¿Un K9 Thunder para España? Lecciones desde Rumanía y la oportunidad de un modelo industrial serio

Mientras ayer leía a Martin Chomsky en defence-industry.eu, y cómo Rumanía se prepara para convertirse en un centro continental de sistemas terrestres, gracias a una ambiciosa propuesta industrial de Hanwha Aerospace, resultaba imposible no establecer la oportuna comparación con España, donde continúa el debate sobre cómo —y con qué— substituir los obuses autopropulsados M109A5 del Ejército de Tierra, a pesar de que cada vez parece más despejado el camino para hacernos con el producto estrella de Hanwha. El caso rumano, que gira también en torno al obús autopropulsado K9 Thunder, no sólo ofrece una opción tecnológica sólida, propone también algo que en España escasea: un modelo industrial coherente, transparente y de largo recorrido.
Hanwha Aerospace ha prometido a Bucarest una localización del 80% en la producción del Redback y del K9 en territorio rumano, muy por encima del 65% exigido por el mecanismo SAFE de la UE. La empresa surcoreana no se limitaría a ceder el ensamblaje de piezas: se compromete a construir una planta en Dâmbovița, a integrar una red de más de 100 empresas locales, y a transferir tecnología real, incluyendo soldadura, corte, blindaje, integración de sistemas y pruebas. Esto garantiza que la defensa no sea únicamente una cuestión de operatividad militar, la primera característica que ha de ser satisfecha, sino de tejido productivo, soberanía técnica y mantenimiento autónomo a largo plazo.
Esta fórmula no es nueva, como cita Chomsky: Australia ya la aplicó con éxito en su programa LAND 400, seleccionando al Redback de Hanwha frente al Lynx alemán tras una evaluación técnica extenuante. España, en cambio, parece anclada en un patrón ya conocido: anuncios de integración «nacional» que, en la práctica, se reducirían a pintar vehículos importados con la enseña y añadir algún paquete logístico periférico.
El K9 Thunder es hoy uno de los obuses autopropulsados más exitosos del mundo. En servicio en Corea del Sur, Noruega, Finlandia, Estonia, Australia, India, Egipto y, próximamente, Rumanía, acumula más de 1.700 unidades producidas. Se trata de un sistema con un alcance de hasta 40 km con munición asistida, una cadencia de tiro de 6 a 8 disparos por minuto y una movilidad alta gracias a su motor diesel MTU MT881 Ka-500 de 1.000 caballos, combinado con una transmisión Allison X1100. Puede alcanzar hasta 67 km/h y operar en condiciones de combate nuclear, biológico y químico (NBQ).
La versión K9 estándar de exportación ha mejorado en automatización, control de tiro digital, navegación inercial y protección de la tripulación. También puede operar junto al vehículo de municionamiento automático K10, que garantiza una autonomía logística eficiente, algo crítico para mantener un ritmo de fuego sostenido en escenarios de alta intensidad.
Además, el K9 tiene plena interoperabilidad OTAN y ha sido integrado con éxito en estructuras de fuego coordinadas como las de Finlandia o Noruega. En este último país, donde ya se han recibido 28 unidades, la cooperación industrial se traduce en ensamblaje nacional y mantenimiento en instalaciones locales, con participación activa de las empresas noruegas Kongsberg y Nammo.
Por tanto, si España busca substituir los M109A5 por un sistema moderno, probado, interoperable y con un amplio ecosistema de usuarios, el K9 es, efectivamente, una opción difícil de igualar. Y por ahí parece que van los tiros en este Programa, toda vez que Indra-Escribano, la adjudicataria (ya podemos ir hablando en singular) de la cuantiosísima partida presupuestaria de más de 4.500 millones de euros, habría, según parece, elegido el modelo coreano para «hacerlo español» y dotar al ET. Aquí hablamos ya, por tanto, de expresiones que provocan temor: «nacionalizar el vehículo», «españolizar tecnologías»… y que nos hacen, con razón, sospechar que los riesgos pueden incrementarse innecesariamente.

M109A5 español abriendo fuego. Foto: ET
Pegar la bandera o sentido común
Así las cosas, el punto crítico no estaría sólo en la elección del vehículo, ya decidida si nada se tuerce, ni en si sus características se adaptan a los requisitos españoles, algo seguramente fuera de toda duda; ni siquiera en la idoneidad del K9, que está fuera de toda duda razonable, sino en cómo se integraría en la estructura industrial y operativa nacional. Aquí es donde el ejemplo rumano resulta revelador. Pero descuiden, ya sabemos que, efectivamente, no se tomará en consideración el modelo dacio. Aunque ello no obsta para, al menos, plantear otras formas de abordar este tipo de programas, reduciendo al mínimo el riesgo industrial y maximizando las posibilidades de éxito con un eco nacional amplio y sin el peaje que, probablemente, conllevará el Programa.
