El último The Military Balance 2026 constata que el rearme europeo ya no es un gesto político: con 563.000 millones de dólares en 2025 y una cuota superior al 21 % del gasto mundial

Photo Comcam.pl
El continente acelera a ritmo de dos dígitos, con Alemania tirando del carro y el norte consolidando una tendencia que apunta a prolongarse en 2026.
Según The Military Balance 2026 del International Institute for Strategic Studies (IISS), publicado ayer mismo, 24 de febrero, el gasto mundial en defensa alcanzó en 2025 los 2,63 billones de dólares, frente a 2,48 billones en 2024. El crecimiento real fue del 2,5 %, una subida contenida si se compara con el clima político y de seguridad de estos años, y además desigual: el propio informe apunta a que el frenazo relativo viene marcado por la reducción del gasto en Estados Unidos, pese a que Washington sigue concentrando una parte dominante del total.
La fotografía europea, en cambio, es otra. El IISS calcula que Europa destinó casi 563.000 millones de dólares a defensa en 2025, casi 100.000 millones más que el año anterior. En términos reales, el aumento fue del 12,6 %, prácticamente en línea con el crecimiento real ya registrado en 2024. Con esa cadencia, Europa pasa de ser “la región que reacciona” a convertirse en “la región que sostiene”: su peso en el gasto global supera ya el 21 %, cuando en 2022 estaba en el 17 %.
Dentro de ese salto, Alemania aparece como el engranaje que empuja al resto. Su presupuesto de defensa llegó a 107.000 millones de dólares (unos 95.000 millones de euros) en 2025, con un incremento real del 18 % frente a 2024. El IISS resume el impacto sin rodeos: Berlín aportó aproximadamente una cuarta parte del crecimiento europeo acumulado en los dos últimos años y se consolida como cuarto mayor gastador mundial. No es solo un cambio de escala presupuestaria; es un cambio de jerarquía dentro del propio continente, y una señal de que la “normalización” del rearme alemán ya no es una frase de seminario, sino una línea contable.

El otro bloque que explica la aceleración europea está en el norte. Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia alcanzaron en conjunto 53.700 millones de dólares en 2025, más del doble que en 2020. La cifra importa por el volumen, pero sobre todo por lo que representa: países con culturas de defensa muy distintas están convergiendo hacia un mismo patrón de gasto y preparación, empujados por un entorno que ya no concede “dividendos de paz” ni margen presupuestario fácil.
En paralelo, el dato OTAN sirve como termómetro político: los miembros europeos de la Alianza dedicaron, de media, el 2,16 % del PIB a defensa. No es el “2 %” como meta simbólica; es el “dos y pico” como nueva normalidad, con la discusión desplazándose desde el cumplimiento hacia la capacidad real: munición, disponibilidad, reposición industrial y resiliencia.
La conclusión del IISS es quizá la más relevante por lo que sugiere para 2026: este aumento europeo no sería un pico, sino un esfuerzo que continúa. Con las previsiones presupuestarias actuales, el crecimiento seguiría elevado en 2026, consolidando 12 años consecutivos de incrementos reales del gasto en defensa en Europa. Si esto se confirma, la pregunta deja de ser si Europa gasta más, y pasa a ser si ese dinero se está convirtiendo en lo único que cuenta cuando sube la presión: masa, stock, tiempos de entrega y fuerza disponible. Queremos creer que sí.
Redacción
defensayseguridad.es

