La administración Trump rechaza el bloqueo del Congreso a la compra de buques militares construidos en el extranjero
La Administración estadounidense pretende contratar en astilleros aliados 2 combatientes de superficie y 2 buques auxiliares como parte de un modelo destinado a atraer inversión, tecnología y capacidad industrial hacia Estados Unidos

Redacción
La Casa Blanca ha expresado formalmente su oposición a la disposición aprobada por la Cámara de Representantes que impediría a la Marina de Estados Unidos adquirir buques de combate y unidades auxiliares construidos en astilleros extranjeros.
La posición de la Administración fue recogida el 24 de julio por USNI News, en una información firmada por su editor, Sam LaGrone. El medio especializado señala que la protesta figura en una declaración de política administrativa publicada el 21 de julio por la Oficina de Administración y Presupuesto de la Casa Blanca —Office of Management and Budget, OMB— en relación con la Ley de Autorización de Defensa Nacional para el año fiscal 2027.

Buque de asalto anfibio USS Kearsarge. Emmitt Hawks Jr./Marina
La sección 1025 del proyecto aprobado por la Cámara de Representantes prohíbe emplear fondos para adquirir los primeros buques de la denominada “fuerza de batalla” en astilleros situados fuera de Estados Unidos. Esta categoría incluye tanto buques de guerra como determinadas unidades auxiliares integradas en la flota logística de combate.
La Administración considera que esta prohibición es incompatible con una de sus propuestas legislativas prioritarias, mediante la cual pretende autorizar a la Marina estadounidense a contratar en astilleros extranjeros la construcción de 2 combatientes de superficie y 2 buques auxiliares no destinados directamente al combate.
El objetivo declarado no sería sustituir de forma permanente la producción nacional, sino utilizar las primeras construcciones en países aliados para impulsar posteriormente una inversión significativa en los astilleros estadounidenses.
Según el documento de la OMB citado por USNI News, la restricción aprobada por la Cámara perjudicaría los esfuerzos de la Administración para ampliar la capacidad y la competencia dentro de la industria naval estadounidense. La Casa Blanca sostiene, además, que limitaría la posibilidad de aprovechar las capacidades tecnológicas y productivas de astilleros extranjeros especializados.
El denominado “modelo finlandés”
La propuesta se relaciona con el denominado “modelo finlandés”, defendido públicamente por el director de la OMB, Russ Vought. Este planteamiento contempla iniciar la producción de una nueva clase de buques en un astillero aliado y trasladarla posteriormente a instalaciones estadounidenses, apoyadas mediante inversión, transferencia de conocimientos y participación industrial extranjera.
En ese sentido, se añade que la Guardia Costera estadounidense ya ha aplicado una fórmula semejante en su programa de nuevos rompehielos Arctic Security Cutter. Los primeros cascos se construirían en Finlandia, mientras la producción se desarrolla en paralelo y continúa posteriormente en Estados Unidos.
La legislación federal establece, con carácter general, que los buques de la Marina y de la Guardia Costera deben construirse en territorio estadounidense. Sin embargo, el presidente dispone de capacidad para eximir este requisito cuando considere que existe un interés relacionado con la seguridad nacional. En este caso, el interés estaría directamente relacionado con la necesidad de acelerar los procesos constructivos de nuevos buques para la US Navy, toda vez que la solución de los retrasos y la acumulación de trabajo en los astilleros norteamericanos se ha convertido en un asunto de absoluta prioridad para la Casa Blanca.
La Cámara de Representantes y el Senado pretenden restringir esa posibilidad dentro de sus respectivas versiones de la NDAA de 2027. No obstante, el texto del Senado contempla determinadas excepciones para buques auxiliares, siempre que se cumplan una serie de condiciones.
Japón y Corea del Sur, entre los candidatos
USNI News informó por primera vez en abril de que el Pentágono estudiaba recurrir a astilleros aliados para construir buques destinados a la Marina estadounidense. Según el medio, Japón y Corea del Sur figuraban entre los principales candidatos, debido a la capacidad, productividad y experiencia tecnológica de sus industrias navales.
El presupuesto de Defensa estadounidense para el año fiscal 2027 incluye además 1.850 millones de dólares en financiación de investigación y desarrollo para estudiar la capacidad de empresas navales aliadas de construir buques completos o componentes.
De acuerdo con USNI News, los fondos se distribuirían entre 2 líneas diferenciadas de estudio y adquisición relacionadas con las futuras necesidades de cruceros o destructores y con la renovación de la flota de fragatas.
Hasta la publicación de la declaración de la OMB, los responsables de la Marina y del Pentágono habían evitado confirmar expresamente durante sus comparecencias presupuestarias que Estados Unidos pretendiera adquirir buques de guerra construidos en el extranjero. El documento constituye, por tanto, el reconocimiento público más claro hasta ahora de que la Administración contempla esta posibilidad.
Oposición de la industria naval estadounidense
El proyecto ha encontrado una fuerte resistencia entre representantes políticos de estados vinculados a la construcción naval y dentro de la propia industria estadounidense.
El congresista Jared Golden, representante de Maine, impulsó la enmienda incorporada al proyecto de la Cámara de Representantes. Golden argumentó que el gasto militar estadounidense debe sostener el empleo y la capacidad industrial del país, y calificó la posible construcción de parte de la flota en el extranjero como una amenaza para los puestos de trabajo, la industria y la seguridad nacional.
El presidente del Shipbuilders Council of America, Matt Paxton, también ha rechazado que los astilleros aliados puedan actuar como sustitutos directos de los estadounidenses. Entre sus argumentos figuran la protección de sistemas clasificados, la integración de sistemas de combate, la propiedad intelectual y los riesgos derivados de compartir tecnologías sensibles incluso con países estrechamente aliados.
La controversia refleja el dilema al que se enfrenta Washington. Por una parte, la Marina estadounidense necesita aumentar el ritmo de construcción, reducir retrasos y recuperar capacidad industrial en un momento de creciente demanda naval. Por otra, una parte del Congreso considera que recurrir a astilleros extranjeros podría debilitar todavía más la base industrial nacional y trasladar fuera del país empleos y conocimientos estratégicos.
La Cámara de Representantes aprobó el 22 de julio su versión de la NDAA para 2027 por 216 votos frente a 212, con una autorización total de aproximadamente 1,15 billones de dólares. El texto deberá negociarse ahora con el Senado, cuya versión presenta diferencias relevantes tanto sobre la construcción naval en el extranjero como sobre otros programas de la Marina.
El resultado de esa negociación determinará si el Pentágono obtiene finalmente autorización para encargar los cuatro primeros buques en astilleros aliados o si queda obligado a mantener toda la construcción de unidades de la fuerza de batalla dentro de Estados Unidos.
Redacción
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