La reconversión de las F-80

Un parche que perpetuaría la penuria de la Armada. Octavio Díez lo propone, porque conoce demasiado bien el fondo de la cuestión

Jorge Estévez-Bujez

En un momento en que a la Armada se le exige presencia, constancia y capacidad de respuesta en escenarios cada vez más exigentes, la propuesta de prolongar la vida útil de las fragatas F-80 clase Santa María merece algo más que un asentimiento resignado. El reciente planteamiento de Octavio Díez Cámara en defensa.com —medio al que, no tenemos que insistir, pero lo hacemos, profesamos reverencial respeto por su solvencia y por su aportación al debate público sobre defensa desde hace décadas— parte de una lógica comprensible: si faltan cascos, habrá que exprimir los que todavía flotan. Lo que Octavio propone es, desde un punto de vista pragmático, de economía de medios disponibles, razonable; no cabe duda. El problema es que esa lógica, siendo comprensible, no deja de retratar una carencia de fondo, que es, con mucho, el mayor de los problemas que, por fuerza, no debería resolverse con ingenio y oportunidad: faltan buques (y marinos).

Aquí pueden leer el artículo de Octavio Díez en defensa.com

No se discute aquí tanto la posibilidad material de mantener a flote estas unidades unos años más, como el significado político, presupuestario y naval de hacerlo. Porque cada vez que la Armada se ve empujada a improvisar con plataformas envejecidas, lo que aflora no es una muestra, como decimos, de ingenio institucional (que también), sino la prueba de una insuficiencia prolongada de medios.

fragataCanarias

Un problema antiguo que ya no admite maquillaje

Las F-80 arrastran muchos años de desgaste acumulado. No tuvieron en su día una modernización de media vida (MLU) comparable a la que habría permitido preservar de forma ordenada sus capacidades nucleares de escolta y guerra antisubmarina. Lo que hoy tenemos no son fragatas veteranas en plenitud, sino buques muy castigados por el tiempo, por la exigencia de servicio y por una cadena de aplazamientos que ha terminado por vaciar de contenido parte de su valor militar original.

Es forzoso apuntarlo, por más que Octavio ya lo haya dejado claro. Estas fragatas han ido perdiendo, o viendo severamente degradados, varios de los sistemas que daban sentido a su perfil de combate:

-Los misiles Standard SM-1 han sido retirados, dejando a la clase sin su defensa antiaérea misilística propia.

-El Meroka, que en otro tiempo al menos ofrecía la posibilidad de una última barrera artillera, hace años que dejó de representar una defensa de punto efectiva o creíble.

-El lanzador Mk 13 conserva presencia física y utilidad residual, pero queda muy lejos de la funcionalidad plena que justificaba su integración original si no dispone de una panoplia completa y vigente de munición asociada.

-Y también el componente de guerra antisubmarina remolcada ha quedado atrás hace ya tiempo como debería en una fragata concebida precisamente para esa clase de lucha.

A ello se suma un elemento especialmente revelador: la incorporación de montajes Sentinel 30 como respuesta de oportunidad frente a amenazas asimétricas, en particular drones o embarcaciones ligeras. Nadie discute su utilidad táctica en un nicho concreto. Lo que sí conviene discutir es el relato que se construye alrededor de ellos. Porque una Sentinel 30 no equivale a una defensa de punto naval integral, ni sustituye un CIWS de verdad, ni devuelve a estas fragatas una burbuja razonable de autoprotección. Es un alivio puntual, no una solución estructural.

Mucho casco, poca capacidad útil

Una cosa es que un buque pueda seguir navegando, desplegándose e incluso cumpliendo determinadas misiones con dignidad profesional. Otra, muy distinta, es sostener que conserva una capacidad de combate proporcionada a los riesgos actuales o que debería, por el mero hecho de navegar, adaptarse a funciones para las que no fue diseñado ni cumple con los requerimientos necesarios.

