El programa nuclear continúa avanzando entre enormes inversiones, que alcanzarán los 80.000 millones de euros la próxima década

Redacción
Australia acaba de dar otro paso material —y financiero— de primer orden en la construcción de la infraestructura que deberá sostener su futura flota de submarinos de propulsión nuclear. El Gobierno de Anthony Albanese anunció el pasado 24 de julio una nueva aportación de 4600 millones de dólares australianos, aproximadamente 2800 millones de euros, para continuar desarrollando el Nuclear-Powered Submarine Construction Yard de Osborne, en Australia Meridional.

La cifra se suma a los 3900 millones de dólares australianos —unos 2380 millones de euros— anunciados en febrero, de manera que la aportación federal comprometida hasta ahora específicamente para el futuro astillero alcanza ya los 8500 millones de dólares australianos, alrededor de 5186 millones de euros.
No es, además, el final de la cuenta. El propio ministro australiano de Defensa, Richard Marles, situó el coste previsto de las instalaciones de construcción de Osborne en el entorno de 30 000 millones de dólares australianos —unos 18 300 millones de euros— cuando el complejo esté terminado. Si tenemos en cuenta que cada submarino del programa español S-80+ ha costado alrededor de 1100 millones de euros, es posible hacerse una idea aproximada de la formidable escala cifras que maneja el proyecto AUKUS australiano de submarinos de propulsión nuclear.
Un astillero antes que un submarino
La distinción es importante. Estos 4600 millones de dólares australianos no pagan la construcción de los propios submarinos. Financian la infraestructura industrial necesaria para poder construirlos.
Marles lo explicó expresamente en una entrevista concedida el mismo 24 de julio: el desembolso forma parte del desarrollo escalonado del astillero de Osborne y tiene como objetivo disponer de las primeras instalaciones necesarias para comenzar el corte de acero del futuro submarino australiano antes de que termine esta década.
El Gobierno australiano describe el proyecto como una de las mayores iniciativas industriales de la historia del país. El recinto deberá reunir instalaciones de fabricación, integración, formación y apoyo capaces de afrontar la construcción de una plataforma particularmente exigente: un submarino de ataque de propulsión nuclear armado convencionalmente.
Australian Naval Infrastructure ya ha adjudicado aproximadamente 1900 millones de dólares australianos —unos 1159 millones de euros— en contratos, mientras unas 1100 personas trabajan actualmente en el desarrollo del complejo y de las capacidades asociadas. Canberra prevé que el conjunto del programa de submarinos nucleares genere cerca de 10 000 empleos en Australia Meridional, mientras que alrededor de 5500 corresponderán finalmente a la propia construcción de los submarinos.
Es precisamente aquí donde empieza a percibirse la verdadera dimensión de AUKUS. Porque Australia no está comprando simplemente submarinos; está intentando crear prácticamente desde cero una industria nacional capaz de construir, operar y mantener submarinos nucleares.
Y eso cuesta mucho dinero.
Hasta 130 000 millones en capacidades submarinas durante la próxima década
El presupuesto australiano 2026-27 ayuda a colocar esas cifras en perspectiva.
El nuevo Integrated Investment Program prevé hasta 130 000 millones de dólares australianos —aproximadamente 79 300 millones de euros— durante la próxima década para capacidades de guerra submarina, apoyadas precisamente en la futura flota de submarinos nucleares.
Por su parte, la Australian Submarine Agency sitúa actualmente la inversión planificada específicamente para el Nuclear-Powered Submarine Program entre 71 000 y 96 000 millones de dólares australianos durante el periodo 2026-27/2035-36, aproximadamente entre 43 319 y 58 572 millones de euros.

