El caza europeo quiso volar muy alto y terminó atrapado por sus propios socios

David Cardero Ozarín
“Crónica de una muerte anunciada”: este debería ser el epitafio perfecto para el FCAS, el proyecto más ambicioso de la industria de la defensa europea y el ejemplo perfecto de cómo las agendas nacionales y los intereses empresariales siguen minando proyectos intracomunitarios de calado.

Han pasado demasiados años desde la presentación, y el proyecto languidece
Una odisea empresarial y tecnológica que prometía llevar la cooperación europea a nuevas cotas (literalmente) con el diseño, producción y desarrollo del caza de combate franco-alemán de nueva generación. Y que, como la malaventurada travesía de Ulises, enseguida tuvo que enfrentarse a problemas graves: las irreconciliables necesidades operativas de la futura aeronave (Francia ponía como conditio sine qua non capacidad embarcada y capacidad de vector nuclear) viejas rencillas por las exportaciones del Rafale y su primo europeo Eurofighter que evitaron compartir patentes y tecnologías entre Dassault y Airbus, el tira y afloja interminable entre París y Berlín con Madrid como espectador incómodo de la refriega…como dice el refrán castellano, “Entre todos lo mataron, y el solito se murió”.
El 22 de abril de 2026, Eric Trappier, CEO de Dassault Systèmes, Laurent Collet-Billon, exdirector general de la Dirección General de Armamento (DGA) francesa, y Franck Haun, exdirector general del gigante de armamento teutón KNDS, en representación de Alemania, intentaban un último intento desesperado para desbloquear posiciones. Pero nunca se pudo (y tampoco se quiso) reconciliar las “3 almas” del avión: el proyecto inicial francés, la visión alemana y las aspiraciones españolas. El fracaso del FCAS representa un gran golpe para las aspiraciones de la defensa europea y los ideales de una auténtica idea de autonomía tecnológica e industrial para el viejo continente. Con los últimos estertores del programa franco-alemán, las únicas esperanzas para el caza de nueva generación europeo radican en el éxito del programa italo-anglo-japonés del GCAP (Global Combat Air Programme) y en las aspiraciones de Turquía con el KAAN.
Y mientras tanto, los socios del FCAS se lamen las heridas como pueden: Francia cree poder proseguir por sí misma con el proyecto de caza de nueva generación, Alemania mira con deseo el GCAP aun sabiendo que a estas alturas de desarrollo su rol sería de “invitado preferente” y no de “decisor clave”, y España abre nuevas vías de cooperación con Turquía a través del programa Hurjet…pero nada puede evitar la gran catástrofe del caza europeo, el gran “quiero y no puedo” de la industria de defensa europea. El sueño de Ícaro, que fracasó, no por volar demasiado cerca del sol, sino por las pesadas cadenas de intereses nacionales y egoísmo empresarial, que nunca dejaron que alzase de verdad el vuelo.

David Cardero Ozarín
defensayseguridad.es

