La maqueta del USS Defiant muestra qué quiere hacer la US Navy

Un nuevo acorazado de misiles de proporciones desatadas

El modelo fabricado por NSWC Carderock para la clase Trump permite observar un gran buque de combate con enorme capacidad de lanzamiento vertical, armas hipersónicas y energía dirigida, aunque todavía no despeja la duda principal: si el BBG-1 será un programa viable o una declaración política con forma de buque

Redacción/Jorge Estévez-Bujez

La Armada de Estados Unidos ha mostrado el primer objeto físico asociado al futuro USS Defiant —BBG-1—, primer buque propuesto de la clase Trump. No es, por supuesto, un barco en construcción, ni un diseño definitivo, ni una autorización presupuestaria, completa ni incompleta. Es una maqueta conceptual, pero una maqueta fabricada dentro del propio ecosistema técnico de la Navy y, por tanto, suficientemente noticiable como para ser observada con un mínimo de atención.

 

Maqueta del modelo presentado

 

Para aclarar el contexto de la imagen aparecida en redes, es recomendable explicar muy someramente el listado de acrónimos que dibujan el escenario de la noticia. El modelo fue realizado por el Naval Surface Warfare Center Carderock Division —NSWC Carderock—, uno de los centros técnicos de la US Navy especializados en arquitectura naval, hidrodinámica, ingeniería de buques, fabricación de modelos y apoyo a programas de investigación y pruebas. Según NAVSEA —Naval Sea Systems Command, el mando de la Armada responsable de la adquisición, ingeniería, mantenimiento y apoyo técnico de buques y sistemas navales—, la maqueta debutó en el National Symposium de la Surface Navy Association —SNA—, una organización profesional vinculada a la comunidad de guerra de superficie estadounidense que celebra uno de los encuentros navales más importantes del año en Estados Unidos. Tras esa presentación, el modelo regresó a Carderock para recibir mejoras finales antes de su entrega definitiva.

Si el hecho, la presentación de una maqueta temprana, pudiera parecer acaso no demasiado relevante, lo cierto es que no lo es. Las maquetas navales siempre han tenido una función que va más allá de adornar un expositor. Sirven para comunicar una idea, ordenar un concepto, mostrar prioridades y, a veces, vender políticamente un programa antes de que el acero, el dinero y la ingeniería lo hagan mucho más complejo, sobre todo el conceptos como el que tenemos entre manos. El USS Defiant se mueve precisamente en esa zona todavía incipiente entre la ambición tecnológica de escala superior, la recuperación simbólica del término “acorazado” y las dudas -muy materiales aún- sobre coste, utilidad y construcción.

La clase Trump, como saben nuestros lectores, fue anunciada oficialmente en la Navidad de 2025 como una nueva clase de acorazados estadounidense. La US Navy presentó al futuro USS Defiant —BBG-1— como el primer buque de esa serie y lo vinculó a la llamada Golden Fleet, una iniciativa destinada a reforzar la flota con nuevos combatientes de superficie. Aqeulla comunicación oficial hablaba de un buque capaz de concentrar más potencia de fuego que cualquier otra clase previa de superficie y de operar tanto integrado en un grupo de portaaviones como al frente de un grupo de acción de superficie.

 

Imágenes renderizadas disponibles hasta ahora de la clase Defiant

 

La designación BBG era parte de aquel ambicioso mensaje. BB remite a battleship, acorazado; la G añade guided-missile, misiles guiados. Pero, por ahora, será mejor no dejarse arrastrar por la palabra. No estamos ante la vuelta del acorazado clásico, con cinturón blindado, torres de gran calibre y combate artillero de línea. Lo que se está planteando es otra cosa. Es un gran combatiente de superficie, de desplazamiento muy superior al de un destructor, concebido para actuar como arsenal flotante, nodo de mando, plataforma de ataque de largo alcance y banco de integración para armas futuras.

La US Navy describió el futuro buque como un combatiente de gran tamaño, hasta 3 veces mayor que un destructor Arleigh Burke, con mayor volumen para misiles, capacidad de lanzar armas hipersónicas Conventional Prompt Strike —CPS— y también misiles de crucero de lanzamiento desde superficie con carga nuclear, dentro de la arquitectura que Washington ha ido anunciando para reforzar su disuasión naval.