Son cantidades extraordinarias incluso para un programa militar de primera magnitud, pero también reflejan algo que conviene no perder de vista cuando se habla del precio de AUKUS: buena parte de ese dinero no corresponde únicamente a adquirir plataformas, sino a instalaciones portuarias, astilleros, mantenimiento, formación, regulación nuclear, personal, cadenas de suministro y creación de una capacidad industrial soberana que Australia nunca ha poseído.
Osborne es sólo una parte de ese entramado.
Australia prevé invertir asimismo hasta 8 000 millones de dólares australianos —unos 4880 millones de euros— en HMAS Stirling para infraestructura y apoyo logístico asociado a la futura Submarine Rotational Force-West (SRF-West), mientras que el Gobierno ha comprometido inicialmente otros 12 000 millones —aproximadamente 7320 millones de euros— para el Henderson Defence Precinct, en Australia Occidental, destinado entre otras funciones al mantenimiento pesado y apoyo de la futura flota.
La escala industrial resulta, por tanto, bastante mayor que la del astillero que ahora centra la actualidad.
AUKUS sigue avanzando
DYS ha venido siguiendo las dificultades que rodean a AUKUS y especialmente la principal incertidumbre que pesa sobre el Pilar I: la capacidad estadounidense para producir suficientes submarinos Virginia para atender simultáneamente las necesidades de la US Navy y las comprometidas con Australia.
La cuestión sigue existiendo.
El propio plan naval estadounidense para 2026 insiste en la necesidad de modernizar instalaciones, ampliar proveedores, aumentar la mano de obra cualificada y recuperar cadencias de producción en la industria submarina estadounidense. La presión no procede únicamente de AUKUS: Estados Unidos necesita simultáneamente construir sus SSBN clase Columbia y mantener una producción suficiente de SSN Virginia, mientras prepara el futuro SSN(X).
Pero lo sucedido durante los últimos meses también obliga a matizar cualquier lectura según la cual AUKUS pudiera estar paralizado. Para ello, es necesario recordar que el 30 de mayo de este año, los ministros de Defensa de los 3 países declararon conjuntamente que el Pilar I “permanece en curso” y confirmaron que continúan cumpliéndose los principales hitos del programa.
Hay además novedades particularmente importantes.
Australia, Estados Unidos y Reino Unido han acordado avanzar hacia el establecimiento en 2027 de la Submarine Rotational Force-West, mediante la cual submarinos estadounidenses y británicos operarán regularmente desde HMAS Stirling. Estados Unidos creó en mayo su nueva estructura de apoyo naval en Australia y posteriormente reactivó el Submarine Squadron 3, que operará desde Stirling.
No se trata únicamente de acuerdos sobre el papel. El USS Vermont, de la clase Virginia, completó ya en Australia un periodo de mantenimiento sin recurrir a un buque nodriza estadounidense, mientras que el británico HMS Anson, de la clase Astute, realizó este año su propio periodo de mantenimiento en HMAS Stirling.

