El acuerdo con Kawasaki abre una vía japonesa para una versión antisubmarina del U950, en un momento en el que París mantiene el programa, pero ya no parece contemplarlo para las misiones que justificaron inicialmente su compra

Redacción
Airbus ha firmado un Memorando de Entendimiento con Kawasaki Heavy Industries para estudiar una variante japonesa del Eurodrone U950 orientada a la guerra antisubmarina y la vigilancia marítima. Mientras Francia enfría su adquisición del sistema, el fabricante europeo intenta ampliar el campo operativo y comercial de una plataforma que nació como respuesta europea al MQ-9 Reaper estadounidense, pero que llega con retraso y bajo fuerte discusión doctrinal.

Eurodrone
Según Airbus, el acuerdo permitirá analizar oportunidades para trabajar con Kawasaki en una versión japonesa antisubmarina del U950 Eurodrone. La compañía subraya que Japón mantiene desde 2023 el estatuto de observador en el programa, y que el país necesita vigilar extensas áreas marítimas. Para Airbus, el Eurodrone puede complementar la actual flota japonesa tripulada de patrulla antisubmarina mediante una plataforma no tripulada de larga permanencia.
La propuesta japonesa no se limita a una simple adaptación ya que Airbus prevé abrir conversaciones con Kawasaki sobre el diseño, desarrollo y comercialización de una futura versión marítima, incluida la definición de configuraciones, la integración de sensores y efectores japoneses y posibles paquetes de trabajo para la industria nipona durante la producción y el sostenimiento. El objetivo declarado es que Japón pueda operar el sistema de forma soberana y sin restricciones si finalmente decide adquirirlo.
Kawasaki, por su parte, confirma en la misma línea que el Memorando busca explorar aplicaciones del Eurodrone en el ámbito de los sistemas no tripulados de larga autonomía, especialmente en relación con la guerra antisubmarina, y estudiar posibles conceptos operativos junto al avión de patrulla marítima P-1, del que la compañía japonesa es contratista principal.

El P-1 de Kawasaki
El interés japonés resulta comprensible porque, no en vano, Japón necesita cubrir un entorno marítimo inmenso, con una presión creciente en sus accesos navales y una demanda sostenida de vigilancia, patrulla y seguimiento submarino que muchas veces exceden la capacidad de los medios Un dron MALE de gran autonomía, integrado con sensores nacionales y conectado a plataformas tripuladas como el P-1, puede tener sentido como complemento de la aviación de patrulla marítima.
Lo destacable del anuncio, al menos desde el punto de vista de lo que viene acaeciendo en los últimos tiempos sobre programa multilnacional, es que llega en un momento delicado para el propio Eurodrone. El programa, desarrollado por los 4 socios originales, Francia, Alemania, Italia y España, acumula retrasos y tensiones. El sistema, grosso modo, forma parte de un programa de unos 7.000 millones de euros, liderado por Airbus, y fue concebido para reducir la dependencia europea de tecnologías estadounidenses e israelíes. Y, si bien es cierto que París no ha abandonado formalmente el programa, su último proyecto presupuestario de defensa elimina la financiación para adquirir sistemas Eurodrone hasta 2035. Algo que, si bien no es un abandono del programa, parece, cuando menos, un orillamiento claro del mismo.
La frase más dura procede del propio ámbito militar francés. El jefe del Estado Mayor de la Fuerza Aérea y del Espacio, el general Jérôme Bellanger, afirmó en noviembre de 2025 ante el Senado: “Es el dron de ayer que tendremos mañana, porque tiene cinco años de retraso”. La cita resume el fondo de una crítica francesa en la que no se cuestiona sólo el calendario, sino la adecuación del sistema a un tipo de guerra en el que han ganado peso los drones más baratos, más numerosos, más prescindibles y más adaptados a entornos de alta intensidad.
En la actualización de la programación militar francesa a que nos referimos, presentada en abril, el Gobierno retiró los créditos destinados a la adquisición de 6 sistemas Eurodrone, al considerar que la plataforma se adapta peor a la alta intensidad que nuevas generaciones de drones. Ese cambio ha tenido además consecuencias industriales, porque Dassault, socio del programa, habría reclamado compensaciones a Airbus por la reducción del paquete de trabajo asociado a la decisión francesa . Esta disputa puede fácilmente insertarse en el contexto más amplio del deterioro de las relaciones entre Airbus y Dassault tras el colapso del proyecto común de caza de combate europeo (FCAS).
Airbus, sin embargo, mantiene públicamente la defensa del programa. Jean-Brice Dumont, responsable de los aviones militares de Airbus, declaró en mayo que “el Eurodrone no estará superado cuando entre en servicio”, y añadió que sus capacidades superan a las de la competencia actual. También remató con una frase significativa: “Varios países del mundo muestran un interés real por este tipo de plataforma. Quizá no necesariamente para las misiones previstas inicialmente”.