El CPS —Conventional Prompt Strike— es el programa estadounidense de ataque hipersónico convencional de largo alcance. Su objetivo es ofrecer a la Navy una capacidad de impacto rápido contra objetivos de alto valor sin recurrir a armas nucleares. Integrar este tipo de sistemas en un buque de superficie exigirá de un gran espacio, energía, refrigeración, arquitectura de combate y lanzadores de dimensiones superiores a las de muchos misiles navales actuales. De ahí que el tamaño del Defiant no sea un capricho estético, sino una consecuencia directa de lo que se pretende embarcar. Si es un propósito de guarismos imposibles, es algo que aún está por ver.

La fotografía oficial del modelo, aparecida en redes, como decimos, e identificada como 260604-N-JN521-1004, muestra a personal de NSWC Carderock junto a la maqueta en el taller de modelos de la división, en West Bethesda, Maryland. La imagen está fechada el 4 de junio de 2026 y fue publicada posteriormente en los canales oficiales. DVIDS, la plataforma de distribución visual del Departamento de Defensa de Estados Unidos, recoge la imagen como material de dominio público asociado al trabajo de Carderock sobre el modelo del USS Defiant.

A partir de esa imagen, varios observadores especializados han señalado detalles interesantes. Uno de los análisis más difundidos en fuentes abiertas fue publicado en X por el usuario japonés @hone_hone_bone_, conocido por sus observaciones técnicas de buques y sistemas navales. Su interpretación se centra en elementos visibles del modelo; no se puede, efectivamente, ir mucho más allá a partir de una sola imagen: una gran concentración de VLS, posibles lanzadores para CPS y un sistema láser que recuerda a tecnologías ya ensayadas por la US Navy.

El primer y más llamativo punto es la aparente gran capacidad de lanzamiento vertical. El Mk 41 VLS —Vertical Launching System— es el lanzador vertical estándar de muchos buques estadounidenses y aliados. Permite, como es sabido, disparar misiles antiaéreos, antisubmarinos, de crucero y otros sistemas compatibles desde celdas integradas en cubierta. Según puede inferirse a partir de la observación del modelo, el Defiant podría mostrar 3 bloques de 64 celdas, lo que nos llevaría a la sobresaliente cifra a 192 celdas VLS. Insistimos, ésto procede de la lectura visual de una maqueta, no de una ficha técnica oficial. Pero, si la representación se aproxima al concepto real, estaríamos ante un buque con una capacidad de munición muy superior a la de los destructores actuales.

El segundo elemento realmente destacable podría ser el posible lanzador para CPS. En la maqueta, el sistema asociado a esta capacidad parece presentar una inclinación distinta de la vertical estricta habitual en otros lanzadores. Es un detalle llamativo porque los misiles hipersónicos navales exigen soluciones de integración propias, tanto por volumen como por geometría y seguridad. En todo caso, no permite concluir cómo será el lanzador final, pero sí indica que el concepto del Defiant está pensado para asumir armas de gran tamaño desde el principio, y no como una adición posterior.

 

Otra imagen de la clase Trump

 

El tercer elemento que merece atención individual es la presencia de un sistema de energía dirigida. El modelo parece incorporar un montaje láser que recuerda al ODIN —Optical Dazzling Interdictor, Navy—, un sistema empleado por la US Navy para interferir o deslumbrar sensores electroópticos, especialmente en drones y amenazas menores. Sin embargo, por la forma y el contexto del buque, algunos analistas han sugerido una posible relación conceptual con líneas de mayor potencia como HELCAP —High Energy Laser Counter-ASCM Program—, orientadas a explorar el uso de láseres de alta energía contra misiles antibuque. De nuevo, no es una confirmación oficial; es una simple observación razonable sobre lo que la maqueta parece querer mostrar.

Tras todo lo anterior, es razonable apuntar que el buque no se entiende sólo como un barco con muchos misiles. Se entiende como una plataforma grande, muy grande, con margen incluso de crecimiento, capaz de absorber tecnologías que los perfiles actuales integran con dificultad. Hablamos de hipersónicos, energía dirigida, comunicaciones avanzadas, sensores de gran tamaño y quizá nuevas armas electromagnéticas. Esa es, sin duda, la parte atractiva del concepto. También es la que puede hacerlo (y, de hecho, lo hará) caro, quizás lento y vulnerable a la inflación de requisitos.

