Japón-Australia. De la necesidad, virtud

Japón y Australia: un eje emergente en la defensa submarina del Indo-Pacífico

Las fragatas Mogami son un ejemplo valiosísimo de la estrecha relación que se está fraguando entre Japón y Australia

Recomendamos muy encarecidamente el artículo publicado por ASPI, “Japan’s new leader could provide Australia’s submarine lifeline”, de hoy mismo, 3 de octubre, por cuanto aporta no pocas pistas de por dónde pueden ir los próximos pasos de las relaciones que se están construyendo entre las potencias, llamemos «occidentales», del Pacífico, y de las interdependencias tecnológicas e industriales que se están fraguando, toda vez que la toma de conciencia del problema al que se enfrentan (China) ha crecido hasta el nivel de fin en sí mismo.

La evolución del entorno estratégico en el Indo-Pacífico exige respuestas realistas, eficaces y sostenibles, sobre todo en el plano naval. En este sentido, una conclusión emerge con creciente claridad: la cooperación entre Japón y Australia puede convertirse en una de las columnas más firmes de la arquitectura disuasoria regional, especialmente en materia de capacidades submarinas.

A medida que surgen dudas operativas e industriales, no sólo no despejadas, sino acentuadas, sobre el Pilar Uno del pacto AUKUS -centrado en la adquisición de submarinos de propulsión nuclear para la Marina australiana-, distintas voces plantean la necesidad de explorar alternativas complementarias que garanticen capacidad operativa en tiempo útil. En este sentido, la posibilidad para Australia de desarrollar conjuntamente un nuevo submarino convencional de largo alcance con Japón gana peso como opción creíble, eficaz y alineada con los intereses de los socios regionales, que son, a fin de cuentas, los que se desempeñan de manera natural en aquellos predios, tan alejados de Occidente.

Japón aporta solidez tecnológica, madurez industrial y una tradición consolidada en guerra antisubmarina, con décadas de desarrollo nacional y operaciones en entornos complejos. La reciente decisión de Canberra de adquirir fragatas a Mitsubishi Heavy Industries (clase Mogami, tratada por nosotros aquí hace escasas semanas) refuerza esta compatibilidad, evidenciando una confianza mutua ya contrastada. En el plano político, además, la posible elección de Takaichi Sanae, del Partido Liberal, como primera ministra del país podría abrir un nuevo capítulo, más asertivo, más decidido, en la política de defensa japonesa. Su posición favorable a revisar la constitución pacifista nipona, junto a su compromiso con el refuerzo del papel internacional de Japón, la sitúan como figura clave para consolidar esta alianza.

Por el contrario, el modelo de cooperación actualmente previsto con Reino Unido genera crecientes dudas desde casi el nacimiento de la asociación AUKUS. Varios informes han señalado en ese sentido la escasa productividad británica en la ejecución de programas navales complejos, con serias implicaciones para los calendarios de entrega de los futuros SSN-AUKUS. A ello se suma una dependencia logística estructuralmente vulnerable: en caso de conflicto, las líneas de suministro desde los astilleros británicos a Australia se extenderían más de 19.000 kilómetros, con todo lo que ello supone en términos de riesgo, plazos y resiliencia.

Tal como advierte el contralmirante (r) Peter Briggs, en su intervención ante el parlamento australiano, construir la futura flota submarina australiana sobre una base exclusivamente anglosajona no garantiza independencia operativa ni sostenibilidad geoestratégica. En cambio, sumarse a una línea de producción ya madura, probada y próxima como la japonesa permitiría acelerar capacidades sin renunciar a la interoperabilidad con Estados Unidos, principio vertebrador de AUKUS.

En definitiva, que el momento geopolítico regional -marcado por la creciente presión china en el Mar de China Meridional, las incursiones sobre ZEE aliadas y las maniobras cerca de costas australianas- reclama acciones concretas, tanto diplomáticas como industriales. La cooperación naval Japón-Australia no sólo reforzaría la disuasión efectiva, sino que respondería a la necesidad urgente de contar con capacidades submarinas viables antes del final de la década.

Japón puede ofrecer mucho más a Australia, y viceversa, que lo que los socios europeos y norteamericano pueden aportar, a pesar de la ventaja competitiva de lo submarinos nucleares Virginia, que no se pone en duda.

 

Estados Unidos ha manifestado abiertamente su deseo de ver a sus aliados asumiendo mayores responsabilidades regionales, pero, para ello, muy probablemente esos aliados regionales deban mirarse unos a otros, y otorgar a sus relaciones mayor peso que las establecidas con los socios atlánticos, como Gran Bretaña, y también del Pacífico, como los EE.UU., donde las dudas sobre la transferencia de submarinos clase Virginia a la Marina australiana no han dejado de acrecentarse.

Si AUKUS aspira a mantenerse como pilar de estabilidad en el Indo-Pacífico, necesita flexibilidad y libertad de maniobra, sobre todo para Australia. Y en ese marco, un eje Tokio–Canberra podría ser no una desviación, sino la extensión lógica y necesaria de su ambición estratégica con acento local y perspectiva propia.

 

Redacción

defensayseguridad.es

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