Marauder: Europa (y España) necesita dar el salto a los grandes buques autónomos

Saronic obtiene un contrato de producción de la US Navy para su plataforma de casi 55 metros. Los desarrollos europeos y la experiencia española ofrecen una base que debe traducirse en buques, pruebas y pedidos

Redacción

Saronic Technologies ha anunciado la adjudicación de un contrato de producción para el Marauder, su buque autónomo de superficie de 180 pies —aproximadamente 54,9 metros—, dentro del MUSV Marketplace de la Armada de Estados Unidos. La noticia coincide con el anuncio oficial estadounidense, fechado el 29 de septiembre, de la adquisición de 30 buques de superficie no tripulados medianos (de los que 10 serán Marauder) tras completar la primera fase de pruebas en el mar.

 

 

El interés del Marauder va sin duda más allá de incorporar otro vehículo no tripulado al inventario naval. De lo que se trata ahora es de subir el nivel. Su tamaño, capacidad de carga y alcance le posibilitan plantear una autonomía marítima de otra escala con buques capaces de transportar cargas de entidad y sostener misiones lejos de sus bases. Para las marinas europeas, incluida la española, merece una atención que sistemas así se contemplen negro sobre blanco y se traduzcan en decisiones concretas a no mucho tardar. Es de todo punto necesario incorporarse a una tendencia evolutiva que ya no es una mera especulación.

En cuanto a los términos económicos del contrato, la adjudicación comunicada por Saronic es a precio fijo y emplea la modalidad contractual estadounidense Other Transaction —OT— para producción. Según el fabricante, este mecanismo le permitirá acelerar la incorporación de capacidades procedentes de proveedores no tradicionales. Saronic ya había sido seleccionada en junio de 2026, junto a otras seis empresas, para acceder a la fase de pruebas en el mar y competir por un contrato de producción.

Desde entonces, y hasta ayer mismo, el procedimiento ha sido vertiginoso para lo que es habitual en este tipo de propuestas. Presentar una solución, evaluarla y contratar su fabricación en un tiempo récord no es costumbre en el negociado militar. Esa conexión entre desarrollo tecnológico, exigencia operativa y demanda industrial es, a nuestro juicio, una de las principales enseñanzas del anuncio.

Una plataforma de otra escala

La ficha actual del fabricante otorga al Marauder una capacidad máxima de carga de 150 toneladas, distribuibles en cuatro contenedores ISO de 40 pies, ocho de 20 pies u otras configuraciones modulares. Saronic lo presenta como una plataforma para logística y despliegue de cargas en el mar.

Sus prestaciones, al menos las publicadas, incluyen 12 nudos en crucero y más de 25 nudos de velocidad en aceleración, con un más que respetable alcance de 5 400 millas náuticas con 25 toneladas de carga y de 4 100 millas con la carga máxima de 150 toneladas.

Son cifras que permiten apreciar el potencial de una plataforma considerable.

El valor está en disponer de margen para incorporar esas capacidades. Una plataforma de este porte puede abrir un gran abanico de posibilidades de transporte, vigilancia persistente o despliegue de equipos que resultan difíciles de trasladar a otras embarcaciones más pequeñas y limitadas.

Ocho días y más de 140 escenarios de prueba

Según el comunicado de Saronic, el Marauder completó ocho días de operaciones continuas y más de 140 escenarios de prueba sin fallos. La evaluación incluyó seguimiento de otros buques, maniobras autónomas en su entorno y pruebas de percepción pasiva.

En estas últimas, debía detectar, seguir y mantener el seguimiento de embarcaciones utilizando sus sensores pasivos, sin recurrir a un radar activo. El fabricante sostiene que todos los escenarios se ejecutaron consecutivamente y con la misma plataforma contratada por la US Navy.

 

El Marauder de Saronic. Fotograma del vídeo de Saronic

 

La percepción pasiva tiene un interés operativo evidente, porque permite observar sin depender continuamente de emisiones de radar y puede contribuir a reducir la exposición electromagnética. Su eficacia concreta dependerá en todo caso de los sensores, las condiciones ambientales y el escenario.

Los resultados comunicados son ya, por sí mismos, un hito notable, aunque superar una evaluación de autonomía no acredita automáticamente todas las condiciones de empleo en combate. El anuncio no detalla, por ejemplo, el comportamiento ante interferencias, pérdida prolongada de comunicaciones o daños. Estas cuestiones habrán formado parte de la evaluación militar, como en cualquier sistema semejante, pero, como era de esperar, no han trascendido.

Saronic añade un dato industrial del que legítimamente se muestra orgullosa, y es que el Marauder pasó del diseño inicial al agua en menos de un año, y la compañía ya ha entregado su tercer casco, con otros en producción. Dino Mavrookas, consejero delegado y cofundador, atribuye ese ritmo al desarrollo conjunto de autonomía, software, hardware y proceso de fabricación.

