El sistema desarrollado por CETC articula lanzamiento, mando y apoyo en una arquitectura de 3 vehículos capaz de desplegar decenas de drones de ala fija para reconocimiento, ataque y sostenimiento de enlaces en el campo de batalla

Redacción
El sistema Atlas, desarrollado por China Electronics Technology Group Corporation (CETC), representa una de las propuestas chinas más visibles en el terreno de los enjambres de drones aplicados al combate terrestre. Su elemento más reconocible es el vehículo de combate terrestre Swarm-2, una plataforma lanzadora integrada en un conjunto más amplio concebido para desplegar, coordinar y sostener operaciones con múltiples drones de ala fija en misiones de reconocimiento, ataque y apoyo a las comunicaciones.

La relevancia del sistema no reside sólo en la imagen del lanzamiento en cadena de varias decenas de aparatos, que se trata, sin duda, de la parte más mediática, sino en lo que sugiere sobre la evolución de determinados programas militares chinos. Atlas responde a una lógica de empleo en la que convergen masa, automatización, coordinación en red y presión simultánea sobre distintos puntos del dispositivo adversario. No se presenta, por tanto, como un simple lanzador móvil, sino como una capacidad integrada pensada para operar en escenarios en los que el volumen, la rapidez de despliegue y la cooperación entre plataformas no tripuladas ganan peso.
Según la información disponible, el sistema se organiza en torno a 3 vehículos. El primero es el propio Swarm-2, encargado del lanzamiento. El segundo es un vehículo de mando y control, desde el que se dirige la operación del conjunto. El tercero es un vehículo de apoyo, destinado a tareas de recarga y mantenimiento. Esta estructura, por lo demás similar a la clásica de un sistema artillero tradicional, apunta a una concepción modular, con cierto grado de autonomía táctica y orientada a facilitar el despliegue del sistema en condiciones operativas.
tabla de características principales
| elemento | dato disponible en la actualidad |
|---|---|
| sistema | Atlas |
| fabricante | China Electronics Technology Group Corporation (CETC) |
| vehículo lanzador | Swarm-2 |
| tipo de sistema | sistema de enjambre de drones no tripulados para empleo terrestre |
| arquitectura | 3 vehículos: lanzador, mando y control, y apoyo |
| capacidad de lanzamiento por unidad | 48 drones de ala fija |
| ritmo de lanzamiento | 1 dron cada 3 segundos |
| capacidad de control declarada | hasta 96 drones por un solo operador |
| cargas útiles | reconocimiento electro-óptico, munición de ataque y relé de comunicaciones |
| funciones declaradas | reconocimiento, ataque y sostenimiento de enlaces |
| demostración pública inicial del vehículo | Airshow China 2024 |
| demostración televisada del sistema completo | 25 de marzo de 2026 |
| situación conocida | demostración operativa y entrenamiento; también citado como versión de exportación |
La primera exhibición pública del Swarm-2 habría tenido lugar en la Airshow China 2024, celebrada en Zhuhai en noviembre de ese año. Posteriormente, el 25 de marzo pasado, la televisión estatal china difundió una demostración completa del sistema Atlas, en la que se mostraban sus fases de lanzamiento, control, reconocimiento autónomo y ataque. Esa secuencia permitió observar el sistema no sólo como una plataforma de salida, sino como una arquitectura coordinada de empleo de drones en varias fases de misión.

