Marruecos y España: contra la sumisión y el chantaje

Las Murallas Reales de Ceuta.
En respuesta a Abdelhay Korret (Atalayar)
“España y Marruecos parecen haber decidido finalmente redactar, juntos, un primer borrador de una nueva paz en el Mediterráneo occidental.”
— Abdelhay Korret, Atalayar, 7/12/2025
No. Lo que ocurrió en Madrid no fue una reconfiguración de conciencias ni la elaboración de una doctrina mediterránea compartida. Lo que se firmó, entre aplausos, posados y alfombras, fue la escenificación de una claudicación diplomática, la entrega de una política exterior al dictado de Rabat, y el blindaje de una dinámica asimétrica donde Marruecos impone y España cede. No hay simetría posible entre un socio que amenaza, chantajea y arremete —y otro que tolera, traga y firma. Eso no es entente, es lo opuesto; y el antónimo de entente es, precisamente, opuesto.
El artículo firmado por Abdelhay Korret en Atalayar es una pieza de propaganda, otra más, revestida de pseudo-intelectualismo diplomático. El uso de metáforas para blanquear hechos, esconde los dientes del régimen marroquí tras la retórica de la cooperación. No es nuevo, no es una sorpresa. Y, sobre todo, ignora —o disfraza— las múltiples estrategias con las que Rabat lleva años hostigando a España. A saber:
1. Inmigración: el chantaje de los flujos humanos
La llamada “cooperación migratoria” es, en la práctica, un sistema de extorsión institucionalizada. Marruecos abre y cierra la válvula de la inmigración irregular según le conviene: Ceuta, en mayo de 2021, fue sólo el ejemplo más grotesco, con más de 10.000 personas, incluidos menores, lanzadas como masa de presión diplomática.
¿Y cuál fue la respuesta española? Negociar. Ceder. “Restablecer relaciones”. Porque Rabat no colabora; Rabat trafica con la contención migratoria como moneda de cambio política. Y Europa, sabedora del juego, ha mirado para otro lado con una mezcla de temor e hipocresía.
2. Ceuta, Melilla… ¿y Canarias?: las “zonas ocupadas” según Rabat
El Gobierno marroquí ha alimentado durante décadas un discurso revisionista y anexionista. No sólo niega el carácter español de Ceuta y Melilla, sino que ha permitido, alentado o tolerado su etiquetado como “ocupación colonial” en medios, declaraciones políticas y libros escolares. El caso de Canarias no es menor: en 2023 el propio Gobierno de Marruecos publicó una cartografía oficial en la que se atribuye parte de la plataforma continental canaria como propia. Ya lo tratamos aquí hace apenas una semana.
Pero como siempre, desde Moncloa —y desde Atalayar— se repite la fábula de la “amistad estratégica”. Una suerte de mensaje doctrinario para los medios que se prestan a su difusión. Hay una pregunta sencilla que invalida el mensaje oficial de colaboración y buena vecindad: ¿Se puede ser socio de quien niega tu integridad territorial y reclama tu territorio?
3. Las aguas, otro frente -más- de disputa: la ZEE marroquí en territorio español
En 2020, Rabat aprobó unilateralmente 2 leyes para extender su Zona Económica Exclusiva hasta superponerse a aguas españolas. Incluye partes del mar en torno al archipiélago canario. Ni diálogo, ni consulta. Imposición y hechos consumados.
Lo que haría cualquier país soberano sería recurrir, denunciar, contrarrestar. España, por el contrario, se limitó a decir que “vigilaría”. Desde entonces, ni una sola medida efectiva se ha adoptado para proteger la soberanía marítima nacional frente a esta expansión agresiva. Y mientras, Rabat continúa explorando hidrocarburos frente a Tarfaya, muy cerca de Lanzarote.