Las F-80 pueden seguir aportando presencia, mando, vigilancia, acompañamiento y cierta versatilidad en escenarios permisivos o de amenaza limitada. Pero prolongar ese hecho hasta convertirlo en argumento doctrinal sería un error. Porque el coste no es sólo económico. También lo es en fatiga de material, en exigencia logística, en dependencia de mantenimientos crecientes, en carga para las dotaciones y en la tentación permanente de llamar “capacidad” a lo que en realidad es resistencia administrativa del sistema por causa de la mengua de la LOBA.

Ya se vio, salvando las distancias, con nuestras formidables corbetas de la clase Descubierta, reconvertidas de facto en patrulleros de altura o buques de mando secundarios. Cumplieron. Claro que cumplieron. La Armada, cuando se la deja sola con lo justo, suele cumplir también. Pero lo hizo al precio de exhibir ante cualquiera que quisiera mirar la escasez de unidades realmente adecuadas para cubrir los distintos escalones del control del mar.

Hormiga Atómica en todo su esplendor

Y ése es el centro del problema: no todas las misiones navales son iguales, ni todas deben recaer sobre las mismas plataformas. Una marina seria necesita buques distintos para cometidos distintos: escoltas de primera línea, unidades para patrulla oceánica, plataformas para presencia avanzada, guerra antisubmarina, vigilancia, apoyo, protección de tráfico marítimo, componente anfibio… Cuando faltan las piezas intermedias, se termina usando cualquier casco disponible para cualquier tarea, y éso acaba degradando tanto al buque como al concepto.

El pragmatismo no puede convertirse en coartada

La propuesta de reconvertir o readaptar las F-80 para labores de patrulla y vigilancia parte, sin duda, de un pragmatismo reconocible que Octavio identifica bien porque lo conoce de sobra, y sabe que la Institución hará cuanto sea necesario para cubrir sus responsabilidades con lo que le den.

La Armada tiene hoy un catálogo insuficiente de buques para atender de manera simultánea todos los compromisos que se le exigen. Eso es cierto. Lo que ya no resulta aceptable es transformar esa insuficiencia en doctrina y presentar como solución razonable lo que, en el mejor de los casos, no pasa de ser una salida transitoria. Porque cada parche exitoso encierra una trampa: transmite al decisor político la impresión de que la Institución, incluso mal dotada, siempre encontrará una forma de arreglarse. Así, se hará de la necesidad, virtud; y de la virtud, norma. Y cuando una institución demuestra una y otra vez que sobrevive con lo mínimo, corre el riesgo de que se la dote siempre con lo mínimo.

Ese es el verdadero peligro de estas reconversiones. No tanto el buque en sí, ni el ingenio del arreglo, ni siquiera su eventual utilidad temporal, sino el mensaje de autosuficiencia forzada que se traslada hacia arriba. Un mensaje perverso, porque invita al legislador a concluir que no hace falta resolver el déficit de fondo mientras la Armada siga siendo capaz de improvisar sobre la marcha.

Lo urgente no es remozar el pasado, sino construir el relevo

Destinar dinero, esfuerzo técnico y horas de industria a remozados menores puede parecer razonable si se mide sólo el corto plazo. Pero en realidad desvía atención y recursos de lo que sí debería estar en el centro: renovar la fuerza de superficie con una arquitectura coherente y completa.

España necesita las F-110, sí, pero necesita también algo más. Necesita plataformas más económicas, robustas y modernas para cometidos de bajo y medio espectro, de manera que no haya que elegir entre gastar una fragata de primera línea en tareas de presencia o resignarse a mantener en servicio cascos que hace tiempo dejaron atrás su mejor momento.

La cuestión no es sentimental ni nostálgica. Las F-80 han prestado un servicio largo, honroso y exigente. Han sido útiles. Han dado mucho. Precisamente por ello no merecen terminar convertidas en símbolo de una pobreza de medios que ya dura demasiado.

Es por eso que, a pesar de que comprendo el planteamiento de Octavio, no puedo por más que rechazar esta clase de soluciones; insisto, no por capricho ni por purismo, y mucho menos porque la idea no sea, en efecto, pragmática y fruto de una mirada veterana que sabe de qué va todo ésto, sino porque ayuda a normalizar una precariedad que debería resultar políticamente inasumible.

