La BRRRRT Act busca mantener 126 aviones A-10 en servicio hasta 2033
La iniciativa bipartidista obligaría a la Fuerza Aérea estadounidense a reconstruir parte de la estructura de mantenimiento y formación que ya había comenzado a desmantelar, y prohibiría retirar definitivamente el A-10 sin disponer antes de un sustituto certificado para sus misiones

Redacción
Un grupo bipartidista de congresistas estadounidenses ha presentado la Bolstering Recognition, Resurgence, Retention, and Remembrance of the Thunderbolt Act, más conocida como BRRRRT Act, una proposición legislativa destinada a frenar la retirada del avión de ataque A-10C Thunderbolt II y mantener una flota operativa de al menos 126 aparatos hasta el ejercicio fiscal de 2033.

U.S. Air Force. Imagen: Senior Airman Alex Miller
La iniciativa, registrada como H.R. 9780, fue presentada hace ahora 7 días, el pasado 20 de julio, por el representante republicano por Arizona Abe Hamadeh, con el demócrata Don Davis, representante por Carolina del Norte, como principal copatrocinador. Su denominación abreviada reproduce el característico sonido del cañón rotativo GAU-8/A Avenger de 30 milímetros, convertido en uno de los rasgos más reconocibles del A-10.
La propuesta no se limita a retrasar la fecha de retirada del avión. Según la información publicada inicialmente por Air Force Times y confirmada por fuentes estadounidenses adicionales, el texto obligaría a la Fuerza Aérea a mantener un inventario mínimo de 126 A-10, conservar las unidades necesarias para operarlos y revertir varias de las decisiones adoptadas durante el proceso de desactivación de la flota.
Entre ellas se encontrarían la recuperación de la capacidad de mantenimiento en depósito, la reconstrucción del sistema de formación de nuevos pilotos y la continuidad del curso especializado del A-10 en la U.S. Air Force Weapons School. La línea de mantenimiento pesado situada en Hill Air Force Base, Utah, había cerrado en febrero de este año, mientras que la última promoción de nuevos pilotos completó su formación en abril pasado.
Un sustituto que deberá estar certificado
Uno de los elementos centrales de la BRRRRT Act es la imposición de condiciones estrictas antes de que el Departamento de Defensa pueda autorizar nuevas retiradas.
El proyecto impediría considerar como sustituto del A-10 una plataforma en la que el apoyo aéreo cercano constituya únicamente una misión secundaria. Antes de proceder a la retirada definitiva del Thunderbolt II, el secretario de Defensa tendría que certificar que un sistema alternativo ha sido desplegado, se encuentra plenamente operativo y puede asumir específicamente las misiones actualmente realizadas por el A-10.
Esa certificación requeriría además el respaldo escrito de responsables de las fuerzas que dependen directamente del apoyo aéreo cercano: el secretario del Ejército, el comandante del Cuerpo de Marines y el jefe del Mando de Operaciones Especiales de Estados Unidos. El objetivo declarado es evitar que la retirada administrativa del avión genere una carencia operativa antes de que otra plataforma haya demostrado que puede cubrir sus funciones.
«La BRRRRT Act garantiza que no retiremos un sistema de armas probado antes de que exista un sustituto certificado. Se trata de sentido común, seguridad nacional y de mantener nuestro compromiso con los hombres y mujeres que dependen del A-10 en combate», afirmó Hamadeh al presentar la iniciativa.
Una corrección de los planes de la Fuerza Aérea
La proposición legislativa, de prosperar, supondría una rectificación considerable de los planes seguidos durante los últimos años por la Fuerza Aérea estadounidense.
El servicio había acelerado la retirada de los A-10 con el propósito de liberar personal, presupuesto e infraestructura para otras plataformas consideradas prioritarias. La previsión inicial contemplaba una desaparición mucho más rápida del modelo, aunque en abril de 2026 el Departamento de la Fuerza Aérea anunció que mantendría 2 escuadrones y aproximadamente 54 aparatos hasta 2030.
El nuevo planteamiento prevé conservar una unidad en servicio activo en la Moody Air Force Base, Georgia, y otra perteneciente a la Reserva en la Whiteman Air Force Base, Misuri. La BRRRRT Act iría significativamente más lejos: elevaría el mínimo a 126 aviones, ampliaría su permanencia hasta 2033 y obligaría a reconstruir capacidades orgánicas que ya estaban siendo eliminadas.
La Fuerza Aérea sostiene desde hace años que las funciones del A-10 pueden repartirse entre diferentes plataformas, entre ellas el F-35A Lightning II, el F-15E Strike Eagle y el F-16 Fighting Falcon, apoyadas por municiones guiadas, sensores conectados y otras capacidades aéreas.