La cuestión de fondo transversal a toda la industria naval sigue teniendo vigencia incluso en este tipo de sistemas, porque, al igual que en el presente, la capacidad naval futura dependerá también de cómo se fabrica y se mantiene el sistema, y de si puede reproducirse con calidad y plazos previsibles.

Europa tiene algunas propuestas comparables

Es cierto que Europa dispone de iniciativas que impiden describir este campo como un vacío. Sin embargo, deben distinguirse los diseños presentados, las plataformas navegantes y los programas de producción, porque ahí encontramos la brecha con el otro lado del Atlántico.

Navantia UK presentó el LASV75 en mayo de 2026, un concepto de gran buque autónomo de superficie diseñado en el Reino Unido. La compañía lo propone como componente de una marina híbrida, en línea con lo que el Almirantazgo espera de la Royal Navy a medio plazo: una marina de guerra con plataformas tripuladas y escoltas o auxiliares no tripulados. Su comunicado destaca el diseño desde la quilla para operar sin dotación, la modularidad y la posibilidad de fabricación a escala. Se trata de un diseño presentado, pero no todavía un programa en desarrollo.

Otra referencia especialmente próxima por tamaño es Spectre, desarrollado por la estadounidense Saildrone, y que incluimos aquí porque su construcción la anunció el astillero italiano Fincantieri, a través de su filial estadounidense, en abril de 2026. El fabricante describe un buque de aproximadamente 52 metros, unas 250 toneladas de desplazamiento y hasta 30 nudos, optimizado para guerra antisubmarina y adaptable a otras misiones. La construcción se realizará en Wisconsin. Es, como decimos, una participación relevante de un grupo europeo, aunque el desarrollo y la producción anunciados se articulen en Estados Unidos.

Por su parte, Francia cuenta con el Seaquest S, concebido por Sirehna, filial de Naval Group, junto a Couach. Su primera unidad fue puesta a flote en julio de 2024. Es una plataforma de menor porte, modular y pensada para operar sola, en grupo o desde buques tripulados. Aporta experiencia útil en autonomía e integración, aunque, obligado es decirlo, no constituye un equivalente directo del Marauder por tamaño y carga.

Estas referencias muestran que existe una base industrial, orta es que las marinas europeas dispongan ya de una capacidad equivalente a la que representa el contrato de producción anunciado por Saronic.

España tiene una base, pero debe crecer

Nos detenemos brevemente en el caso español que, si bien es cierto que no parte de cero, necesita ciertamente escalar en tamaño. Navantia ha desarrollado el Vendaval y el Poniente, este último de 12 metros de eslora. Al describir sus pruebas en mayo de 2024, la compañía explicó expresamente que el Poniente serviría para madurar tecnologías no tripuladas y extrapolarlas en el futuro a buques de mayor porte.

 

Propuesta de Navantia para la Royal Navy

 

El mismo comunicado recogía su preparación para integrarse con NAIAD, el sistema de Navantia para gestionar vehículos no tripulados desde el sistema de combate SCOMBA, y la participación de tecnologías de Vendaval y NAIAD en ejercicios de la OTAN. Hay, por tanto, experiencia española en navegación autónoma y en su conexión con plataformas navales.

Esa base merece continuidad, pero el salto necesario exige algo más que aumentar la eslora. Supone resolver la fiabilidad de la propulsión, cómo asegurar el mantenimiento sin personal a bordo, la gestión de averías, comunicaciones, integración de cargas y operación sostenida. Y, también, por supuesto, exige una Armada que defina misiones, pruebe soluciones y ofrezca una perspectiva de adquisición y de futuro.

De los demostradores a las unidades

En nuestra opinión, las marinas europeas, y en especial la española, deberían considerar programas de grandes buques autónomos con objetivos verificables y una progresión clara, aunque quizá no al nivel de riesgo que puede percibirse en la ambiciosa propuesta Hybrid Navy de la Marina británica.

Sería aceptable un poco menos de atrevimiento (por aquello de los recursos), aunque con cierto criterio, propuestas de crecimiento y visión de futuro.

Las primeras aplicaciones en España se concentraron en su día en vigilancia, como el Vendaval señalado antes. En adelante, y habiéndose demostrado la bondad del sistema, así como su utilidad y fiabilidad, es necesario ampliar capacidades y crecer en tamaño. Aunque no es menos cierto que los pedidos deberían permitir aprender con unidades reales y ofrecer a la industria una demanda suficiente para organizar la producción.

El Marauder norteamericano ofrece una referencia que Europa debería estudiar con ambición y rigor. Su interés reúne tres elementos esenciales, como son una plataforma de porte significativo, una evaluación de autonomía comunicada por el fabricante y un contrato para producirla.

España dispone de conocimientos navales, sistemas y experiencia sobre los que avanzar. Convertirlos en grandes plataformas autónomas requiere prioridades, financiación y pedidos. Las marinas europeas tienen razones suficientes y ejemplos suficientes para comenzar a exigir ese salto. La autonomía naval deberá encontrar su siguiente medida en buques que naveguen, cumplan misiones y puedan fabricarse en serie, de manera asequible y fiable, principalmente.

Redacción

DYS

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