HMS Astute, de la Royal Navy
El caso del Anson resulta especialmente significativo: 17 empresas australianas participaron en los trabajos, se produjeron localmente 34 componentes y la industria australiana acumuló más de 2.500 horas de trabajo, según la declaración conjunta Australia-Reino Unido de junio.
Ese tipo de actividades es precisamente el puente industrial y humano que Canberra necesita construir antes de recibir sus propios submarinos.
3 submarinos Virginia usados: una modificación significativa
También está evolucionando el propio mecanismo de adquisición de los submarinos estadounidenses.
El plan original contemplaba que Australia adquiriera 3 Virginia, combinando inicialmente unidades de segunda mano con al menos una de nueva construcción. Sin embargo, el comunicado ministerial trilateral del 30 de mayo recoge una propuesta distinta: Canberra podría recibir 3 submarinos Virginia actualmente en servicio, simplificando la cadena logística, los requisitos de mantenimiento y, según los 3 gobiernos, mejorando la eficiencia de costes.
El cambio es llamativo porque, por una parte, reduce directamente la presión que supondría construir una unidad adicional para Australia dentro de una industria estadounidense que sigue trabajando por recuperar sus ritmos previstos. Por otra, obliga a evaluar cuidadosamente la vida útil restante de los submarinos transferidos y los costes asociados a su mantenimiento y eventual modernización.
No elimina, por tanto, el problema industrial estadounidense; pero sí representa una adaptación bastante pragmática a él.
El SSN-AUKUS también empieza a materializarse
El segundo tramo del programa será todavía más ambicioso.
Australia deberá pasar de operar Virginia estadounidenses durante la década de 2030 a construir sus propios SSN-AUKUS en Osborne, sobre un diseño de origen británico que integrará tecnologías de los 3 socios.
En febrero Canberra confirmó un pago de 310 millones de dólares australianos —unos 190 millones de euros— para adquirir componentes de largo plazo en Reino Unido destinados, entre otras cosas, a los sistemas de propulsión nuclear de los 2 primeros SSN-AUKUS australianos.
Los módulos completos y soldados de propulsión nuclear serán suministrados desde Reino Unido y Rolls-Royce ya trabaja en ellos en Derby.
Paralelamente, Londres ha comprometido 6000 millones de libras para ampliar las capacidades de Rolls-Royce Submarines en Derby y BAE Systems en Barrow-in-Furness. Australia, por su parte, está enviando personal a Reino Unido y Estados Unidos para formarse en diseño, construcción, mantenimiento y operación de submarinos nucleares.
El Gobierno británico sostiene igualmente que el desarrollo del SSN-AUKUS continúa según lo previsto y que el programa añadirá hasta 12 nuevos submarinos de ataque a la Royal Navy, además de la flota australiana.
Un programa que avanza, pero al que todavía le queda demostrar lo más difícil
El nuevo desembolso australiano ofrece quizá una fotografía bastante exacta del estado de AUKUS.
El programa no está detenido. Tampoco parece, a día de hoy, estar desmoronándose. Hay astilleros en construcción, componentes ya encargados, instalaciones de mantenimiento que empiezan a utilizarse, submarinos británicos y estadounidenses operando en Australia, personal formándose y una estructura industrial que comienza a adquirir volumen.
Incluso el Pilar II ha dado un paso adicional este año con el lanzamiento del primer proyecto emblemático trilateral para vehículos submarinos no tripulados, con las primeras capacidades previstas a partir de 2027.
Pero nada de ello convierte AUKUS en un programa sencillo. Su éxito sigue dependiendo de que 3 industrias nacionales distintas puedan sincronizar producción, tecnología, personal, regulación nuclear y enormes inversiones durante varias décadas. Estados Unidos debe recuperar capacidad de construcción de submarinos; Reino Unido debe simultanear su propia expansión de la fuerza submarina con la transferencia tecnológica a Australia; y Canberra tiene que crear una industria nuclear naval que prácticamente no existía.

Un Collins de la RAN
Además, Australia deberá mantener durante esa transición sus 6 submarinos convencionales Collins, cuyo programa de extensión de vida ha comenzado este año, precisamente para reducir el riesgo de que aparezca un vacío de capacidad antes de la llegada de los Virginia.
Ese sigue siendo uno de los puntos fundamentales de AUKUS: el calendario importa tanto como el dinero.
Y dinero, desde luego, no está faltando. Sólo el astillero de Osborne absorberá previsiblemente alrededor de esos 30 000 millones de dólares australianos antes anotados —18 300 millones de euros—. La infraestructura de Stirling y Henderson añade decenas de miles de millones más. Y el programa submarino australiano contempla inversiones de otras decenas de miles de millones durante la próxima década.
Por eso quizá resulte cada vez menos exacto describir AUKUS únicamente como un acuerdo para comprar submarinos, porque lo que Australia está financiando es una transformación completa de su industria naval, de su infraestructura militar y de su capacidad de guerra submarina.
Queda todavía muchísimo por demostrar —especialmente en producción, costes y cumplimiento de plazos—, pero las inversiones que Canberra está realizando permiten afirmar que, pese a sus dificultades, AUKUS ha empezado ya a convertirse en infraestructura, trabajadores, contratos y acero.
Y ahí reside probablemente la principal noticia de estos 4600 millones de dólares australianos adicionales.
Redacción
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