Gibridnaya voyna. La guerra silenciosa de Rusia contra Europa

Gibridnaya voyna

La guerra silenciosa de Rusia contra Europa

David Cardero Ozarín | Máster en Relaciones Internacionales por la Universidad Jean Moulin de Lyon

Sabotajes, violaciones del espacio aéreo, ciberataques… Mientras la tensión aumenta entre Moscú y las capitales europeas, se intensifica la guerra híbrida, otro frente de batalla en el cual Rusia se ha convertido en una maestra. La comprensión de las ideas y conceptos propios de la idiosincrasia rusa en el campo de la disuasión son cruciales para entender, comprender y anticipar sus acciones.


Hackers al servicio de Rusia.


La guerra híbrida —en lengua rusa, «Gibridnaya voyna»— representa hoy uno de los instrumentos principales utilizados por la Federación Rusa para ejercitar presión sobre los estados europeos.

Una táctica compleja, enclavada en la «zona gris» en la que no hay paz, pero tampoco confrontación directa, en la cual sabotajes, desinformación, hostigamiento y ataques cibernéticos sirven para desestabilizar al rival sin necesidad de desembocar en un conflicto directo. Un terreno pantanoso y de dudosa moralidad, en la cual el engaño, el oportunismo, la sutileza y el arte de la negación sistemática juegan un rol fundamental. Un terreno en el cual, Rusia, heredera de la sibilina tradición de infiltración de la Unión Soviética, sabe moverse como pez en el agua.

El historiador y experto en criminología internacional Mark Galeotti, en su conferencia dedicada a la guerra híbrida rusa para la Escuela Universitaria de Defensa de Noruega¹, buceó en la compleja historia del país eslavo y en su idiosincrasia para entender la concepción rusa de la disuasión, clave para ilustrar su visión de la guerra híbrida.

A decir verdad, la doctrina militar rusa contemporánea ya es de por sí bastante explícita en lo que respecta a su visión de la guerra híbrida, incluyendo el uso de significativas fuerzas convencionales y el conflicto armado. El Ejército ruso define la «guerra híbrida» como un esfuerzo a nivel estratégico que busca influir la gobernanza y la postura geoestratégica del estado rival, en el cual todas las acciones, incluyendo la utilización de las fuerzas militares convencionales en los conflictos regionales, son subordinadas a una campaña de información.

El general Valery Guerásimov, jefe del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas Rusas, acuñó en 2016 la doctrina que lleva su nombre, en la cual el objetivo último de la Gibridnaya voyna «es la consecución de los objetivos políticos con una mínima implicación bélica contra el enemigo… debilitando el potencial económico y militar a través de la presión informativa y psicológica, el apoyo activo a la oposición interna y a elementos partisanos y subversivos».

De esta forma, se descifra una diferencia sustancial en la concepción rusa de la disuasión. Si en Occidente la doctrina de la disuasión se fundamenta de forma casi exclusiva en la prevención del conflicto, la doctrina rusa favorece una visión más asertiva: no solo se concibe como una forma de defensa, sino un socavamiento preventivo de las capacidades del adversario. La guerra híbrida viene así definida de forma precisa y coherente como una variante de guerra, y no tanto como una serie de estrategias que obedezcan a una política de Estado.

Este enfoque ha sido perfeccionado por los rusos a lo largo de los años: desde la invasión de Georgia en 2008 hasta los informes de injerencia en las elecciones estadounidenses de 2016 y 2020. Sin embargo, la presión contra los países europeos a raíz de la invasión de Ucrania ha aumentado de forma exponencial, como demuestra la reciente penetración de varios drones de reconocimiento en territorio polaco, las reiteradas violaciones del espacio aéreo de las naciones bálticas que han obligado a reforzar la operativa de la misión del flanco este de la OTAN, las interferencias a comunicaciones GPS y los ataques contra infraestructuras críticas.

También se han reportado operaciones de guerra híbrida en España, como el asesinato por parte de los servicios secretos rusos, con particular ensañamiento, en la localidad alicantina de Villajoyosa del piloto de helicóptero Maksim Kuzminov, que desertó del Ejército ruso y puso en manos del Ejército ucraniano su aeronave y documentación de gran importancia.

¿Pero exactamente cómo es vista la guerra híbrida por los rusos? ¿Qué factores explican el recurso a estas acciones por parte de un país que se percibe como gran potencia mundial?


El general Valery Guerásimov con el uniforme de gala del Ejército ruso, acompañado de suboficiales y del ministro de Asuntos Exteriores de la Federación Rusa, Serguéi Lavrov.


