Australia. Bonifaz-Hunter: 8 años después de una derrota

8 años después de la firma de los contratos principales de los 2 programas de fragatas pesadas más relevantes de España y Australia, el contraste entre la F-110 Bonifaz y la Hunter-class puede servir a una comparativa razonable del ámbito naval

Redacción

En 2018, Navantia perdió en Australia frente al diseño británico Type 26 de BAE Systems, una plataforma concebida para guerra antisubmarina de alto nivel y presentada entonces como una solución de menor riesgo para la Royal Australian Navy. 8 años después, España tiene ya la primera F-110 en el agua, 3 unidades en distintos grados de avance y un coste por buque que sigue dentro de una escala reconocible para una fragata de primera línea; no tan extrema en la guerra antisubmarina como su equivalente de las Antípodas, pero ciertamente comparable.

 

Foto: Óscar Corral. El País

 

Australia, por su parte, mantiene un buque potencialmente superior en tamaño, autonomía, margen de crecimiento y sensores, pero atrapado en un calendario dilatado y en una factura que ha alimentado una crítica interna poco habitual por su dureza.

No se trata de comparar 2 buques idénticos. Como decimos, la Hunter es más grande, deriva de una plataforma pensada desde el origen para la caza de submarinos en largas distancias (mares mucho más amplios que el Meditarráneo o el cercano Atlántico español) y se construye en un entorno industrial más caro y con mayores exigencias de soberanía nacional. La F-110, en cambio, parte de una evolución más contenida, pero muy equilibrada: combina SCOMBA, integración Aegis, radar SPY-7, suite antisubmarina muy potente y moderna y una arquitectura industrial muy asentada en Ferrol. Pero, precisamente ahí está el punto de la comparación: cuando 2 países aliados compran fragatas avanzadas en la misma ventana temporal, las diferencias de coste, calendario y rendimiento industrial invitan al contraste, pese a considerar los requisitos de cada uno de manera justa y reconociendo las diferencias y necesidades de cada uno de ellos.

La pregunta no es si la Hunter será tan buena fragata como lo que debe ser. Sobre el papel lo será. La cuestión es si Australia está pagando por ella un precio y empleando unos tiempos compatibles con la eficiencia que exige el entorno naval de los cercanos años 30. Ahí, la comparación con la Bonifaz, con la propia Type 26 británica y con las Álvaro de Bazán españolas quizás ayude a ordenar el debate.

1. Cronología comparada desde la orden de ejecución

Hito F-110 Bonifaz (España) Hunter-class (Australia) Diferencia
Orden de ejecución / Head Contract 23 de abril de 2019 14 de diciembre de 2018 (efectivo febrero 2019) Australia ~4 meses antes
Primer corte de acero Abril 2022 Junio 2024 España +26 meses
Botadura primera unidad Septiembre 2025 Pendiente (estructura >50 % en 2025) España adelantada
Entrega prevista primera unidad 2028 2032 España 4 años antes
Número de buques 5 6 (reducido de 9 en 2024)

La cronología deja una lectura, a priori, sencilla: Australia firmó antes, pero España construyó antes. La F-110 no es un programa exento de ajustes —la modificación presupuestaria de 2025 lo confirma—, pero su secuencia industrial ha mantenido una cadencia razonable, incluso optimista. La Hunter, en cambio, arrastra el coste de adaptar una fragata británica a un sistema de combate, radar, requisitos nacionales y modelo industrial propios, con efectos visibles en calendario y presupuesto. Lo normal, con ese «equipaje» es que los retrasos surgieran.

2. Costes oficiales (en euros, mayo 2026)

Programa Coste total del programa Coste aproximado por unidad Fuente
F-110 4.768 millones € 954 millones € Modificación presupuestaria del Consejo de Ministros (diciembre de 2025)
Hunter 40.000 – 47.000+ millones AUD (estimado) ≈ 24.600 – 29.000 millones € 4.100 – 4.800 millones € ANAO, Portfolio Budget Statements y análisis Strategic Analysis Australia (2024-2025)

La diferencia por unidad ronda 4,3 a 5 veces a favor de la fragata española. Incluso admitiendo que la Hunter no ofrece exactamente lo mismo que la F-110, la brecha es demasiado grande como para explicarla sólo por desplazamiento, autonomía o sensores. Hay un componente claro de rediseño, curva industrial, costes nacionales y decisiones de adquisición acumuladas.

