Bueno, bonito y barato. Kreuger 100: el interceptor antidrón sueco para la defensa aérea de corto alcance.

La empresa sueca Nordic Air Defence (NAD) presentó oficialmente el Kreuger 100 a principios de la última primavera, un interceptor ligero y de bajo coste diseñado para hacer frente a la creciente amenaza de sistemas aéreos no tripulados (UAS), tanto en entornos militares como civiles. Pero estas últimas semanas, avivado el fuego de las incursiones rusas en espacio aéreo europeo y de la OTAN, los sistemas de defensa contra drones han cobrado especial relevancia, lo que ha vuelto a situar a esta startup nórdica en el candelero mediático. Es fácil encajar este desarrollo en un contexto de urgente necesidad y de creciente inestabilidad, en el que la proliferación de drones tácticos y de reconocimiento venía exigiendo soluciones asequibles, ágiles, escalables y tecnológicamente avanzadas.
Europa vuelve a tomar nota de sus áreas de indefensión relativa -en algunos casos vergonzante-, algo que no hay mejor forma de conocer que cuando el adversario te retrata. Si algo bueno tiene quedar evidenciado en algunas áreas de capacidad, es la posibilidad de aprender del error. A nivel político y decisorio, éso está aún por ver; a nivel técnico e industrial, las soluciones ya están. Lo único que impide su implantación generalizada es la voluntad política, como siempre, como en todo.

El Kreuger 100 ha sido concebido desde una lógica disruptiva: sustituir los costosos sensores, cámaras y sistemas de navegación convencionales por una arquitectura centrada en software, basada en aerodinámica controlada y propulsión pulsada. Esta innovación técnica permite al sistema prescindir de componentes electrónicos complejos a bordo, lo que reduce de forma sustancial los costes de fabricación, uso y mantenimiento. El interceptor está alimentado por batería y ha sido diseñado para su despliegue manual o desde lanzadores portátiles, adaptándose con eficacia a escenarios de defensa tanto estáticos como móviles.
Una de las características más relevantes del Kreuger 100 es su versatilidad operativa. En su configuración civil -para cuerpos y fuerzas de seguridad-, alcanza velocidades de hasta 270 km/h, mientras que las versiones militares están optimizadas para alcanzar mayores prestaciones cinemáticas. El sistema integra un buscador infrarrojo pasivo, operativo en condiciones de visibilidad reducida, que permite la detección y seguimiento de objetivos las 24 horas del día. Todos los componentes utilizados en el sistema son de uso comercial (COTS), lo que garantiza disponibilidad logística y producción en serie sin depender de cadenas de suministro críticas y tensionadas en tiempos de estrés industrial y diplomático.
El desarrollo del Kreuger 100 es resultado de un proceso de I+D acelerado, según su matriz, y ha sido impulsado tras consultas técnicas con expertos del Instituto Sueco de Investigación de Defensa (FOI). La empresa inició ensayos de vuelo en interiores y exteriores en condiciones controladas, con el respaldo de 3 patentes. Es de todo punto llamativo que el desarrollo de este sistema comenzara hace sólo un año, lo que demuestra que, con la necesaria suficiencia tecnológica y una financiación accesible, estos ingenios pueden producirse en prácticamente cualquier país de Europa. Nuestro «euro-atraso», en general, en el segmento de los drones es imperdonable a poco que se piense.

Tiene capacidad para interceptar plataformas a altitudes bajas-medias, alrededor de los 2.000 metros, permitiendo neutralizar estas amenazas antes de que alcancen sus objetivos o transmitan coordenadas para ataques indirectos.
En el ámbito civil, NAD plantea el uso del Kreuger 100 para proteger infraestructuras críticas (aeropuertos, centrales de energía, puertos e instalaciones públicas) frente a incursiones de UAS. Suecia ha experimentado, como el resto de la región, un aumento de incursiones-incidentes con drones operados cerca de emplazamientos estratégicos, lo que pone de manifiesto una cobertura limitada de defensa aérea en tiempos de paz, por adjetivar nuestra defensa aérea de forma, digamos, indulgente.
Poco a poco resultará cada vez más inexplicable que este tipo de capacidades, fáciles de adquirir y operar, no sean la melodía más escuchada en nuestras Fuerzas Armadas. No hay disculpa que justifique la no disponibiidad, en números contundentes, de estos sistemas. ¿Queríamos autonomía estratégica europea, resiliencia frente a amenazas comunes, precios competitivos, facilidad de producción? Bien, entonces, pidamos voluntad política, porque la industrial ya la tenemos.
Redacción
defensayseguridad.es