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También argumenta que el A-10 fue concebido para operar en condiciones muy distintas de las que caracterizarían un conflicto contra un adversario dotado de cazas modernos, sistemas avanzados de guerra electrónica y defensas antiaéreas de largo alcance. En esos escenarios, su baja velocidad y su necesidad de aproximarse a la zona de combate podrían limitar considerablemente su supervivencia.
Los defensores del avión responden que ninguna plataforma actualmente disponible reproduce de forma directa su combinación de permanencia sobre el objetivo, resistencia al daño, capacidad de operar desde instalaciones austeras, potencia de fuego y especialización en apoyo a las fuerzas terrestres. Añadiríamos que el grado de disponibilidad es también un motivo más que sumar, puesto que el A-10 suele encontrarse cerca del 70%, un porcentaje en absoluto fácil de alcanzar por otros aparatos, incluyendo alguno de los llamados, teóricamente, a reemplazarle, como el F-35A. El debate, por tanto, no se centra únicamente en las características del A-10, sino en la conveniencia de retirar una capacidad específica antes de disponer de otra que haya demostrado su eficacia en condiciones operativas similares.
El regreso de un debate recurrente
El A-10 entró en servicio en 1977 como un avión desarrollado expresamente para proporcionar apoyo aéreo cercano y destruir concentraciones de fuerzas blindadas. Su diseño incluye alas rectas, motores elevados sobre el fuselaje, controles redundantes y una estructura concebida para soportar daños en combate.
Aunque es cierto que su configuración responde a las necesidades de la Guerra Fría, el avión ha continuado recibiendo mejoras en comunicaciones, sensores, guerra electrónica y armamento de precisión. No es menos cierto que la mayoría de cazas que opera actualmente es fruto de programas surgidos en la Guerra Fría, y no por ello han dejado de recibir actualizaciones, modernizaciones y son, a día de hoy, plenamente válidos y operativos. Sus defensores (los del A-10) consideran que estas actualizaciones permiten conservar una plataforma eficaz en espacios aéreos permisivos o una vez reducidas las defensas enemigas, mientras que sus detractores insisten en que esos recursos deberían dirigirse hacia sistemas más adecuados para conflictos de alta intensidad.
La BRRRRT Act representa un nuevo episodio en la prolongada disputa entre el Congreso y la Fuerza Aérea sobre el futuro del Thunderbolt II. En ocasiones anteriores, el poder legislativo ya había limitado o bloqueado los planes de retirada propuestos por el Servicio, al considerar que no existía una alternativa suficientemente madura para cubrir todas sus misiones.
Por el momento, H.R. 9780 es únicamente una proposición de ley. Tendrá que superar su tramitación en la Cámara de Representantes y el Senado, y ser promulgada posteriormente, antes de adquirir carácter obligatorio. Parte de sus disposiciones también podría incorporarse a la próxima Ley de Autorización de Defensa Nacional.
Su presentación, sin embargo, vuelve a situar en primer plano una cuestión que continúa sin una respuesta definitiva: si Estados Unidos puede retirar su único avión diseñado específicamente para el apoyo aéreo cercano sin haber certificado previamente un sustituto equivalente.
Redacción
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