Turquía presiona por el F-35: Erdogan vincula la vuelta al caza a la cohesión de la OTAN

Erdogan insiste en el retorno de Turquía al programa F-35 como elemento clave para la seguridad de la OTAN

Erdogan. Foto: TRT Haber

El presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, ha vuelto ha reiterar su petición para que Turquía sea reintegrada en el programa estadounidense del caza furtivo F-35. Según ha informado Bloomberg en su edición, hoy, 5 de enero, esta medida contribuiría a consolidar las relaciones con Washington y a reforzar la capacidad defensiva colectiva de la Alianza Atlántica.

En respuestas escritas a preguntas formuladas por el medio estadounidense, se afirma que Erdogan considera que el regreso de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos podría facilitar la superación de las tensiones originadas por la adquisición del sistema antiaéreo ruso S-400, decisión que en 2019 provocó la exclusión formal de Ankara del consorcio internacional del Joint Strike Fighter. De acuerdo con lo reproducido también por medios turcos, Erdogan sostiene que la recepción de los aviones F-35 ya pagados y la reintegración de Turquía en el programa son aspectos importantes tanto para mejorar los lazos bilaterales como para fortalecer la defensa de la OTAN.

En DYS venimos informando desde hace semanas sobre este expediente, destacando cómo, tras el cambio en la Administración estadounidense, la posibilidad de que Turquía recupere su lugar en el programa F-35 ha pasado de ser un escenario improbable a una opción que ya se discute en términos operativos. Tal como señalamos en nuestro análisis de hoy, fuentes diplomáticas próximas al expediente indican que los obstáculos técnicos vinculados a los S-400 podrían comenzar a resolverse en los próximos 4 a 6 meses. Medios turcos atribuyen esta previsión al embajador estadounidense en Ankara, Thomas Barrack, quien habría expresado que hay un nuevo clima de diálogo y que podrían abrirse vías para una negociación formal sobre una posible reintegración o venta directa de los cazas.

Turquía abonó más de 1.300 millones de dólares por su participación como cliente y proveedor industrial —incluyendo la fabricación de componentes por parte de Turkish Aerospace Industries— y busca recuperar no sólo los aparatos inicialmente comprometidos, sino también su papel en la cadena de suministro global del programa.

El principal obstáculo, como decimos, sigue siendo la posesión y operación activa de los sistemas S-400, considerados por Estados Unidos como una amenaza potencial para la seguridad tecnológica del F-35. Cualquier avance en el expediente requeriría medidas como la eliminación, desactivación o retirada definitiva de dichos sistemas del entorno operativo turco. Además, toda decisión sobre reingreso o venta estaría sujeta a la aprobación del Congreso estadounidense, conforme a lo establecido por la legislación vigente, incluidas las disposiciones del paquete CAATSA.

Paralelamente, Ankara continúa diversificando sus capacidades aéreas a marchas realmente notables. Avanza en el desarrollo autóctono del caza de 5ª (con aspiraciones de serlo) generación KAAN, mantiene negociaciones para modernizar su flota F-16 a la versión Block 70 y ha cerrado recientemente un acuerdo preliminar para la adquisición del Eurofighter Typhoon, citado por el propio Erdogan como ejemplo de alineamiento con el compromiso de defensa colectiva en el seno de la Alianza.

El KAAN. Foto:TAI

Así las cosas, este «expediente» sin resolver cobra cada vez una relevancia particular para el flanco sur de la OTAN, donde Turquía sigue desempeñando un papel fundamental en la disuasión regional y la gestión de escenarios de inestabilidad. A pesar de que las noticias en el sentido de la distensión y el acercamiento en este asunto comienzan a proliferar con asiduidad, insistimos en que, en todo caso, la pelota está en el tejado de Turquía. Nada hace pensar que los Estados Unidos promoverán la vuelta de Ankara al JSF mientras el S-400 continúe activo en suelo otomano. 

DYS continuará siguiendo de cerca las evoluciones de este asunto, cuya resolución que tendrá, a buen seguro, implicaciones duraderas para el equilibrio tecnológico y político dentro de la arquitectura de seguridad euroatlántica pero, sobre todo, para las aspiraciones turcas de continuar desarrollando una de las fuerzas aéreas más capaces de la región.

 

Redacción

defensayseguridad.es

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