3. Características técnicas clave

Característica F-110 Bonifaz Hunter-class Ventaja
Desplazamiento 6.100 t 8.200 – 8.800 t Hunter
Sonar ASW Thales BlueMaster UMS 4110 + CAPTAS-4 Compact Ultra S2150 + Thales Sonar 2087 (idéntico al Type 26 británico) Hunter en algunos aspectos, Bonifaz en otros. Son realmente comparables
Sistema de combate / Radar SCOMBA + Aegis con SPY-7 (S-band) Aegis + CEAFAR2 (AESA australiano) Muy similares. El SPY de las Bonifaz ya está operativo. Falta por comprobar el rendimiento del CEAFAR2 en la mar.
Células VLS Mk 41 16 (crecimiento a 32 y/o 48) 32 (crecimiento posible a 96) Hunter. La Bonifaz montará probablemente 32 celdas en las últimas de la serie y quizás 48 en la extensión prevista de 2 más.
Autonomía 4.100 millas náuticas >7.000 millas náuticas Hunter
Tripulación 150 180 (máx. 208) F-110

La Hunter gana en volumen y autonomía, pero las cosas no son tan evidentes en sonar remolcado, ya que prácticamente hablamos del mismo sistema en ambas naves; cosa distinta es el de casco, donde probablemente juega con ventaja la australiana. En todo caso, ambas son sobresalientes en este segmento de la guerra.

Pese a que no pocos especialistas en identifican un número inicial de celdas VLS insuficiente, lo cierto es que parece haber margen de crecimiento. Estamos en condiciones de afirmar que la extensión de la serie (teóricamente prevista en 2 más) contará con más celdas VLS que la Hunter, lo que la llevaría, en principio, a las 48 celdas.

Así las cosas, la F-110 gana como buque compacto, coste, madurez de ejecución y tamaño de dotación. En otras palabras, sí, la australiana es más buque; la española, hasta la fecha, es más programa.

4. La comparación para ordenar el contraste: Type 26, F-100 y F-110

La Hunter no puede entenderse sin la Type 26. El diseño británico fue elegido por Australia por su orientación antisubmarina, su baja firma acústica y su potencial de crecimiento. Sus virtudes son innegables. Reino Unido lo desarrolla como clase City, Canadá lo ha tomado como base para sus futuros combatientes de superficie y Noruega ha seleccionado también la familia Type 26 para reforzar la defensa antisubmarina del Atlántico Norte. Es, por tanto, una plataforma con respaldo, recorrido y reconocimiento.

 

La clase Hunter

 

El problema australiano no está en haber elegido una mala base, sino en el coste de convertirla en una fragata nacional con radar CEAFAR2, integración Aegis, modificaciones de diseño y construcción soberana en Osborne. Esa decisión puede tener sentido político e industrial, y de hecho lo tiene, pero reduce la ventaja inicial de comprar una plataforma madura. Cuando la adaptación pesa tanto como el buque, el riesgo deja de estar en el diseño original y pasa a estar en la gestión del programa; clave de los atolladeros de muchos de ellos.

La F-110 sigue otra lógica. España no ha intentado construir una F-100 aumentada ni una Type 26 aligerada, sino una fragata nueva apoyada en capacidades ya conocidas por la Armada: experiencia Aegis, sistema nacional SCOMBA, sensores avanzados y una cadena industrial que viene de las Álvaro de Bazán. La F-100 fue durante años una carta de presentación muy seria para Navantia; la F-110 intenta actualizar esa credencial con más digitalización, mejor guerra antisubmarina y una arquitectura más automatizada, aunque con menos volumen y menor pegada vertical que la Hunter y que su hermana Bazán.

La comparación, por tanto, no deja una conclusión abiertamente concreta, pero sugiere cosas. La Hunter parece más ambiciosa como plataforma de combate. La F-110 parece más sobria como programa de adquisición. En todo caso, no hay que olvidar que en defensa naval, los plazos también son capacidad, y esa diferencia cuenta.

5. Análisis de la diferencia de precio y opiniones australianas

Parte de la brecha de coste se explica por factores objetivos y razonables: mayor tamaño, mayor autonomía, capacidades ASW de superiores, radar propio CEAFAR2, integración del sistema Aegis, construcción soberana en Australia y requisitos específicos del entorno Indo-Pacífico. Ninguno de esos elementos es accesorio. Australia opera a grandes distancias, necesita sostener presencia en un espacio marítimo enorme y busca dar crecimiento a una base industrial naval propia.