El Eurodrone con argumentos navales
Esa última frase es probablemente la más reveladora y de mayor profundidad semántica. Airbus no está diciendo que el programa no tenga problemas. Está sugiriendo que el valor del Eurodrone puede estar desplazándose hacia otras misiones. Menos centrado en el empleo original como MALE europeo de inteligencia, vigilancia y reconocimiento para fuerzas aéreas continentales, y más orientado hacia funciones donde su tamaño, autonomía, carga útil y redundancia puedan tener mayor justificación: patrulla marítima, guerra antisubmarina, vigilancia de grandes espacios oceánicos, señales, alerta temprana o integración con plataformas navales y aéreas tripuladas.
La propia comunicación de Airbus refuerza esa interpretación. En lo meramente técnico, la compañía afirma que el Eurodrone puede cubrir misiones que van desde inteligencia, vigilancia, adquisición de objetivos y reconocimiento hasta alerta temprana, inteligencia de señales, patrulla marítima y guerra antisubmarina. También señala una carga de misión de hasta 2,3 toneladas y una permanencia en vuelo de hasta 40 horas.
Esos guarismos pueden dar el sentido de la vía japonesa. Para Francia, el Eurodrone resulta demasiado pesado, caro o tardío para determinadas misiones de alta intensidad. Para Japón, en cambio, una plataforma grande, con mucha autonomía, carga útil elevada, integración nacional de sensores y capacidad para operar sobre el mar puede encajar mejor en la vigilancia de espacios marítimos extensos. No tiene que ser una contradicción. Puede tratarse de una reubicación operativa.
Airbus también ha tratado de transmitir que Francia no está fuera del programa. Según recogimos en DYS, la posición de la compañía es que Francia sigue comprometida con el Eurodrone, aunque pueda revisar el calendario o la forma de materializar sus pedidos. Esa lectura matiza el alcance de la decisión francesa: París puede retrasar o reordenar su adquisición, pero, en efecto, no ha formalizado una salida del programa.
Para España, Alemania e Italia, el caso merece otra atención. El Eurodrone fue presentado durante años como una respuesta europea de soberanía tecnológica en el segmento MALE. Sin embargo, es innegable que el calendario, el coste, la evolución de la guerra en Ucrania y la presión de alternativas más baratas han debilitado parte de su narrativa original. La pregunta ya no es sólo si el Eurodrone llegará. La pregunta es para qué llegará, con qué clientes y en qué configuración.
La variante japonesa puede ser una salida razonable si permite transformar un programa discutido en una plataforma más especializada, con aplicaciones marítimas de alto valor y posibles versiones nacionales. Pero también confirma que el programa necesita adaptarse a una realidad operativa distinta de la que existía cuando fue lanzado. El largo paso de los años ha influido notablemente en un programa cuyo segmento de sistemas ha evolucionado más que ningún otro, y en menos tiempo del que nadie podía imaginar antes del comienzo de la guerra en Ucrania.
El Eurodrone no está muerto. Tampoco está indemne. La posición francesa, las tensiones industriales y la búsqueda de nuevos clientes muestran que Airbus intenta sostener el programa mediante una ampliación de misiones y mercados. Japón ofrece una oportunidad seria, especialmente en el ámbito marítimo y antisubmarino. Pero el fondo del asunto sigue siendo el mismo, que Europa desarrolló tarde una capacidad que necesitaba antes, y ahora debe encontrarle utilidad en un entorno que ha cambiado con rapidez. No es imposible, y Japón puede ser una muestra de ello.
Quizá por eso la frase de Dumont resulta tan precisa. El Eurodrone puede no estar superado cuando entre en servicio. Puede incluso ser una plataforma de alto nivel. Pero es posible que su futuro ya no esté exactamente en las misiones para las que fue concebido inicialmente.
Redacción
defensayseguridad.es


2 respuestas
Buenos días, familia. ¿Este bicho trasnochado por las vicisitudes de la invasión rusa de Ucrania y sus consecuencias, podría adaptarse para la lucha contra el narcotráfico en toda la costa sur de España? Así nos ahorraríamos las bochornosas persecuciones infructuosas y las vidas sagradas de nuestros guardias civiles. ¿Irán armados?
Saludos.
Ninguna plataforma que pueda mantener en el aire 2,3 toneladas de carga durante 40 horas, controlada de forma remota está obsoleta.
Se puede replantear la misión original, pero se me ocurren 20 casos de uso para un sistema como este.
Desde hace un tiempo veo una tendencia en los centros decisorios de los ejércitos europeos hacia una especie de «cherry picking». Querer siempre la herramienta perfecta en lugar de la herramienta buena, la herramienta que promete la excelencia en lugar de usar lo disponible.
Es perfectamente válido decir que este sistema es obsoleto para funciones de vigilancia del frente por ejemplo, pero negar su utilidad en patrulla marítima o incremento de la capacidad de alerta temprana con pods adecuados es disparar con pólvora del rey.