanque de batalla principal, pero sin la potencia de 120 mm que lo respalda”. Es decir: una paradoja operativa con ruedas.
Un concepto que sobrevive sólo en los PowerPoint
La crítica más incisiva que Nikolov ofrece —y que desde esta tribuna compartimos plenamente— es doctrinal: el Ajax es el hijo bastardo de una visión tecnológica que apostó por “menos plataformas, pero mejores”, sin tener en cuenta el factor tiempo, adaptación y realismo logístico.
Y lo dice con palabras duras: “El Ajax no es sólo un mal armamento; es un monumento a una idea obsoleta de la guerra”. En los campos de batalla actuales, el reconocimiento ya no lo realizan vehículos blindados, sino drones ISR y sensores distribuidos. La superioridad ya no se garantiza desde el casco, sino desde el firmware.

Foto: Ministerio de Defensa de Gran Bretaña
Los costes reales: salud, logística y liderazgo
Más allá de los fallos técnicos y la doctrina fallida, está el drama humano. Como recogimos en nuestro análisis anterior (DYS, noviembre 2025), al menos 30 soldados han sufrido daños auditivos y lesiones musculoesqueléticas durante las pruebas, lo que da al traste con cualquier pretensión de “Capacidad Operativa Inicial”. Las tripulaciones no pueden pasar más de 90 minutos dentro del vehículo sin superar los umbrales legales de exposición al ruido y la vibración, como advirtió la National Audit Office en 2022.
Pero además de los daños físicos, el Ajax arrastra un coste económico y político que bloquea la evolución real del Ejército británico. Nikolov no esquiva esa verdad incómoda: “el gobierno del Reino Unido se encuentra atrapado en la clásica falacia del coste hundido”. Con más de 4.000 millones de libras invertidas, el MoD se resiste a cancelar el programa, aunque los prototipos sigan lesionando a sus operadores.
Lo que hay detrás es aún más grave: “Ajax se ha convertido en una empresa demasiado grande para quebrar”. La viabilidad industrial ha substituido a la operativa. El MoD ya no compra capacidades; paga por evitar un escándalo.
Desfase con la OTAN: de líder a lastre
Una de las partes más interesantes del artículo es la comparación entre el Reino Unido y otros aliados. Mientras Londres acumula problemas con el Ajax, Polonia adquiere sistemas ya probados como el K2 Black Panther o el M1A2 SEP v3, y prepara el teatro de operaciones con realismo.
El Reino Unido, sin embargo, se ha convertido en el ejemplo de lo que no debe hacerse en una adquisición militar moderna. Como concluye Nikolov: “cada libra gastada en intentar silenciar las vibraciones de una torreta Ajax es una libra que no se gasta en municiones merodeadoras, tecnología antidrones o disparos de precisión de largo alcance”.
¿Y ahora qué? ¿Challenger 3 como próxima víctima?
El último párrafo del artículo no es una advertencia: es una predicción con fundamento. Nikolov señala al programa Challenger 3 como posible heredero de los mismos errores: poca cantidad, alta especialización, y una plataforma que será demasiado cara como para arriesgarla en un conflicto real. La trampa de la “superarma inusable” vuelve a asomar.
En palabras de Nikolov: “La era de las plataformas milagrosas todo en uno ha terminado. Si Occidente quiere seguir siendo competitivo en un conflicto entre pares, debe dejar de comprar legados”.
Un aviso para el resto
El artículo de Bulgarian Military no se limita a criticar un vehículo; retrata un sistema que se ha quedado atado a una visión del combate que ya no existe. El Ajax no es una anomalía, es un síntoma. Y mientras sus ruedas siguen en el barro, su lección es clara: la guerra ya ha cambiado. Los programas de adquisición, no.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