En lugar de propuestas vagas sobre «transferencia de conocimiento» sin plazos ni compromisos concretos, Hanwha plantea una inversión con calendario, fábrica propia, redes de proveedores locales y capacitación directa. A diferencia de otros oferentes que operan bajo el paraguas de fábricas regionales ya instaladas —como Rheinmetall en Hungría—, el modelo coreano parte de cero para construir un ecosistema auténtico en el país receptor. En el caso español, sería perfectamente viable replicar ese enfoque. Existen polos industriales preparados -Sevilla o Trubia son ejemplos perfectos- capaces de absorber la producción de componentes, montaje final, mantenimiento y desarrollo de sistemas asociados. Esto, lejos de encarecer el programa, podría reducir costes de ciclo de vida, mejorar la disponibilidad operativa y evitar los desvíos de calendario habituales en programas sin control industrial local.
Si el Ministerio de Defensa pudiera superar la tentación política de favorecer a determinados actores industriales sin garantías de eficiencia, se despejaría el camino de ciertos programas que, como el de la ATP, suponen una necesidad existencial del Ejército de Tierra para el próximo medio siglo. También facilitaría la compatibilidad con proyectos conjuntos con otros socios europeos, como los nórdicos, o incluso con la propia Rumanía, si finalmente se consolida como hub de Hanwha en Europa.
¿Tendrá sentido hablar de soberanía industrial si se opta por importar sistemas acabados para luego disfrazarlos de españoles? ¿No sería más realista, como en el caso rumano, forzar una transferencia de tecnología real, una planta de ensamblaje, una red de pymes activadas y un compromiso con el ciclo completo del sistema? ¿O nos limitaremos a recibir vehículos para añadir la librea nacional y tratar de encajarles los sistemas desarrollados por la industria propia?
España no puede permitirse otro Dragón. Lo que se necesita no es sólo una artillería moderna, sino una manera distinta de adquirirla. Una que no maquille dependencia con marketing institucional. Y en ese sentido, Hanwha y su K9 Thunder ofrecen algo más que un producto: ofrecen un modelo industrial serio, viable y replicable. Sólo falta que haya voluntad política para exigirlo.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es


2 respuestas
Buenos días, don Jorge.
Como en toda fase de hundimiento, fin de ciclo y vamos que te espera la UCO, las decisiones se basan en sobres bajo la mesa y poco más. Desde luego, la chapuza, robo y vergüenza del DRAGÓNcito debe ser evitada a toda cosa. Esperemos que el próximo gobierno, el que sea, tome mejores decisiones más allá de, como bien dice usted, pintar la banderita que, por otra parte, luego tanto odian.
Saludos y Feliz Navidad.
Señor autor, no se puede suspirar por lo uno y criticar lo mismo. ¡A ver si nos aclaramos!
Usted alaba que Rumanía no sólo vaya a ensamblar, sino que los coreanos les van a enseñar a producir. Miedo me dan esas soldaduras que, según usted, todavía no saben hacer.
También aplaude que los coreanos transfieran tecnología a más de 100 pymes rumanas. Si eso no es nacionalizar los componentes…
En lo que sí estamos de acuerdo es que el K9 sería una muy buena solución. También el módulo AGM alemán lo es. De ahí que tenga sentido que el liderazgo de este proyecto se haya asignado a Indra-Escribano y no a GDELS, ya que así, desde cierta neutralidad, se puede elegir el mejor sistema o, al menos, negociar con mayor fuerza.
No veo, por lo tanto, que aquí, en España, se esté favoreciendo a ciertas grandes empresas. Salvo que si usted, en referencia al Dragón, considere a FAYM con su sistema de suspensión hidroneumática FAYMDROP una gran empresa y no una pyme, como esas rumanas que usted alaba por recibir tecnología coreana.
Dicho esto, la solución que nos interesa no es el K9, que es un sistema poco automatizado, como el PzH 2000. Me refiero a la torre K9A1 que fabricarán los rumanos. Lo que nos interesa es una solución automatizada, como la AGM alemana… o la K9A2 que los coreanos están terminando de desarrollar.
En este sentido, AGM o K9A2, vamos a tener una mejor solución que los rumanos.
La K9A2, igual que la AGM, es una torre automatizada y, en ese sentido, autocontenida, que se puede montar «libremente» sobre diferentes plataformas.
Recordemos que la AGM alemana, la misma torre, se monta sobre camión, Piranha 10×10, Boxer 8×8 y Acscod Cargo. Ofrece 30 disparos antes de necesitar una recarga.
