Arranca la fabricación de los primeros aviones de pruebas
La Fuerza Aérea estadounidense mantiene 2028 como objetivo para el primer vuelo del nuevo caza de superioridad aérea de Boeing, mientras avanza la integración de los sistemas que formarán el núcleo tripulado del programa NGAD

Redacción
El programa F-47, destinado a proporcionar a la Fuerza Aérea de Estados Unidos su próximo avión de superioridad aérea, ha comenzado la fabricación de los primeros aparatos que serán utilizados durante la campaña de desarrollo y ensayos. El calendario oficial continúa contemplando 2028 como el año previsto para el primer vuelo del nuevo caza construido por Boeing.

La información fue confirmado por el general Dale White, responsable en el Pentágono de algunos de los principales programas estratégicos de adquisición estadounidenses, durante las jornadas Life Cycle Industry Days celebradas en Dayton, Ohio.
Según explicó White, el F-47 ha entrado en la fase de desarrollo de ingeniería y fabricación, conocida por sus siglas inglesas EMD. Esta etapa comprende la maduración del diseño, la integración de los diferentes subsistemas, las pruebas en tierra y la construcción de un número limitado de aviones destinados a la evaluación del programa.
No se ha comunicado cuántos aparatos de pruebas se encuentran en fabricación ni el estado concreto de cada uno de ellos. La mayor parte de la información técnica y productiva del F-47 permanece, como es lógico, clasificada.
White aseguró, no obstante, que el avión volará durante la actual Administración estadounidense. La declaración mantiene el objetivo anunciado previamente por la Fuerza Aérea: realizar el primer vuelo del F-47 antes de que termine 2028.
No es todavía producción en serie
El comienzo de la fabricación de estos aviones no debe confundirse con la entrada del F-47 en producción a gran escala.
El contrato adjudicado a Boeing en marzo de 2025 financia principalmente la fase de desarrollo EMD. Esta contempla la construcción de una pequeña flota de aparatos de ensayos con los que se verificarán las características aerodinámicas, la propulsión, los sensores, los sistemas de misión, la baja observabilidad y la integración del avión dentro de la arquitectura de combate de la Fuerza Aérea.
El acuerdo incluye además opciones con precios previamente negociados para una futura producción inicial a bajo ritmo, aunque esas opciones deberán ser ejercidas posteriormente y dependerán de la evolución técnica, presupuestaria y operacional del programa.
Los aviones que se construyen actualmente servirán para desarrollar y certificar el sistema, pero pueden presentar diferencias respecto a los aparatos que finalmente sean entregados a las unidades operativas.
El programa afronta ahora una de sus etapas más exigentes. La arquitectura definida durante los trabajos experimentales debe convertirse en una plataforma militar reproducible, mantenible y apta para operar durante décadas.
Un programa que llega a la fase EMD con una madurez poco habitual
La Fuerza Aérea sostiene que el F-47 ha alcanzado esta fase con un grado de madurez superior al habitual en los grandes programas aeronáuticos estadounidenses.
El origen de esta situación se encuentra en los trabajos realizados durante los años anteriores mediante aviones experimentales desarrollados por Boeing y Lockheed Martin, en colaboración con la Agencia de Proyectos de Investigación Avanzados de Defensa, DARPA.
Estos demostradores, conocidos de forma genérica como X-planes, acumularon cientos de horas de vuelo destinadas a probar tecnologías relacionadas con la baja observabilidad, el alcance, las arquitecturas digitales, la autonomía y los nuevos conceptos de empleo.
La propia Fuerza Aérea reconoció al adjudicar el contrato que estos aparatos experimentales habían volado durante aproximadamente cinco años y habían proporcionado la base tecnológica sobre la que se está desarrollando el F-47.
Este trabajo previo permite explicar por qué Boeing pudo comenzar la fabricación de los primeros aviones de desarrollo relativamente poco tiempo después de recibir el contrato.
Sin embargo, los demostradores no deben interpretarse como prototipos completos del aparato definitivo. Su función era validar tecnologías y reducir riesgos, no reproducir necesariamente la configuración exacta que llegará a las unidades de combate.
El núcleo tripulado del sistema NGAD
El F-47 constituye el componente tripulado del programa Next Generation Air Dominance, pero no ha sido concebido para operar de forma aislada.
NGAD es una familia de sistemas que reúne el nuevo caza, aeronaves no tripuladas colaborativas, sensores, armamento, capacidades de guerra electrónica, enlaces de datos y sistemas de gestión del combate.
Dentro de esa arquitectura, el F-47 deberá actuar simultáneamente como plataforma de penetración, avión de superioridad aérea y nodo de mando avanzado. Una de sus funciones esenciales será coordinar a los denominados Collaborative Combat Aircraft, aeronaves no tripuladas capaces de acompañar a los cazas tripulados y asumir misiones de vigilancia, ataque, guerra electrónica o empleo de armamento.
La Fuerza Aérea busca de este modo ampliar el número de sensores y armas disponibles en cada operación sin depender exclusivamente de aeronaves tripuladas de elevado coste.
El diseño del F-47 se está apoyando además en una arquitectura abierta y modular. El objetivo es facilitar la incorporación de nuevos sensores, aplicaciones, armas y sistemas electrónicos durante su vida operativa, evitando que cada modernización requiera una modificación profunda de la plataforma.
Más alcance para el escenario del Pacífico
Aunque sus características concretas permanecen bajo secreto, la Fuerza Aérea ha divulgado algunos parámetros generales.
El F-47 deberá alcanzar una velocidad superior a Mach 2 y disponer de un radio de combate de más de mil millas náuticas, aproximadamente 1.850 kilómetros. También contará con una firma reducida frente a radares y sensores infrarrojos, una mayor capacidad de penetración y un alcance considerablemente superior al de los cazas estadounidenses actuales.
Estas características responden especialmente a las exigencias del teatro del Indo-Pacífico, donde las grandes distancias, la dispersión de las bases y la creciente capacidad de los sistemas antiaéreos chinos condicionan cualquier operación aérea estadounidense.
Un mayor radio de acción permitiría reducir la dependencia de los aviones cisterna, plataformas especialmente vulnerables en un conflicto de alta intensidad, y operar desde bases situadas a mayor distancia de las defensas enemigas.
La información pública disponible no permite confirmar todavía la configuración externa, los motores, el armamento interno o el tamaño del aparato. Las imágenes difundidas oficialmente son representaciones artísticas y la propia Fuerza Aérea ha advertido de que no reproducen necesariamente el diseño real.
El sustituto del F-22
El F-47 está llamado a reemplazar progresivamente al F-22 Raptor, actual caza estadounidense de superioridad aérea.
La Fuerza Aérea ha señalado su intención de adquirir al menos 185 unidades, una cifra similar a la flota de F-22 fabricada para Estados Unidos. La cantidad definitiva, sin embargo, dependerá del coste unitario, de la disponibilidad presupuestaria y del número de aeronaves no tripuladas que acompañen a cada avión.
El programa recibió alrededor de 3.450 millones de dólares durante el ejercicio fiscal de 2026, mientras que la solicitud presupuestaria para 2027 supera los 5.000 millones de dólares, reflejo del incremento de actividad asociado a la fabricación, integración y preparación de la campaña de vuelo.