La historia naval está llena de buques diseñados para resolver todos los problemas a la vez. Casi nunca lo hacen. Cuanto más se pide a una plataforma, más crece el desplazamiento, más se encarece la integración, más se alarga el calendario y más difícil resulta aceptar pérdidas posteriores. Un gran combatiente de superficie con 192 celdas, CPS, láseres, mando de flota y defensa aérea puede ser una herramienta formidable. También, como aducen los críticos, puede convertirse en un blanco demasiado valioso para arriesgarlo donde debería estar. Pero, para ser justos, habrá también que decir que gozará de unas capacidades de autoprotección notablemente superiores a las conocidas hasta ahora.

 

El espectacular Iowa. Imagen de Greg Bishop

 

Ese es, a buen seguro, el debate. La US Navy necesita más potencia de fuego distribuida, más munición lista para lanzar y más capacidad de ataque a larga distancia. Pero también necesita cantidad, resiliencia, producción sostenida y buques que puedan perderse sin provocar una crisis política. El Defiant apunta en la dirección contraria, al de concentrar mucho valor militar en un casco enorme. Puede ser útil como nodo de mando y arsenal; pero también puede ser problemático si el adversario lo convierte en prioridad absoluta.

La comparación con los acorazados de la clase Iowa es inevitable e, incluso la propia comunicación oficial estadounidense la ha alimentado. Los Iowa fueron productos de una era de artillería naval, blindaje y combate visual o más allá del horizonte inmediato. El Defiant, si llega a construirse, pertenecerá a una época de sensores espaciales, misiles antibuque de largo alcance, submarinos, enjambres, guerra electrónica y ataques coordinados. Llevar el nombre de acorazado no le concede inmunidad, pero sí que eleva las expectativas.

La participación de Carderock aporta el matiz final que da rigor a todo lo anterior. El artículo de NAVSEA destaca la experiencia del equipo en fabricación técnica de modelos y su apoyo a programas de investigación y pruebas de la Navy. Incluso señala que la base de la maqueta incorpora material recuperado del USS New Jersey —BB-62—, uno de los antiguos acorazados de la clase Iowa, un gesto simbólico que conecta deliberadamente el pasado artillero de la Navy con su futuro conceptual de misiles y nuevas armas.

La pregunta no es si Estados Unidos puede diseñar una maqueta impresionante. Puede. La pregunta es si puede construir, financiar, tripular, proteger y mantener una clase de grandes combatientes de superficie sin sacrificar otras necesidades más urgentes de la flota. Fragatas, destructores, submarinos, buques logísticos, mantenimiento, astilleros y municiones compiten por los mismos presupuestos y por una base industrial que ya trabaja bajo presión.

El modelo del USS Defiant es merecedor de atención, pero con una mezcla de interés y cautela. Interés, porque muestra hacia dónde mira una parte de la US Navy, empeñada en más fuego naval, más volumen, más armas de largo alcance, más energía dirigida y más mando distribuido. Y cautela, porque hablamos de una maqueta, no de un programa cerrado. De ahí a la grada habrá más de un borrón en el diseño.

Estamos ante la búsqueda de un nuevo tipo de buque de gran desplazamiento para una guerra naval dominada por misiles, sensores, hipersónicos y saturación. El nombre mira al pasado; las armas miran al futuro; el problema, como casi siempre, está en el presente: dinero, astilleros, doctrina y supervivencia… La receta de la complejidad inevitable en la construcción de buques de escala superior, novedosos, caros e innovadores.

La maqueta de la Surface Navy Association no nos permite saber cómo será exactamente el BBG-1. Pero sí que nos da las pistas de qué quiere contarnos la US Navy. Y parece decirnos que necesita un buque más grande que un destructor, con más misiles que un crucero, capaz de lanzar armas hipersónicas y preparado para integrar sistemas de energía dirigida. Si esa ambición termina en una clase real o en una vitrina es la pregunta que seguirá abierta durante los próximos años.

 

Redacción/Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

Fuentes consultadas: NAVSEA, US Navy, NSWC Carderock Division, DVIDS y observaciones técnicas en fuentes abiertas.

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