Uno de los aspectos más relevantes del conjunto es su capacidad de lanzamiento. Una sola unidad Swarm-2 puede transportar y lanzar 48 drones de ala fija. A ello se añade un ritmo de lanzamiento de 1 dron cada 3 segundos, una cadencia que, sobre el papel, busca garantizar la separación segura entre aparatos y reducir el riesgo de interferencias o colisiones durante el despliegue. En términos operativos, esta secuencia permite poner en el aire una cantidad apreciable de plataformas en un tiempo reducido, algo especialmente significativo en misiones de saturación o de reconocimiento avanzado.
Otro dato de interés es la afirmación de que un solo operador puede dirigir hasta 96 drones simultáneamente desde el vehículo de mando. Más allá del dato en sí, lo que nos dice esa cifra es la aspiración a combinar volumen y control sin una expansión proporcional de personal. El valor del sistema no depende únicamente de la cantidad de drones que puede lanzar, sino de la capacidad para coordinar un número elevado de plataformas bajo una misma arquitectura de gestión.
La base de esa coordinación reside en lo que se describe como inteligencia de enjambre. Bajo esa denominación se agrupan funciones de autonomía, redes de información compartida, formación automática y reposicionamiento en tiempo real para evitar choques y ajustar el comportamiento del conjunto durante la misión. En la práctica, se trata de dotar al enjambre de una capacidad de actuación cooperativa que le permita mantener eficacia incluso en entornos complejos, con cambios rápidos en la situación táctica o con exigencias de reorganización sobre la marcha.
A ello se suma una capacidad que, de confirmarse en entornos más exigentes, tendría particular interés: la identificación autónoma de objetivos entre varios similares. En la demostración difundida en marzo de 2026, el enjambre habría sido capaz de reconocer y atacar con precisión un vehículo de mando entre 3 objetivos idénticos. Lo que este dato aporta es un intento de avanzar no sólo en el vuelo coordinado de múltiples drones, sino también en la discriminación de blancos dentro de escenarios con elementos repetidos o potencialmente diseñados para dificultar la selección del objetivo.
El sistema incorpora además una lógica de cargas útiles modulares. Según la configuración elegida, cada dron puede portar cámaras electro-ópticas para reconocimiento, municiones de ataque o equipos de relé de comunicaciones. Esa modularidad permite combinar funciones distintas dentro de una misma misión y ajustar la composición del enjambre a las necesidades concretas de cada operación. Así, una primera oleada puede centrarse en la detección y clasificación de objetivos, otra en el sostenimiento de enlaces o en tareas de apoyo, y una posterior en la acción cinética.
El Swarm-2 debe entenderse como una parte visible de una propuesta más amplia. El interés del sistema Atlas no radica únicamente en el lanzamiento de 48 drones desde una plataforma terrestre, sino en la integración de esos medios en una arquitectura capaz de enlazar reconocimiento, apoyo de comunicaciones y ataque dentro de una misma secuencia operativa. Esa integración responde a una tendencia cada vez más visible en los sistemas no tripulados contemporáneos: la búsqueda de soluciones de coste contenido, elevada disponibilidad y capacidad de reemplazo, orientadas a complicar la respuesta del adversario mediante la simultaneidad y el número.
En ese sentido, el sistema encaja a la perfección en una lógica de saturación del campo de batalla. La intención no parece ser sólo destruir un objetivo mediante una plataforma singular de alto valor, sino desbordar la capacidad de detección, clasificación e interceptación del adversario mediante un conjunto de plataformas más numerosas, coordinadas y configurables (ayer hablábamos en esos términos sobre la capacidad defensiva de Taiwán ante el colapso de las defensas por saturación). Para fuerzas armadas que deban operar frente a defensas antiaéreas densas, redes de mando protegidas o entornos de alta fricción electromagnética, este tipo de soluciones puede ofrecer ventajas tácticas evidentes, aunque también plantea interrogantes sobre su resistencia real ante guerra electrónica, contramedidas y degradación de enlaces.
La cuestión de su entrada en servicio.
Las referencias existentes lo presentan como un sistema que ha pasado a fase de demostración operativa y entrenamiento, y al mismo tiempo se alude de forma expresa a una versión de exportación. Esa combinación sugiere un grado elevado de madurez, pero no permite afirmar de manera concluyente su incorporación a gran escala en unidades operativas del Ejército Popular de Liberación. Lo razonable, por ahora, es situarlo en un estadio avanzado de desarrollo y validación, con un mensaje claro tanto hacia el ámbito militar nacional como hacia potenciales clientes exteriores.
Más allá de su estado exacto de despliegue, Atlas y el Swarm-2 reflejan una dirección concreta dentro de la industria china de defensa. Esa dirección pasa por sistemas no tripulados cooperativos, con capacidad para combinar número, automatización y flexibilidad de cargas útiles en misiones complejas. No es una idea enteramente nueva, pero sí una formulación cada vez más tangible de cómo determinados actores están tratando de adaptar el combate terrestre y aeroterrestre a un entorno en el que la masa asequible y la coordinación algorítmica empiezan a tener un peso creciente.
Conviene, en todo caso, y tal y como siempre afirmamos, mantener cierta prudencia. Las demostraciones públicas cumplen también una función de comunicación industrial y militar, y no siempre trasladan con exactitud el rendimiento de un sistema en condiciones reales de combate. Tampoco adelantan su futuro ni son una concreción fidedigna de él al 100 por 100. Aun así, incluso con esa cautela, Atlas merecía nuestra atención. Lo que muestra no es sólo un procedimiento de lanzamiento llamativo, sino un intento de articular una capacidad de enjambre con aspiración operativa, organizada en torno a una arquitectura terrestre relativamente compacta y pensada para combinar reconocimiento, enlace y ataque dentro de un mismo conjunto.
En suma, el Swarm-2 no representa únicamente un vehículo lanzador, sino una pieza dentro de una propuesta más amplia sobre el uso de enjambres de drones en el combate contemporáneo. Y esa propuesta, por su grado de integración, por la cantidad de plataformas que puede desplegar y por la variedad de funciones que pretende reunir, ofrece una pista útil sobre la dirección que sigue una parte de los desarrollos chinos en este terreno.
Redacción
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