El coste total continúa siendo una de las principales incógnitas. El contrato inicial de desarrollo adjudicado a Boeing supera los 20.000 millones de dólares, pero esa cantidad no incluye toda la producción, el sostenimiento, las infraestructuras ni el desarrollo completo de los sistemas asociados.
Una oportunidad industrial decisiva para Boeing
La adjudicación del F-47 representa también un punto de inflexión para Boeing Defense, Space and Security.
La compañía había perdido progresivamente protagonismo en el mercado estadounidense de cazas frente a Lockheed Martin, fabricante del F-22 y del F-35. El nuevo contrato garantiza a Boeing una posición central en la aviación de combate estadounidense durante las próximas décadas.
La empresa ha realizado inversiones de varios miles de millones de dólares para ampliar y modernizar sus instalaciones en el área de San Luis, donde concentra buena parte de sus programas militares y de las actividades avanzadas de Phantom Works.
Boeing comenzó estas inversiones antes de conocer el resultado del concurso, anticipándose a las necesidades industriales del futuro caza y tratando de demostrar que podía reducir el tiempo entre la adjudicación y la fabricación de los primeros aparatos.
La experiencia obtenida mediante los demostradores experimentales y la utilización de ingeniería digital han permitido acortar algunas de las fases iniciales. Aun así, la verdadera prueba del programa llegará con la integración completa del avión y el comienzo de los ensayos de vuelo.
Mantener el primer vuelo en 2028 supondría cumplir un calendario especialmente ambicioso para un sistema de esta complejidad.
El hito permitirá comprobar por primera vez el comportamiento del diseño definitivo en condiciones reales, pero no significará que el F-47 esté preparado para entrar inmediatamente en servicio. Después deberán realizarse campañas prolongadas de expansión de la envolvente de vuelo, evaluación de sensores, pruebas de armamento, verificación de la firma y ensayos de interoperabilidad con las aeronaves no tripuladas.
También será necesario demostrar que Boeing puede fabricar el avión de manera estable y a un coste asumible.
Por el momento, el programa parece mantener el calendario anunciado. La fabricación de los aparatos de pruebas confirma que el F-47 ha dejado atrás la fase puramente conceptual y se adentra en el proceso que deberá convertir años de experimentación clasificada en un sistema de combate operativo.
Redacción
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