La primera ministra nipona, Sanae Takaichi, rechaza el “intercambio nuclear” con EE. UU.

La primera ministra japonesa, Sanae Takaichi, ha fijado un límite político explícito frente a cualquier fórmula de reparto/intercambio nuclear al estilo OTAN con Estados Unidos. Según informó The Diplomat, en un artículo firmado por el periodista Takahashi Kosuke (ayer, 24 de febrero), Takaichi descartó la posibilidad de alojar armas nucleares estadounidenses en Japón en tiempos de paz y vincularlas operativamente a medios japoneses en una crisis. Con ello, Tokio refuerza su identidad no nuclear y reduce, al menos de momento, el riesgo de deriva hacia la proliferación, aunque el debate sobre disuasión y umbrales legales no desaparece.
De acuerdo con la crónica en The Diplomat de Kosuke, la intervención se produjo en un debate plenario en la Cámara de Representantes, tras el discurso de política general del Gobierno. Allí, Takaichi precisó qué entiende por “intercambio nuclear”: un marco en el que armas nucleares estadounidenses se estacionan en territorio japonés en tiempo de paz y, “en caso de contingencia”, se integran en aviones de combate japoneses para sostener una “posición operativa”. Bajo esa definición, su negativa fue directa: “Si el reparto nuclear en cuestión se refiere a un marco de ese tipo”, dijo, “no puedo aceptarlo”.
Continuidad política: los tres principios no nucleares como línea de base
El punto central del mensaje de la primera ministra —siempre siguiendo el relato de Takahashi Kosuke— es que Takaichi reafirmó los Tres Principios No Nucleares de Japón: no poseer, no producir y no permitir la introducción de armas nucleares. No es sólo una declaración simbólica aislada, ya que esos principios han convivido históricamente con la dependencia japonesa de la disuasión ampliada estadounidense, un equilibrio que se vuelve más delicado cuanto más se intensifica el entorno regional.
En ese marco, Takaichi subrayó también su valoración del Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP) y, ante informaciones previas sobre presuntas posiciones pro-nucleares en su entorno, evitó entrar en “informes específicos”, pero sostuvo —según Kosuke— que no ha recibido propuestas que aboguen por el armamento nuclear desde dentro del Ejecutivo.
Respecto al Tratado sobre la Prohibición de las Armas Nucleares (TPNW), su posición, tal como se describe, fue prudente y condicionada: cualquier decisión debería tomarse tras evaluar el entorno internacional, ponderando seguridad nacional y eficacia práctica del desarme.
Por qué el debate reaparece: Corea del Norte, China y la credibilidad de la disuasión
El trasfondo que enmarca la “línea roja” de Takaichi es el mismo que subraya la presión combinada del avance nuclear y misilístico de Corea del Norte y la rápida expansión militar de China, junto con su actividad en el entorno marítimo y aéreo de Japón. Esa mezcla alimenta una discusión recurrente en Tokio, que es cuán creíble y suficiente es la disuasión ampliada de EE. UU. y qué herramientas —convencionales, industriales y doctrinales— deben reforzarse para sostenerla.
En ese sentido, el artículo sitúa la declaración de Takaichi en plena revisión de los 3 documentos de seguridad publicados en diciembre de 2022: la Estrategia de Seguridad Nacional, la Estrategia de Defensa Nacional y el Programa de Desarrollo de la Defensa. La idea que proyecta el Gobierno, según Kosuke, es avanzar mediante “deliberaciones concretas y realistas”, sin anticipar conclusiones, pero con un objetivo práctico claro: reforzar capacidades convencionales y ajustar instrumentos para sostenerlas.

El debate nuclear nipón es recurrente, y pese al férreo marco normativo del país, se retoma cada vez con más insistencia
“Doble carril”: más defensa convencional y más industria, sin nuclearización compartida
El texto de The Diplomat describe la orientación como una política de doble vía. Por un lado, endurecer el músculo convencional y la cooperación industrial; por otro, blindar el rechazo a la posesión o la operación conjunta de armas nucleares.
Un elemento concreto de esa agenda, es la intención de revisar directrices operativas ligadas a los Tres Principios sobre la Transferencia de Equipos y Tecnología de Defensa, con el propósito de flexibilizar exportaciones y permitir transferencias de armas letales. Más allá de los detalles técnicos, el mensaje político sería nítido: Japón busca más margen industrial y operativo dentro de la arquitectura de defensa, sin cruzar el umbral del “nuclear sharing”.
Un debate con antecedentes y con una rendija legal teórica
La postura de Takaichi se peude enmarcar, por tanto, en una línea de continuidad. Recuerda, por ejemplo, que en marzo de 2022 el entonces primer ministro Fumio Kishida rechazó el despliegue y operación conjunta de armas nucleares estadounidenses en Japón por ser incompatible con el principio de “no permitir la introducción”.
Pero el texto también rescata un matiz que explica por qué el asunto nunca muere del todo: la discusión constitucional. Kishida señaló en su momento que armas nucleares, si se limitaran estrictamente al “nivel mínimo necesario” para la legítima defensa, no estarían necesariamente prohibidas por la interpretación del Artículo 9. Esa afirmación abre una vía teórica; sin embargo, como viene a sintetizar The Diplomat, en la práctica pesan más las restricciones políticas, normativas y diplomáticas.
Qué deja la declaración de Takaichi
En términos operativos, la intervención no altera la dependencia de Japón del paraguas estadounidense; pero sí delimita qué tipo de integración nuclear es políticamente aceptable. Resumidamente, podríamos establecer que la mandataria nipona establece 2 senderos claros por los que discurrirá la política defensiva e industrial japonesa en los próximos años de su gobierno:
Por un lado, sí a reforzar defensa mediante capacidad convencional, revisión doctrinal e impulso industrial. Por otro, no al estacionamiento en tiempo de paz y a la integración operativa de armas nucleares estadounidenses en territorio japonés bajo un esquema tipo OTAN.
Dicho de otro modo: el Gobierno de Takaichi cierra la puerta a la proliferación “por la vía del reparto”, al menos por ahora, sin clausurar el debate sobre disuasión, umbrales legales y credibilidad aliada que, en un entorno regional cada vez más tenso, reaparece cíclicamente.
Redacción
defensayseguridad.es

