El Ministerio de Defensa indio confirma ante el Parlamento que ha comenzado a trabajar para sumarse al programa de sexta generación encabezado por Francia, mientras avanza en paralelo la negociación para adquirir otros 114 Rafale

Redacción
India ha dado un paso sustancial en su aproximación al futuro sistema de combate aéreo francés. Esta vez no se trata de una filtración, de declaraciones anónimas ni de una interpretación construida alrededor de una reunión bilateral: es el propio Ministerio de Defensa indio quien ha comunicado oficialmente al Parlamento que ha iniciado los esfuerzos para incorporarse al Future Combat Air System (FCAS) encabezado por Francia.

Un Rafale indio
La información aparece recogida en el 25.º Informe del Standing Committee on Defence de la 18.ª Lok Sabha, presentado en el Parlamento indio el viernes 7 de agosto. Se trata de un informe de seguimiento —Action Taken Report— de las recomendaciones formuladas previamente por el comité en relación con las demandas presupuestarias del Ministerio de Defensa para 2026-27.
El cambio respecto de lo conocido hasta ahora es importante, puesto que ha sido el Ministerio el que ha informado al comité de que «ha iniciado esfuerzos de manera concertada» para incorporarse al programa de desarrollo de un avión de combate de sexta generación FCAS (toda vez finalizado el anterior proyecto trinacional entre España, Francia y Alemania) encabezado por el Gobierno francés. El comité parlamentario, por su parte, reclama ahora una planificación precisa sobre el proceso, incluyendo el estado de los trabajos, una hoja de ruta y unos plazos tentativos para la futura adquisición de aeronaves de sexta generación.
De estudiar la sexta generación a elegir Francia
DYS lleva meses siguiendo con especial atención este asunto. En febrero, con motivo de la visita del ministro de Defensa Rajnath Singh al Gas Turbine Research Establishment (GTRE), señalábamos precisamente que no existía entonces ninguna declaración oficial que permitiera afirmar que India hubiese decidido incorporarse al FCAS. Singh habló de motores de quinta y sexta generación, inteligencia artificial, nuevos materiales y autonomía tecnológica, pero no del FCAS ni de una adhesión a un programa (ahora) francés.
La prudencia estaba entonces justificada. Pero, un mes más tarde apareció una señal diferente. Como también recogió DYS, el Standing Committee on Defence reveló que Nueva Delhi estudiaba incorporarse a uno de los grandes programas internacionales de sexta generación. En aquel momento permanecían abiertas fundamentalmente 2 posibilidades europeas: el Global Combat Air Programme (GCAP) de Reino Unido, Italia y Japón, y el FCAS promovido originalmente por Francia, Alemania y España. India quería participar en uno de ellos para evitar quedar rezagada tecnológicamente.
Lo que no existía entonces era una elección. Ahora sí existe una dirección concreta: Francia.
El nuevo informe parlamentario no equivale todavía a un acuerdo de incorporación, y siempre es recomendable subrayarlo. India no ha firmado su entrada en el programa ni se conocen por ahora las condiciones industriales, financieras o tecnológicas de una eventual participación. Lo que existe es algo anterior, pero políticamente significativo, toda vez que el Ministerio de Defensa indio ha comenzado oficialmente a trabajar para incorporarse al FCAS liderado por Francia.
Un FCAS muy diferente del que nació
La denominación requiere además una precisión importante.
El FCAS al que India se acerca en agosto de 2026 ya no es, ni remotamente, el programa franco-alemán-español concebido originalmente. Como saben nuestros lectores, el 8 de junio, Francia y Alemania dieron por terminada su cooperación en torno al desarrollo conjunto del futuro avión de combate después de que Dassault Aviation y Airbus no consiguieran superar sus diferencias sobre liderazgo industrial, reparto de trabajo, propiedad intelectual y requisitos.