4. Aduanas cerradas: Ceuta y Melilla siguen en el limbo
Los medios afines a Rabat, como Atalayar, no mencionan otro hecho incómodo: las supuestas “reaperturas aduaneras” en Ceuta y Melilla siguen siendo una ficción. Marruecos nunca ha reconocido oficialmente la existencia de estas aduanas, las cerró unilateralmente en 2018 y ha hecho todo lo posible por asfixiar el comercio transfronterizo de ambas ciudades autónomas.
El “nuevo marco de relación” del que presume el Gobierno español no ha logrado restablecer ni la normalidad básica. Ni libre tránsito, ni circulación comercial, ni relaciones institucionales entre autoridades fronterizas. Porque para Rabat, Ceuta y Melilla no existen como entidades legítimas.
5. El Sáhara Occidental: el precio de la humillación
El supuesto “giro histórico” de Pedro Sánchez, reconociendo de facto el plan de autonomía marroquí sobre el Sáhara Occidental, fue una traición política, jurídica y moral. Violó el consenso parlamentario español. Ignoró el derecho internacional. Y despreció al pueblo saharaui, cuyo derecho a la autodeterminación está consagrado en las resoluciones de la ONU.
Todo para que Rabat levantara el teléfono y reabriera su embajada. ¿Y qué ha obtenido España a cambio? Nada. Ni garantías territoriales. Ni cesiones en inmigración. Ni cooperación real en seguridad. El chantaje ha funcionado. El precedente está sentado, y la partida se juega, en adelante, con otras reglas. Las reglas de Rabat, como siempre, pero más estrictas.
6. Mundial 2030: fútbol, negocios y propaganda
La obsesión con el Mundial 2030, que se celebrará en parte en Marruecos, se ha convertido en el nuevo fetiche del relato pro-Rabat. Como si la organización conjunta de un torneo de fútbol sirviera para maquillar décadas de tensiones, atropellos diplomáticos y crisis cíclicas. Pero el circo, casi siempre, sirve para extorsionar la verdad, para sepultarla bajo el oropel y los fastos de los grandes eventos. Pero, al menos en este caso, este evento no será una “plataforma de civilización mediterránea”, como se quiere vender. Será, muy probablemente, un escaparate del régimen alauí, de su modelo autoritario y su narrativa expansionista. Y España, entusiasmada con jugar el papel de anfitrión sumiso, financiará parte del decorado.
7. La realidad no se disuelve con retórica
Abdelhay Korret habla de una nueva especie de mentalidad de gestión, de un sistema de pensamiento compartido. Literatura… Mientras se firman acuerdos en La Moncloa, Rabat sigue haciendo mapas donde Canarias no existe, no al menos como española. Mientras se brinda con té y pastas, miles de jóvenes marroquíes son empujados al mar, y después instrumentalizados como “problema” para exigir dinero o cualquier otra contrapartida. Y mientras en Atalayar se escribe sobre “relaciones históricas sin precedentes”, lo único sin precedentes es el grado de cesión y subordinación que España ha aceptado en esta relación bilateral.
La dignidad no se negocia
Según Korret, que “la historia no perdona a quienes permanecen fuera del curso del tiempo”. Tiene razón. Tampoco perdona a quienes traicionan su dignidad nacional por un puñado de acuerdos bilaterales, una foto con bandera volteada, o un aplauso de Bruselas.
Marruecos no es un socio leal; debiera serlo, y nosotros responder con parecida moneda, pero no es así. Es un actor que opera con lógicas de presión, oportunismo y manipulación histórica. Y España, si aspira a seguir siendo una nación soberana, tendrá que dejar de actuar como colonia mental.
Comprendemos perfectamente a quienes no osan refrendar discursos serios, firmes, sobre el papel de España en el entorno del Estrecho. Es demasiado el miedo, muchos los intereses, suculentos los ingresos mediáticos y fácil, por tanto, sucumbir a todo ello. Acomplejados de sí mismos y renuentes a sostener un principio vertebrador de la diplomacia donde, por encima de ningún otro aspecto, sea comercial, industrial, religioso, histórico, racial, o cultural, prevalezca el interés nacional amplio, ciego a cualquier criterio que no sea ese interés general de España.
Quizá aún estemos a tiempo de empezar a escribir un nuevo capítulo. Pero no será juntos, no más allá del obligado vecindario que la Historia y la suerte nos depararon. No mientras uno firme desde el chantaje, y el otro desde la rendición.


Un comentario
La política española ha traicionado el interés general