Y ahora tengamos en cuenta que la próxima K9A2 posibilita la solución sobre camión. Y al ser autocontenida, también se puede montar sobre otros vehículos. De hecho, los coreanos promulgan que esa nueva torre es agnóstica con respecto al vehículo. Ofrece, por cierto, 40 disparos, que es más que la alemana (pero menos que el K9 tradicional, que no está automatizado y que ofrece 48, que a su vez son menos que los 60 de su homólogo Pzh2000).
¿Ve adónde apuntan las cosas? ¿Observa lo que promueven los coreanos? Lo repito: una nueva torre, agnóstica del vehículo (necesario para su solución sobre camión).
Entonces, ¿qué nos interesa a nosotros?, en el caso del K9. La solución sobre camión, por supuesto, con esa torre K9A2 automatizada y con 40 disparos. ¿Y sobre orugas?
Yo diría que sobre orugas NO nos interesa el K9 (me refiero al K9A1), por escasa automatización y por falta de comunalidad. Además de que el K9 no es aerotransportable.
Claramente, lo que interesa es lo que usted no desea: montar la K9A2, que es agnóstica del vehículo, en un ASCOD Cargo. Es decir, un «Némesis» coreano, en vez de la solución alemana que conocemos.
Eso nos da comunalidad, ofrece aerotransportabilidad, facilita también con su menor peso los desembarcos anfibios, y maximiza los retornos industriales.
Evidentemente, el ASCOD, siendo un vehículo español, llevaría sus componentes españoles. ¿Transmisión SAPA? Sí, esa que ha elegido la US Army para su futuro blindado: aumenta la eficiencia y, con ello, la autonomía del vehículo, gracias a su -a efectos- cuasi cambio continuo variable sin deslizamiento. Y también la solución de Piedrafita para la suspensión. Un vehículo mejor que otros de su clase, gracias a esas mejoras.
¿La K9A2 también, adicionalmente, sobre Piranha 10×10? Es poco probable, pero yo, personalmente, lo propongo, porque ofrece una movilidad complementaria a la del camión y a la de las orugas. Claro que para sólo 15 Piranhas 10×10 no lo promovería. Pero si pensamos en qué otros usos puede tener ese vehículo, las cosas cambian porque los números aumentan: Por ejemplo, Escribano tiene una propuesta SHORAD sobre camión. Bien está eso para defender bases militares, pero no sirve para acompañar a los 8×8. El Piranha 10×10 ofrece, igual que el ASCOD Cargo, una plataforma lisa sobre la cual instalar la misma solución que va sobre camión. Otro ejemplo serían los lanzapuentes. Aunque la tendencia es elegir camiones, se me antoja que las riberas de los ríos, aquellas que el enemigo tiene menos controladas, so de difícil acceso para un camión. ¿Cómo van a cruzar los 8×8? Mejor tener también un lanzapuentes sobre Piranha 10×10.
El tema es que los alemanes han dicho que integrar su AGM sobre ese vehículo fue fácil porque la torres es agnóstica con respecto al vehículo. Lo mismo que dicen los coreanos de su próxima K9A2, de ahí que parezca lógico, en nuestro caso, montarla sobre el ASCOD Cargo.
Claro que Indra tendría que negociar la transferencia tecnológica de la torre para poder fabricar el máximo número de componentes en España. Sin inventar la rueda con respecto a la torre, pero sin traer una oruga diferente, sin comunalidad alguna y un sobrepeso innecesario.
El tubo lo podría fabricar GDELS en Trubia, igual que si se eligiera la AGM alemana.
Y la estación secundaria de armas para autodefensa, por supuesto, sería una Guardian 2.0 de Escribano, que tiene capacidad de defensa contra drones.
Usted alaba el caso rumano. Yo propongo mejorarlo. No somos Rumanía. Sabemos hacer más cosas que apretar tuercas o incluso fabricarlas bajo licencia. Tenemos nuestro propio vehículo. Tenemos nuestras propias torres de autodefensa. Nuestros propios sistemas antidron. Nuestro propio sistema de coordinación de tiros. Claro que debemos ser más ambiciosos que los rumanos.
¿Riesgos? Siempre. También los rumanos, si tienen que aprender a soldar. ¿Acaso cree usted que una soldadura es lo mismo que una soldadura?
Pero riesgos contenidos: la solución AGM sobre ASCOD Cargo ya existe. No parece difícil poner una K9A2 a cambio, si el K9 es la solución elegida. Al fin y al cabo, eso es lo que promueven los coreanos: una torre automatizada y agnóstica con respecto al vehículo. ¡A por ello!