El mundo según Moscú

Paradójicamente, la auténtica guerra híbrida según la perspectiva rusa es aquella que lleva a cabo Occidente contra sus intereses. Fruto de la particular idiosincrasia rusa, Moscú se autopercibe como una potencia garante de la civilización, con áreas estratégicas «naturales» que le pertenecen. Occidente, en decadencia moral y social, por el contrario, estaría intentando por todos los ámbitos evitar el retorno de Rusia como gran potencia.

Operaciones como las revoluciones de colores en Bielorrusia en 2004, en Moldavia en 2009 y, más recientemente, en Ucrania con el Euromaidán de 2014 son interpretadas desde el Kremlin, no como sucesos orgánicos, sino como interferencias meticulosamente proyectadas y diseñadas por Occidente para atacar de forma indirecta a la Federación y sus objetivos estratégicos en el seno de su área de influencia natural —Russkiy Mir—.

En este punto, es interesante conocer cuatro conceptos: prinuzhdenie —coerción—, kontrsderzhivanie —contra coerción—, sderzhivanie —disuasión— y ustrashenie —intimidación—.

Según los rusos, la disuasión tiene un significado infinitamente más amplio y proactivo respecto a la concepción tradicional occidental: no se trata de prevenir una guerra, sino de la gestión asertiva de todo el espectro de la presión estratégica, combinando métodos militares y no militares: política, economía, información, energía y ciberespacio.


La huella de la guerra híbrida en Europa es alargada: en el mapa, operaciones de sabotaje, ataques a infraestructuras y ataques de otra índole.


La intimidación consiste en infligir a los rivales miedo de las consecuencias: por ejemplo, la recurrente amenaza del uso del arma atómica —jugando con la ambigüedad sobre la que se construye la doctrina nuclear rusa— o represalias devastadoras.

La coerción comprendería todos aquellos instrumentos puestos en marcha por Occidente contra Rusia, incluyendo sanciones de tipo económico y el mantenimiento del apoyo financiero y militar a Ucrania. En tal contexto, la guerra híbrida se presenta como una especie de defensa preventiva legítima de Rusia contra sus adversarios, una auténtica contra coerción contra el bloque occidental rival.

Sin embargo, esta visión de la guerra híbrida deja entrever gran preocupación y carencias: la primera, un enfoque marcadamente victimista, en el cual Moscú se autopercibe como la parte agredida por un Occidente hostil que intenta someterlo.

La segunda, un reconocimiento explícito de las propias vulnerabilidades, todavía más evidentes tras cuatro años de campaña en Ucrania, en la cual los grandes objetivos estratégicos de la «Operación militar especial» no han sido conseguidos, y los ataques en el corazón del territorio de la Federación Rusa, incluyendo la operación «Tela de araña», la invasión de la región fronteriza de Kursk y la destrucción repetida de instalaciones petrolíferas han puesto en evidencia la debilidad del régimen.


Cartel de propaganda rusa en los territorios ocupados en el este de Ucrania. Traducción: «¡Rusia está aquí para siempre!».


Dividir, distraer, desconcentrar

Rusia es plenamente consciente de que no puede ganar un conflicto convencional contra la OTAN sin desencadenar una escalada nuclear potencialmente letal. Por ello prefiere la guerra asimétrica, compuesta de sabotajes, ataques cibernéticos y desinformación, instrumentos mucho menos arriesgados y más apropiados para socavar a los adversarios.

Uno de los principales puntales de la Gibridnaya voyna es atacar los puntos débiles del adversario por cualquier medio al alcance. Moscú aprovecha la fragilidad de los sistemas políticos occidentales y la gran polarización de nuestras sociedades para difundir narrativas favorables, como el apoyo inútil y contraproducente a Kiev, y alimentar la percepción de Rusia como omnipotente. Un clásico «Divide et impera».

Es de todas formas posible individuar un modelo recurrente de presiones, sabotajes y acciones de guerra asimétrica contra los países europeos, que se intensifican a medida que persevera el apoyo europeo a Ucrania y la situación en el frente se vuelve más compleja: una respuesta fruto de la frustración y de los nulos efectos de la intimidación y la retórica amenazante.

Los eventos de los últimos meses de violación del espacio aéreo del flanco oriental de la Alianza podrían considerarse un auténtico campo de pruebas para verificar tiempos de respuesta y protocolos de actuación de la OTAN, así como un aumento de la presión a uno de los países más proactivos en el apoyo a Ucrania, como Dinamarca.

Esta estrategia también obedece a una política del miedo a los drones de uso militar y busca obligar a las naciones europeas a repensar sus propias estrategias de defensa antiaérea y antidron, idealmente llegando al punto de tener que relocalizar sistemas de defensa antiaérea en el propio territorio, en lugar de destinarlos al maltrecho y muy necesitado esfuerzo de guerra ucraniano.


Las tres «cabezas de la Hidra» de la guerra híbrida rusa: el GRU/GU —Dirección General del Estado Mayor de las Fuerzas Armadas—, el FSB —Servicio de Seguridad Federal— y el SVR —Servicio de Inteligencia Exterior—.


