Japón intensifica su cooperación militar con Turquía y evalúa adquirir drones Bayraktar TB2 y Anka
Jorge Estévez-Bujez
En un escenario internacional cada vez más volátil, Japón busca socios para reforzar su capacidad de defensa mediante la intensificación de su cooperación militar e industrial, en este caso con Turquía, un aliado importante en la OTAN y creador de una industria de defensa que no ha pasado desapercibida fuera de sus fronteras por su pujanza. Durante una visita oficial a Ankara, el 19 de agosto, el ministro de Defensa japonés, Gen Nakatani, se reunió con su homólogo turco, Yaşar Güler, para abordar una agenda centrada en el fortalecimiento de las relaciones bilaterales en el ámbito de la seguridad y, cómo no, del armamento.

El dron Bayraktar está cada vez más presente en muchos países. Foto TAI
Uno de los puntos destacados del encuentro fue el interés japonés en adquirir sistemas de armas no tripulados de fabricación turca, particularmente los drones Bayraktar TB2 y Anka, ambos con un historial probado en zonas de conflicto como Ucrania, Nagorno-Karabaj y Oriente Medio. El Bayraktar TB2, producido por Baykar Technologies, ha demostrado una capacidad operativa de, al menos, 27 horas de vuelo continuo, incorporando sistemas avanzados de inteligencia, vigilancia y ataque. Su eficacia y bajo costo -aproximadamente 4 millones de euros, frente a las varias decenas de millones del estadounidense MQ-9B SeaGuardian que, en función de la configuración y el equipamiento, lo pueden llevar a mucho más de los 30 millones de euros por unidad- lo convierten en una opción perfectamente válida y muy asequible para Tokio.
El segundo modelo considerado es el Anka, desarrollado por Turkish Aerospace Industries (TAI), con capacidad para vuelos completamente automatizados, sin necesidad de control remoto en tiempo real. Este dron ha sido adquirido por países del Sudeste Asiático como Malasia e Indonesia, consolidando su proyección regional.
El coste de adquisición y operación de estos drones, junto a las capacidades que demuestran, y los sistemas embarcados, los han convertido en enormemente populares, gozando de gran predicamento en varios mercados internacionales.
Durante la visita, el ministro Nakatani recorrió algunas de las instalaciones principales del complejo industrial-militar turco, incluidas las plantas de TAI, astilleros y las sedes de la anteriormente reseñada Baykar. Japón quiere evaluar las capacidades tecnológicas turcas antes de anunciar las bases de la cooperación industrial. Aunque aún no se ha concretado ningún acuerdo, fuentes diplomáticas turcas han señalado que ya se están sentando esas bases para una cooperación estructural a largo plazo en materia de desarrollo, producción y transferencia de tecnología militar.
El Ministerio de Defensa japonés, según medios turcos, sí contempla incluir la adquisición de drones armados en su solicitud presupuestaria para el ejercicio fiscal 2026, que será presentada a finales de agosto. Además de los modelos turcos, Japón también está evaluando sistemas procedentes de Estados Unidos, Reino Unido y Australia.
Cooperación con España e Italia: un patrón emergente
La creciente colaboración entre Japón y Turquía no se produce en un vacío, sino que se enmarcaría en paralelo a otras alianzas industriales, anteriores a la que el país del Sol Naciente y la Sublime Puerta parecen preparar. Turquía ya ha consolidado vínculos militares estratégicos con España e Italia, 2 potencias medias europeas que comparten intereses en materia de defensa industrial con Ankara.
El caso de España es ampliamente conocido por nuestros lectores ya que, por ejemplo, participa en el programa para el desarrollo del sistema de entrenamiento avanzado de pilotos, el Hürjet -ya tratado aquí-, cuya adquisición han firmado recientemente el Ministerio de Defensa, la industria aeroespacial española y Turquía -TAI-; mantiene, además, una relación sólida en el ámbito naval, a través del portaaeronaves turco TCG Anadolu, inspirado en el LHD Juan Carlos I, de la Armada. Por otra parte, sigue vigente -sine die- el compromiso con la defensa antiaérea de Turquía con el despliegue permanente de baterías antimisiles Patriot en Adana, bajo el paraguas de la OTAN.

TGC Anadolu. Foto: Armada turca. Una brillante muestra de cooperación internacional
Por su parte, Italia ha intensificado su cooperación con Turquía a través de la asociación entre la multinacional italiana, Leonardo, y el fabricante turco Baykar. Además, Roma y Ankara exploran una colaboración más profunda en programas navales y de sistemas electrónicos, así como la guerra electrónica, como puso de manifiesto la reciente cumbre que reunió a ambos países en el más alto nivel político y empresarial, en abril de este mismo año.
Este patrón de cooperación triangular entre Turquía, Japón y potencias europeas como España e Italia, refleja el reconocimiento del avance de la industria turca de defensa, así como la necesidad compartida de diversificar proveedores en un entorno global incierto, marcado por la guerra en Ucrania y el reposicionamiento estratégico de Asia-Pacífico.
La gira del ministro Nakatani, que incluye visitas a Yibuti y Jordania, forma parte de una estrategia diplomático-militar más amplia del país nipón que, liberado de las cadenas autoimpuestas en materia de defensa tras la Segunda Guerra Mundial, ha decidido comenzar un rastreo internacional en busca de socios, colaboradores y alianzas industriales. La cooperación tecnológica y operativa se está perfilando para Tokio como uno de los ejes de su política de defensa para la próxima década, una década que vendrá marcada, con toda seguridad, por una destacada inestabilidad militar y política en el Pacífico. Japón es plenamente consciente de que su futuro está destinado a verse envuelto en intensas turbulencias a pocos años vista, y no debe perder más tiempo en estrechar relaciones, sumar conocimientos y colaborar con socios mucho más allá de su ámbito doméstico más cercano.
Jorge Estévez-Bujez
defensayseguridad.es

