Japón, España y la nueva diplomacia industrial de defensa

Lo confirmado y lo que aún está por probar a partir de las noticias de estos días

Redacción

La posible negociación de un acuerdo de transferencia de tecnología y equipamiento militar entre Madrid y Tokio encaja con la nueva «doctrina» japonesa en materia de exportaciones de defensa, pero, por ahora no consta un anuncio oficial que dé por cerrado el pacto. El contrato australiano de las fragatas Mogami abre además un escenario industrial de interés, aunque sin pruebas públicas de una participación española.

 

Primera ministra de Japón, SANAE-TAKAICHI

 

Japón ha empezado a moverse con una soltura desconocida en el mercado internacional de defensa. Lo hace con cautela, sin renunciar total y formalmente a los principios restrictivos que han marcado su política exterior desde 1945, pero con una lectura mucho más pragmática de su industria militar, de sus capacidades tecnológicas en aras de la exportación y de sus alianzas. En ese contexto se sitúa la información publicada en España (elmundo.es) sobre un posible acuerdo marco con Japón para facilitar la transferencia de tecnología y equipamiento de defensa entre ambos países.

No se parte de cero. DYS ya abordó este cambio en abril , cuando Tokio empezó a desmontar el corsé que limitaba sus exportaciones de defensa a 5 categorías muy concretas: salvamento y rescate, transporte, vigilancia, monitoreo y dragado de minas. La reforma abre la puerta, siempre bajo el control del Consejo de Seguridad Nacional japonés, a transferencias de sistemas con capacidad letal, y siempre que el país receptor tenga firmado un acuerdo bilateral de transferencia de equipamiento y tecnología de defensa con Japón -algo que España espera concretar en breve-.

 

Fragata Mogami

 

La tesis central es, por lo tanto, plausible. Japón ha revisado su política de exportación de material de defensa y ha abierto la puerta a operaciones antes impensables. Las nuevas revisiones permiten exportaciones de sistemas letales a un grupo limitado de países (Por ahora, 17. Entre ellos, las 4 principales economías europeas) que ya hayan firmado acuerdos de transferencia de equipo y tecnología de defensa con Tokio. La evaluación seguirá siendo caso por caso y bajo control gubernamental japonés.

Ahí estaría la clave para España. Diversos análisis especializados apuntan a que los acuerdos con Canadá, Finlandia y España estarían cerca de concluir o en negociación. No es una confirmación oficial del Gobierno japonés ni del español, pero sí una pista sólida de que el expediente negociador, por llamarlo de alguna manera, existe, y de que Madrid aparece ya en el radar de Tokio como socio potencial.

Es recomendable, no obstante, separar el dato de la expectativa. Japón cuenta actualmente con una relación limitada de países habilitados para este tipo de cooperación, y España no figura todavía entre los socios con acuerdo plenamente anunciado. Por tanto, la conclusión más cautelosa es que hay una negociación o aproximación en curso, pero no un pacto culminado y operativo.

El interés de Madrid no se entiende sólo por la relación bilateral. Se explica también por la evolución de Japón como actor industrial. Mitsubishi Heavy Industries ha firmado con Australia el contrato para la construcción de las 3 primeras fragatas de la clase Mogami mejorada dentro del programa australiano de fragatas multipropósito. La compañía japonesa informó de que el acuerdo se cerró el 18 de abril del presente año y que los buques forman parte de la nueva capacidad naval australiana.

El Ministerio de Defensa japonés presentó ese contrato como un paso de gran relevancia en la cooperación con Australia, destacando la colaboración público-privada y el objetivo de entregar las 3 primeras unidades a la Royal Australian Navy. Tokio también señaló su apoyo al desarrollo de una base de sostenimiento y capacidad de construcción naval en Australia.

Esa última frase es la que alimenta el interés industrial. Australia no busca únicamente comprar buques acabados, sino construir y sostener parte de la capacidad en su territorio. En teoría, eso podría abrir espacio para empresas con experiencia internacional en programas navales complejos. Navantia conoce bien ese terreno, especialmente por su presencia previa en Australia. Pero, a día de hoy no hay una fuente japonesa pública que vincule directamente a Navantia con Mitsubishi en este programa.

 

Un clase Hobart, obra de Navantia. Un destructor antiaéreo de la Marina australiana

 

Por ello, decimos la prudencia es obligada. La información española apunta a una posible ventana para la industria nacional, pero esa ventana no equivale a un contrato ni a una participación asegurada. Japón ha ganado una posición de enorme valor en Australia; que necesita convertir esa victoria en capacidad industrial sostenida; y que España aspira a entrar en la red japonesa de socios de defensa.

Todo lo anterior, en lo referente a España, también encaja con el aumento de contactos militares entre ambos países. La presencia naval, los intercambios de agregados de Defensa y el despliegue reciente de la Armada en el Indopacífico son señales de una relación más densa, acaso más cercana Ciertamente, esa lectura es coherente con la práctica habitual en defensa: antes de los acuerdos industriales suelen suceder visitas, ejercicios, escalas, intercambios de oficiales y mecanismos discretos de confianza.

En cuanto al país del extremo oriente, Japón quiere reforzar su base industrial, ganar margen de maniobra frente a China, Corea del Norte y Rusia, y compartir cargas con socios fiables. España, por su parte, busca diversificar sus relaciones de defensa más allá del eje euroatlántico inmediato, preservar opciones industriales y no quedar fuera de los grandes programas navales y tecnológicos que están surgiendo en el Indopacífico.

Para DYS, la información tiene base, pero no debe sobredimensionarse. Hay indicios consistentes de una negociación España-Japón en materia de transferencia de defensa. Hay también un cambio legal japonés que lo facilita. Hay un contrato naval australiano que aumenta el valor de Mitsubishi como socio industrial y que podría, quizás (no es inverosímil, pero sí difícil), terminar relacionándose con España. Y hay razones para que España quiera posicionarse. Lo que todavía no hay, al menos públicamente, es un acuerdo bilateral firmado ni una participación española confirmada en el programa australiano de las Mogami.

En defensa, la diferencia entre “estar cerca” y “estar dentro” suele ser grande, además de dilatada. España parece estar llamando a la puerta japonesa. Falta saber si Tokio la abrirá, en qué términos, cuándo y con qué retorno real para la industria española.

 

Redación

defensayseguridad.es

 

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