Escenarios a futuro

Los acontecimientos de las últimas semanas, como se ha analizado, no son en absoluto una novedad, sino un nuevo capítulo en la velada hostilidad rusa contra los aliados europeos de Ucrania, intentando desestabilizar las sociedades de estos países y debilitar consensos entre las capitales europeas y Kiev, en un momento sensible de la guerra a distancia, luchada principalmente a través de misiles y enjambres de drones.

Es posible interpretar esta intensificación de la guerra híbrida de dos formas:

Un refuerzo de la contra coerción —más probable—: el incremento de las actividades de guerra híbrida en Europa respondería a las necesidades de Rusia, siempre en el ámbito de la guerra asimétrica, de distraer la atención de la situación del frente ucraniano y de las crecientes dificultades de la economía rusa. El objetivo de la presión rusa sería minar la unidad de los países europeos en lo que respecta al apoyo a Ucrania, reforzar las narrativas prorrusas en las capitales europeas y debilitar la capacidad bélica y tecnológica de Europa.

No solo ello: perseverar en las violaciones aéreas buscaría testar las capacidades reales de las fuerzas de la OTAN y desviar recursos de los aliados ucranianos. Misiles antiaéreos, defensas antidron y contramedidas serían recursos destinados a la defensa del espacio aéreo de las repúblicas bálticas, en lugar de ser destinados a reforzar las capacidades ucranianas.

Queda por ver el impacto que tendrá la reciente autorización de los socios de la Alianza a derribar aeronaves rusas. De hecho, en 2015 defensas antiaéreas turcas derribaron una aeronave rusa que había violado durante un espacio de tiempo de 15 segundos su espacio aéreo.

También hay que considerar los ejercicios conjuntos «Zapad» entre los ejércitos ruso y bielorruso que tuvieron lugar en septiembre, que son empleados por Minsk y Moscú para reforzar la cooperación militar y también son utilizados como pretexto para reforzar las acciones de guerra híbrida.

Cabe recordar que la invasión total del territorio ucraniano fue precedida por el ejercicio «Zapad» del año 2021, de modo que es razonable pensar en una praxis rusa recurrente: la utilización de estas maniobras como preludio de acciones agresivas.


Soldados rusos desfilando en Moscú, 2024.


Figura ilustrativa de la guerra híbrida de Rusia contra Europa.


Definición clásica de la «Doctrina Guerásimov» —menos probable—: según la lógica de Guerásimov, la guerra híbrida sería una fase preliminar de un eventual conflicto armado convencional.

Ya incluso antes de la anexión de Crimea en 2014, Moscú había instigado las tensiones internas en Ucrania a través del apoyo de las poblaciones de habla rusa, enviando asesores militares al Dombás y organizando pseudorreferéndums en las autoproclamadas repúblicas populares de Donetsk y Luhansk, favoreciendo las condiciones idóneas para lanzar una ofensiva a gran escala.

En 2024, la inteligencia danesa consideraba «no descartable» una agresión directa rusa si se abriese una ventana de oportunidad para obtener ventajas estratégicas sin desencadenar la confrontación directa con la OTAN².

En esta óptica, la Gibridnaya voyna buscaría verificar la interoperabilidad real de las fuerzas de la Alianza —tiempos de respuesta, coordinación operativa entre unidades multinacionales y reacciones políticas— y provocar fracturas en la cohesión de la Alianza y la Unión Europea.

No obstante, un escenario similar es poco factible, debido al conflicto en vigor con unas fuerzas ucranianas mermadas, pero en absoluto derrotadas; las consecuencias geopolíticas negativas con China en caso de una escalada; y la promesa de una respuesta de la OTAN a la altura del desafío propuesto.


Valla publicitaria rusa con motivo del 23 de febrero, Día del Defensor de la Patria en Rusia, una festividad que tradicionalmente celebra al Ejército ruso y a los veteranos.


davidcardero

David Cardero Ozarín

defensayseguridad.es

Bibliografía

Notas

1. Se puede acceder a la grabación del seminario «Russian Hibrid War. Strategic culture, practical consraints», organizado por el Colegio Noruego de Defensa, Forsvarets høgskole – Norwegian Defence Uni College, en el siguiente enlace:
https://youtu.be/wcQY7GNd3eM?si=PZq4GtCG5odN1ya4

2. Informe «INTELLIGENCE OUTLOOK 2024», Servicio de Inteligencia y Defensa danés, descargable desde el siguiente enlace:
https://www.fe-ddis.dk/en/produkter/Risk_assessment/riskassessment/Intelligenceoutlook2024/ 

Artículo publicado con el permiso expreso del autor por DYS. Aparecido originalmente en la Revista Ejército, número 1002.

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