F-35 en Reino Unido: dudas legítimas

Reino Unido, el F-35 y la trampa del 138: cuando una cifra sirve más para ganar tiempo que para despejar dudas

Redacción

Interesante la información publicada hoy por UK Defence Journal, en una pieza firmada por Lisa West, que pone sobre la mesa una cuestión que es polémica en Reino Unido. No tanto por el valor de la cifra en sí, sino por lo que revela sobre el estado real del programa británico del F-35. El Gobierno ha reiterado su compromiso de adquirir 138 aparatos a lo largo de la vida del programa, pero las respuestas parlamentarias conocidas estos días dejan abierta una duda razonable: qué significa exactamente hoy ese 138.

Artículo del UK Defence Journal

Ese es el punto de partida del debate; un debate que, como decimos, comenzó hace mucho, porque son ya varios años en los que las dudas sobre si se alcanzará esa cantidad de cazas furtivos de Lockheed Martin pesan. Es cierto que la cifra sigue viva en el discurso oficial, pero continúa sin ir acompañada de un calendario detallado, una senda presupuestaria cerrada o una explicación precisa de cómo se alcanzará. Más aún, el matiz utilizado por el Ministerio de Defensa británico —la compra de 138 aeronaves “a lo largo de la vida del programa”— no aclara si se habla de una flota sostenida en el tiempo, de adquisiciones acumuladas durante décadas o de futuras reposiciones que permitan mantener intacta la referencia política sin concretar una estructura final de fuerza.

Las dudas, por tanto, no nacen de una lectura malintencionada, sino de la propia ambigüedad oficial. En la práctica, el Reino Unido ha recibido ya 48 F-35B, mientras que la siguiente fase conocida del programa amplía la flota hasta 75 aeronaves, con una combinación de 15 F-35B y 12 F-35A (pretendidos para garantizar la seguridad nuclear de la Alianza), siempre según la información del UK Defence Journal. En todo caso, ese dato significa que la evolución del programa ya no responde exactamente al esquema inicial de una fuerza centrada exclusivamente en la variante de despegue corto y aterrizaje vertical (B), sino a una flota mixta cuya lógica deberá explicarse mejor en términos operativos, presupuestarios y doctrinales.

Durante años, el 138 funcionó como una referencia clara, asociada a una determinada ambición política y militar. Hoy, sin embargo, esa cifra parece más una meta de largo recorrido que un plan de adquisición definido. La diferencia entre ambas cosas es importante. Una meta puede mantenerse en el terreno declarativo. Un plan exige contratos, hitos, fondos y prioridades visibles.

La propia trayectoria reciente del programa contribuye a esa incertidumbre. Como asegura el medio británico, en 2021, el Gobierno de Londres se alejó de facto de la cifra de 138 al optar por una formulación más abierta sobre el crecimiento futuro de la flota. Después llegaron declaraciones que han recuperado ese número como referencia, pero sin que haya aparecido todavía una base contractual nueva que le devuelva todo su contenido práctico. A ello se suma, como decíamos, la decisión de introducir el F-35A en la ecuación, lo que modifica el perfil previsto de la fuerza final y obliga a reinterpretar qué representa exactamente hoy aquel compromiso original y cuántos cazas de uno y otro tipo (si es que llega el modelo A) conformarán la flota final.

La National Audit Office hizo en su día las pertinentes observaciones que hoy resultan especialmente útiles. La institución ya advirtió de que no existía un calendario aprobado para las compras más allá de las aeronaves ya contratadas. También subrayó problemas de coste, retrasos, infraestructura y disponibilidad que afectan a la maduración de la capacidad. Nada de eso invalida el programa, pero sí aconseja prudencia cuando se presenta el 138 como si fuese una realidad en marcha y no una aspiración aún pendiente de aterrizar en términos financieros y programáticos.

El aparato sigue siendo una pieza central de la aviación de combate aliada y, a futuro, aportará capacidades de primera línea a la RAF (llegado el caso), haciéndolo ya con la Royal Navy. Tampoco elimina el valor industrial de la participación británica en el programa. Pero precisamente por esa importancia, el debate exige claridad. Cuando se trata de un sistema tan costoso, tan prolongado en el tiempo y tan vinculado a la credibilidad militar del país, la exigencia lógica no es repetir una cifra, sino explicar con precisión cómo se llegará a ella.

A día de hoy, la situación puede resumirse de forma más sencilla de lo que el problema realmente ofrece. Existe una reafirmación política del 138. Existe una realidad material que hoy se concreta en 48 aparatos entregados y una siguiente tanda conocida hasta 75. Pero no existe aún una hoja de ruta pública y cerrada que permita afirmar con seguridad cómo, cuándo y en qué condiciones se cubrirá el resto del recorrido. Ese vacío es el que da sentido a las preguntas planteadas.

Por eso, el artículo de Lisa West atina al señalar que persisten las dudas. No porque el compromiso haya sido formalmente abandonado, sino porque sigue sin traducirse en un marco suficientemente concreto.

El problema no es que Londres mantenga el 138 como horizonte. El problema es que, mientras no explique de manera convincente el trayecto entre la cifra y la realidad, ese horizonte seguirá generando preguntas perfectamente legítimas.

 

Redacción

defensayseguridad.es

 

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