Sin embargo, analistas australianos de reconocido prestigio consideran que el precio actual no está plenamente justificado. Michael Shoebridge, de Strategic Analysis Australia, ha descrito el programa Hunter como un ejemplo extremo de derroche, retraso y mala gestión presupuestaria. En un análisis propio sostuvo que cada 1 de los 3 primeros buques costaría alrededor de 9.000 millones AUD, con entrega de la primera unidad en 2032; y en declaraciones recogidas por medios australianos calificó el programa como “más allá de lo escandaloso” y como una contribución lenta, cara y reducida al poder militar australiano. La comparación con Noruega —que también ha seleccionado la familia Type 26— refuerza esa crítica de valor relativo, aunque conviene presentarla como comparación periodística y analítica, no como dato oficial cerrado.

El vicealmirante retirado David Shackleton, ex jefe de la Armada australiana, y el analista Marcus Hellyer, ex ASPI, han coincidido en el fondo de la crítica, aunque no siempre con las mismas palabras: la Hunter corre el riesgo de llegar tarde, cara y con una pegada limitada para las amenazas de los años 30. Shackleton escribió para ASPI que el programa, en su forma actual, debía detenerse y redirigirse, al considerar que Australia había elegido un buque no ajustado a sus necesidades. Hellyer, por su parte, ha advertido de los problemas de calendario, integración, peso y aumento de costes, y en declaraciones recogidas por medios australianos calificó el programa como “monstruosamente caro”.

Estas críticas no niegan la importancia de la industria australiana ni las exigencias del Pacífico. Lo que cuestionan es el equilibrio entre soberanía, coste, calendario y número de buques. Una fragata excelente entregada tarde y en pocas unidades sobre la previsión inicial puede resolver menos problemas de los que promete.

Conclusión

8 años después del arranque formal de ambos programas, la F-110 Bonifaz presenta un modelo de gestión industrial disciplinado, con plazos razonablemente cumplidos y costes todavía contenidos para una fragata occidental de nueva generación. La Hunter-class ofrece algunas capacidades ASW superiores, más autonomía y mayor potencial de crecimiento, pero lo hace a un precio y con unos plazos que, según analistas australianos independientes, superan ampliamente lo esperable incluso considerando sus condicionantes nacionales.

España perdió el concurso australiano en 2018. Pero, en 2026, la foto comparada es menos complaciente para Canberra de lo que sugería aquella decisión. Australia eligió una plataforma más grande y muy capaz. España ha puesto en el agua antes una fragata menos ambiciosa, pero más ajustada a coste, calendario e industria.

Ambos países persiguen buques de primera línea. La diferencia es que, hasta ahora, uno de los programas parece estar entregando una fragata; el otro sigue intentando justificar el precio de su promesa.

 

Redacción

defensayseguridad.es

 

4 respuestas

  1. Creo que en materia antisubmarina, no hay tanta diferencia. De hecho el sonar de calado australiano no deja de ser una versión de él de Thales. Es más, creo que su función va a ser diferente uno para cazar SSN en grandes océanos y el español más enfocado a submarinos convencionales y en mares y estrechos cerrados más el Atlántico.

  2. Realmente Navantia no perdió ningún concurso porque la Type 26 no existía, era un simple PowerPoint, como se suele decir. Fue una decisión política, no técnica. Para los que se quejan de los «dedazos» españoles, éste sí que fue un auténtico «dedazo» que perjudicó a una empresa española. Pero no he visto muchas quejas de los «PPatriotas» españoles. Los mismos que no paran de despotricar del gobierno, de los programas y empresas españolas. Todo lo hacen mal, al contrario de las extranjeras, que son casi perfectas. Lo que no quita que se reconozca que hay programas que tienen o han tenido problemas, como el S-80 o directamente desastrosos como el Dragón. Pero el artículo también refleja un programa realmente bien gestionado.

  3. Un dato importante que se deja el autor. La diferencia de peso aquí se muestra como una ventaja, pero en la realidad se ha demostrado como un problema, y serio, para la Hunter.
    Se dieron cuenta que la planta energética que tienen diseñada, no puede suministrar la energía necesaria para todos los sistemas y además, mover el barco a la velocidad requerida. Así que se han dado cuenta que o bien el barco «enciende» todos sus radares y navega a pocos nudos (lo que lo convierte en un pato de feria) o apaga la mitad de los sistemas que le dan razón de ser y navega a velocidad de combate.
    Un sinsentido de programa.
    Supongo que alguien en Australia estará recordando la oferta que Navantia les puso en la mesa, así como la oportunidad perdida con los submarinos franceses (aquí también culpa suya por pedir una transferencia de tecnología que encarecía el producto sin medida y sin tener en cuenta que su industria no tiene la capacidad).

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