La cuestión de fondo no es si las F-80 aún pueden estirarse un poco más. Seguramente, con dinero, trabajo y paciencia, casi todo puede estirarse. La cuestión es qué clase de Armada se quiere sostener y cuánto tiempo más se pretende seguir aplazando una decisión que ya llega tarde: la de dotar y ampliar las series de buques «menores» para las tareas menos letales, pero inaplazables en su atención.

Si España quiere una Armada capaz de proteger sus intereses marítimos, sostener presencia exterior, escoltar con garantías, contribuir a la OTAN con medios creíbles y operar en escenarios menos benévolos que los de ayer, no puede seguir confiando en el parche como método. Hace falta inversión sostenida, programación seria y una estructura de fuerza pensada para servir, no para salir del paso. 

En todo caso, ahora que los vientos parecen cambiar y que dejamos atrás el secular impasse presupuestario, al menos durante unos años, es el momento de estudiar la planificación de esa Armada 2050, para que, cuando vuelva la hambruna, que volverá, analizar si se hicieron los deberes cuando hubo que hacerlo, que es ahora.

Mientras todo eso no ocurre, cada debate sobre la prolongación de las F-80 será, en el fondo, el mismo debate de siempre: no sobre la vida de unos barcos veteranos, sino sobre la resignación de un país a pedirle a su Armada que siga haciendo, como antes decía, de la necesidad, virtud, y de la virtud, norma.

 

Jorge Estévez-Bujez

defensayseguridad.es

3 respuestas

  1. El problema de las F80 es su escasa automatización, que obliga a operarlo con una dotación elevada. Eso cuesta dinero, y tampoco es fácil encontrar marineros hoy en día.

    En este sentido, hay que sustituirlas en cuanto se pueda. Pero el asunto no va a ser a corto plazo porque aunque se entreguen F110, en paralelo hay que actualizar las F100. Así que, intuyo que vamos a tener F80 para largo.

    Tampoco hay ahora mismo un buque que pueda reemplazarlas de manera racional cuando nos toca tener el mando de una operación de tipo antipiratería. Mandar una F100 o F110 para eso no sería racional. Y un BAM carece de los espacios de trabajo para embarcar a los componentes del mando. Si acaso, cuando se construya y se entregue la corbeta europea, lo cual no va a ser mañana.

    Con respecto a los SM1, me queda la duda si realmente han sido retirados. Cierto que ya no hay soporte del fabricante, Raetheon, pero eso no impide, sino que dificulta, seguir usando el misil. No me consta que se hayan dado de baja en el BOE, así que yo no descartaría que continuasen operando una pequeña cantidad, canabalizada, insuficiente para una guerra, pero suficiente para defenderse de algún que otro dron o darle una sorpresa a un caza confiado y sin misiles antibuque de largo o medio alcance.

    En este sentido, aparte de por los espacios de trabajo para alojar al mando de una misión, las F80 tendrían mayor armamento que un BAM. Innecesario, hoy en día, para el golfo de Guinea, pero útil para operaciones contra piratas en la zona cercana a la península arábica.

  2. Los Sm1 y meroka los dos están al 100% dados de baja y los sentínel se van montando y desmontando porque solo sin 4 para 6 Fragatas .La F81 lo monto luego no y luego si( una castaña de trileros múltiple) No será mejor comprar 6 y luegan van a las F110??!.
    Son un super Bamcon zero utilidad como escolta. En vez de comprar un Ramo para paliar el asunto ,esperamos a que alguno termine después de 10 años a que acabe su Ciws Mád Max y de mientras aguantar la F80. Así funcionamos y es lo que hay ….

    1. No tengo claro que los SM1 estén dados de baja. Cuando se da un arma de baja, acarrea un contrato de desmilitarización que se publica en el BOE. Puede que no lo haya visto, pero no he observado tal contrato para los SM1, lo cual me induce a pensar que un puñado de unidades podrían seguir estando operativas, incluso sin soporte del fabricante.

      Por ejemplo, con los misiles Aspide y los Roland se produjo un contrato de desmilitarización semejante.

      El Meroka, efectivamente, está dado de baja, sin duda.
      Interesante (y lamentable) lo que comentas del quita y pon de la Sentinel 30. No lo sabía.

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