El componente central, el futuro caza tripulado, quedó así roto, aunque determinadas tecnologías y elementos periféricos del sistema —entre ellos capacidades relacionadas con la nube de combate— podrían continuar mediante otros esquemas de colaboración; algo cada vez más improbable, como también advertimos en su día.
Nueva Delhi no está intentando incorporarse a la antigua arquitectura tripartita, ya desaparecida, sino acercándose a una futura iniciativa encabezada por Francia, algo coherente tanto con la redacción empleada por el propio Ministerio indio como con la relación estratégica e industrial que ambos países han construido durante los últimos años.
Y detrás aparece el Rafale
Hay además un elemento imposible de separar completamente de este movimiento: el Rafale.
India opera ya 36 Rafale en su Fuerza Aérea y firmó en abril de 2025 un acuerdo intergubernamental con Francia para adquirir otros 26 aparatos destinados a la Marina india —22 monoplazas embarcados y 4 biplazas— junto con armamento, equipos, simuladores, entrenamiento y apoyo logístico.
Pero el salto verdaderamente extraordinario podría producirse con el programa para otros 114 Rafale destinados a la Fuerza Aérea india.
El Defence Acquisition Council indio otorgó en febrero de 2026 la Acceptance of Necessity para la operación y Nueva Delhi remitió posteriormente a Francia su solicitud formal. Dassault Aviation ha presentado ya la correspondiente propuesta técnica y comercial, lo que permite que el expediente avance hacia la negociación de sus condiciones definitivas.
Las informaciones publicadas en India sitúan inicialmente la operación en torno a 3,25 lakh crore de rupias, aproximadamente 39 000 millones de dólares, aunque esa cifra deberá considerarse provisional mientras no exista un contrato definitivo. La propuesta contempla además una producción muy significativa en India y transferencia tecnológica, elementos esenciales dentro de la política industrial de Nueva Delhi.
La adquisición, por tanto, todavía no está firmada. Tras las negociaciones deberá superar los procedimientos administrativos correspondientes y recibir finalmente la aprobación del Cabinet Committee on Security, presidido por el primer ministro Narendra Modi. Pero el grado de avance de las conversaciones permite hablar ya de una de las operaciones aeronáuticas militares más importantes actualmente en negociación.
De materializarse, la relación entre Dassault y la India adquiriría una dimensión completamente distinta.
Rafale hoy, sexta generación mañana
Es aquí donde ambas operaciones comienzan a adquirir sentido estratégico cuando se contemplan conjuntamente.
El Rafale podría proporcionar a India la masa de cazas que necesita durante las próximas décadas mientras avanza el desarrollo de su propio Advanced Medium Combat Aircraft (AMCA) y, paralelamente, Nueva Delhi busca asegurarse un lugar en la generación tecnológica posterior. El propio comité parlamentario ha solicitado al Ministerio información tanto sobre la evolución del AMCA como sobre la hoja de ruta para incorporar capacidades de sexta generación.
No significa que la compra de 114 Rafale y la aproximación al FCAS formen parte formalmente de un mismo acuerdo. Pero la coincidencia estratégica es evidente.

Rafale indio en los ejercicios multinacionales Pitch Black (Australia)
Francia necesita nuevos socios para reconstruir alrededor de Dassault un programa de combate aéreo futuro después de la ruptura con Alemania. India necesita tecnología, participación industrial y acceso a capacidades de nueva generación sin abandonar su objetivo declarado de autonomía estratégica. Y ambos países disponen ya de una relación aeronáutica e industrial extraordinariamente profunda, cuyo principal exponente es precisamente el Rafale.
La cooperación bilateral ha seguido ampliándose además hacia fórmulas de codesarrollo, coproducción y fabricación local, una orientación reiterada por ambos gobiernos y especialmente importante para una India que aspira a reducir su dependencia tecnológica exterior.
En otras palabras, Rafale y FCAS pertenecen a horizontes temporales distintos, pero podrían terminar formando parte de una misma relación estratégica.
Para Francia, un socio de enorme peso
Una eventual entrada india tendría además consecuencias que excederían ampliamente a la Fuerza Aérea india.
India aportaría al proyecto una dimensión presupuestaria, industrial y geopolítica difícilmente comparable con la de otros posibles participantes. También permitiría a Francia repartir parte de los enormes costes asociados al desarrollo de una nueva generación de sistemas de combate aéreo y proporcionaría a Dassault acceso a una base industrial que Nueva Delhi está decidida a expandir.
A cambio, la negociación será previsiblemente exigente. India no busca simplemente comprar aviones. Su política de defensa insiste cada vez más en la fabricación nacional, transferencia de tecnología, codesarrollo y acceso industrial, de manera que una participación en el futuro sistema francés tendría necesariamente que determinar qué tecnologías se comparten, qué componentes se producirían en India y qué capacidad de decisión obtendría Nueva Delhi.
Ese será, probablemente, uno de los grandes asuntos a observar a partir de ahora. Porque incorporarse a un programa de sexta generación no consiste solamente en financiar un avión. Significa participar en una arquitectura mucho más amplia formada por una plataforma tripulada de nueva generación, aeronaves no tripuladas, sensores distribuidos, comunicaciones seguras, inteligencia artificial y una red capaz de conectar todos esos elementos en combate.
Y ahí es donde India buscará el verdadero valor de la que puede ser una relación industrial y tecnológica basada en varias decenas de miles de millones de euros, que es conseguir ser parte industrial notable, y no sólo un socio adquiriente que, en el mejor de los casos, ensambla aparatos.
Esta vez, sí hay noticia
Ahora sí, 6 meses después, la situación ha cambiado. Por supuesto, no hay todavía adhesión, contrato ni reparto industrial. Tampoco conocemos qué configuración definitiva tendrá el programa francés después de la ruptura con Alemania ni qué lugar podría corresponder a España en la nueva arquitectura europea. Pero ya existe una declaración institucional inequívoca de intención.
Si hace unos meses había indicios, ahora hay un documento oficial.
Redacción
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